La represión, un peligro para todos
Malas cuentas de Fox
Por: Magdalena Galindo
Por más que desde que el Tribunal Electoral desechó, con los más triviales pretextos, las denuncias presentadas por la coalición Por el Bien de Todos, ya se sabía cuál iba a ser su fallo, no deja de escandalizar —y también indignar— que finalmente haya convalidado el fraude electoral. La decisión sólo comprueba que el gobierno panista de Fox ha devastado las instituciones a fuerza de servirse de ellas para conseguir imponer sus intereses por encima de la ley y la voluntad popular.
No hay ninguna justificación, esto es, razón en justicia, para que el Tribunal Electoral se haya negado a ordenar un nuevo recuento, cuando más de la mitad de las casillas electorales presentaban serias irregularidades. Lo que sí había, era la certeza de que un nuevo recuento mostraría que, a pesar de todas las violaciones a la ley cometidas por el presidente Fox, por los empresarios, y por la violenta campaña del candidato de la derecha, el triunfo fue de López Obrador. Por eso los panistas se negaron, precisamente a través de las instituciones, a realizar el recuento que demandaban los ciudadanos.
Ahora, el peligro para la sociedad toda, no sólo para los simpatizantes de López Obrador, es que los panistas decidan utilizar otra institución, el Ejército mexicano, para afianzarse en el poder, por medio de la represión que intente acallar las voces de protesta. El problema es que el descontento no está presente en unos cuantos miles, sino en millones de ciudadanos, y nadie, ni siquiera López Obrador, puede controlar la respuesta a una acción represiva. El momento es sumamente delicado, como para reducirlo al pleito por unas calles o para encender un fuego.
Si en lo político los resultados de la administración foxista no podían ser peores, en lo económico el balance también muestra un desastre. Para sólo mencionar los aspectos más notorios hay que decir que el crecimiento ha sido tan magro, que estuvo por abajo del crecimiento de la población, de modo que puede afirmarse que hay un retroceso. Además, porque mientras la deuda externa disminuyó en una pequeña magnitud, la deuda interna en cambio creció en enormes proporciones. Por otro lado, se ha buscado por todos los medios desestabilizar a Pemex y a la Comisión Federal de Electricidad, a fin de conseguir la entrada de la iniciativa privada, fundamentalmente extranjera, al sector energético.
En cuanto a lo social, el crecimiento mediocre ha conducido al desempleo, que en el sexenio aumentó en 125 por ciento, y a la consiguiente emigración de millones de mexicanos hacia Estados Unidos.
Esas son las verdaderas y malas cuentas del sexenio de Vicente Fox.
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