domingo, agosto 27, 2006

No lo es López Obrador
Los locos y mitómanos son otros

Por: Raúl Rodríguez Cortés



No se han cansado los detractores de Andrés Manuel López Obrador de calificarlo de fanático, ambicioso, mesiánico, iluminado y violento. La secretaria de Desarrollo Social, Ana Teresa Aranda, por ejemplo, en entrevista con Siempre! realizada por Irma Ortiz, sintetiza su animadversión al asegurar que López Obrador quiere empujar a México hacia el precipicio al promover la confrontación entre ricos y pobres.
Estamos, me parece, ante argumentos falsos.
Primero porque son resultado de la actitud que se critica: la del fanático —renuente a pensar para ratificar esa condición— que llama locura a la realidad que no entiende y loco al que le recuerda que ha vivido en el error.
Y segundo, porque la división social que hoy nos confronta y huele a violencia, es producto de las insuficiencias económicas de un modelo concentrador de la riqueza que no dio los resultados prometidos.
López Obrador no inventó ni promovió nuestra condición de país brutalmente desigual y socialmente cuarteado. Acaso la vislumbró y planteó como advertencia directa y urgente a quienes han detentado el poder político y económico. De ahí el lema de su campaña: Por el bien de todos, primero los pobres. De ahí su convocatoria a hacer lo necesario para atemperar la desigualdad y detener el cáncer de la pobreza.
Sólo por eso se volvió indeseable para quienes están empeñados en mantener el statu quo. Atreverse a sugerir que hay que cambiar para evitar el estallido lo convirtió en ambicioso del poder, mesiánico, violento y loco, en un peligro para México.
La división social del país, oculta por largos períodos históricos en los sótanos nacionales, emergió brutalmente con el encono de esta campaña electoral. Atribuirla a la supuesta locura destructiva de un hombre y a lo que algunos consideran el populista discurso de la lucha de clases, no sólo es una lamentable reducción al interpretar la realidad social, es también un reflejo de la manía que la derecha tiene de mentirse a sí misma. Esa negación de la realidad nos la vende como patriótica defensa de la democracia y respeto irrestricto a la ley, sólo para justificar su rechazo a emprender el arreglo político que necesita el país porque sería mucho lo que tendría que ceder.
Pero en estos días intensos de nuestro desacuerdo social, el único que parece hacer política, en el mejor sentido del término, es López Obrador. Acaso por eso lo tilden de loco y adviertan furiosos que ha perdido la razón. En contraste, el atributo de la cordura, encarnado, por supuesto, en Vicente Fox, Felipe Calderón y la continuidad, apenas atina aconsejarles que sigan guarecidos en su mitomanía y la parálisis.
rrodriguezbalcon@hotmail.com

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