domingo, agosto 27, 2006

Tus adversarios te censuran
Vas por el camino correcto, Andrés Manuel

Por: Miguel Angel Ferrer


Dos de las primeras señales públicas de que Mijaíl Gorbachov conducía a la hoy
extinta Unión Soviética hacia la restauración capitalista eran los aplausos y
elogios que a la perestroika y a la glasnost prodigaban Ronald Reagan y Margaret
Thatcher, feroces enemigos del socialismo. Los elogios del adversario, fenómeno
repetido de modo infinito a lo largo de la historia, constituye una clara
lección de política: si tu enemigo te aplaude, ten cuidado, porque vas por el
rumbo equivocado. Y a la inversa: si tu adversario te censura, puedes estar
seguro de que vas por el camino correcto.
Esta añeja enseñanza política puede
aplicarse perfectamente al caso del movimiento de resistencia social pacífica
que encabeza López Obrador contra el golpe de Estado foxista-calderonista en
marcha. Porque ocurre que los más conspicuos representantes de la derecha en los
medios de comunicación no cejan de criticar de manara feroz ese amplio y
profundo movimiento antigolpista. ¿No es esta actitud una señal clara de que
López Obrador está dando en el clavo?
Esos voceros de la derecha en los
medios y sus mandantes preferirían sin duda una resistencia puramente verbal,
declarativa, “moderada”, “civilizada”, sin plantones incómodos, sin asambleas
semanales multitudinarias, sin denuncias internacionales del golpe de Estado.
Una resistencia, digamos, nice, bonita. Una resistencia de mucho ruido y pocas
nueces. Una resistencia que, en realidad, no fuera resistencia.
Si este fuera
el caso, si López Obrador encabezara una resistencia de dientes para afuera, no
tardaríamos en ver y escuchar en los medios de comunicación grandes y sentidos
elogios para el tabasqueño. “López Obrador —dirían, seguro— es un opositor
sensato, responsable, leal, patriota, confiable, un auténtico demócrata”. Algo
así como un perredista por fuera y un pripanista por dentro. Un izquierdista en
apariencia y un derechista en esencia.
Pero para disgusto de los promotores
del golpe de Estado en marcha, López Obrador no ha prestado oídos al canto de
las sirenas. No se ha dejado engatusar. No ha hecho caso a los exhortos de sus
enemigos. Y, consecuentemente, mira fortalecerse, al paso de los días y de las
semanas el movimiento de resistencia contra los golpistas.
Ante la negativa
de López Obrador y sus millones de seguidores a comportarse como quieren sus
enemigos, a los pinochetistas mexicanos no parece quedarles más alternativa que
la represión policiaca, judicial, carcelaria y, fundamentalmente, militar del
movimiento de resistencia. Combatirlo, pues, a sangre y fuego.
Desalojar
militarmente el plantón Zócalo-Reforma no parece tarea demasiado difícil. Pero
eso no garantiza terminar con la resistencia al golpe. La represión, en
consecuencia, deberá ser generalizada, es decir, de carácter nacional y, sobre
todo, permanente. Y esto en buen romance se llama dictadura. Y, por más señas,
dictadura militar.


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