miércoles, diciembre 22, 2010


Salinas de Gortari y la Demagogia Desesperada

Nuevo evangelio electorero de un viejo gerente del TLC y del neoliberalismo en México
El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía.” Marx

Por: Fernando Buen Abad Domínguez

El gran negocio de la desmemoria.

“¿Para qué pelear por el pasado?” se pregunta uno de los administradores de la oligarquía. CNN exhibe a Salinas de Gortari como intelectual crítico, incluso, crítico de los intelectuales críticos. Habla de la “batalla de las ideas”, porque es justamente lo que más le falta hoy a “la clase política”, para explicar su servilismo ante la ofensiva capitalista que abruma al pueblo mexicano. La desvergüenza televisada prepara sus fauces rumbo al 2012. Detrás de esta acometida “libresca” está la táctica del peor priismo para encaramar en la presidencia del país a un pelele más de TELEVISA. Sueña, quizá Salinas, con que su libro se convierta en el nuevo evangelio de la vieja corrupción del PRI. Acaso piense que su libro devolverá restos morales a las filas del PRI que se caen a narco pedazos por todas partes.

Dice Salinas que la intelectualidad en México está empobrecida: “el país parece estar empobrecido intelectualmente”[1], y quizá derrame una lágrima -nostálgica- por no contar con Octavio Paz para que le escriba los guiones y le legitime las maravillas de la “Economía de Mercado”. Como otrora. Pero le queda Vargas Llosa… perdón, me olvidaba que fue Salinas quien lo expulsó de México cuando Paz lo trajo para el encuentro “La Experiencia de la Libertad” en 1990[2]. Alma mater filosófica del TLC. Por cierto, ¿Pensará que México está “empobrecido intelectualmente” por todos los militantes, de pensamiento avanzado, que fueron asesinados durante su mandato? ¿O se olvida, por ejemplo, del pensamiento del EZLN, de Adolfo Sánchez Vázquez… de los trabajadores obreros y campesinos, de los estudiantes y de todos aquellos devastados por su muy inteligente idea servil de entregar al país al TLC? Salinas de Gortari y sus cómplices sienten que se quedan afuera de las ideas revolucionarias que recorren al mundo y tratan de inventar las suyas para sembrar confusión y dilatar los cambios… típico reformismo.

Salinas sueña con manipular eternamente al PRI y, al mismo tiempo, manipular al PAN y al PRD, que en ciertas capas dirigentes son lo mismo. El plan es tomar las riendas del poder para tranquilizar a una burguesía que mira cómo, la idiotez de sus gerentes, no tiene límites, mientras se desmorona la pachanga de saqueo y explotación que tanto han disfrutado en complicidad TLC con los yanquis. Tenemos 600 perredistas muertos en el sexenio de Salinas de Gortari. Aunque CNN y algunos otros periodistas, serviles también, pongan su voto para lavarle la cara a un personaje siniestro, México tiene dignidad y tiene Historia Revolucionaria. No van a silenciarla con saliva de criminales ni de periodistas cómplices. Salinas de Gortari, en lugar de un sillón preferencial para exhibirse como filósofo del reformismoreloaded, debiera estar sentado ante un tribunal popular que lo obligara a rendir cuentas, y a pagarlas, por la traición descomunal que sus políticas entreguistas ha significado y costado a muchas generaciones de mexicanos. Ya lo lograremos.

Invocar un santoral de filósofos no conjura las monstruosidades de la ideología dominante.

El cinismo de los mercenarios no conoce límite. Ante las no menos serviles cámaras de CNN y el “Tea Party” Mediático del Consenso de Miami (meca idílica de los golpistas y los reformistas), Salinas de Gortari recitó, con sonrisa de suficiencia filosófica, los nombres de todos los pensadores que ha manoseado para tapiar las zonas más turbias de su desfachatez ideológica. Quiere convencernos de que su mucho saber es la clave de los nuevos postulados reconciliadores, deslizados mañosamente detrás de la idea eufemística de “ciudadanización” de la política. Viejo truco del reformismo más rancio: “Democracia republicana, ni Estado ni mercado: Una alternativa ciudadana', donde propone la participación de todos para enfrentar la adversa realidad…”[3]. Ya que en México nadie cree en los partidos burgueses orfebres de las peores desgracias nacionales, le llama “ciudadanía” al plan oligarca de acumular los votos que se pueda para consagran nuevos fraudes. El libro que presentará será un horóscopo ideológico de bolsillo con las nuevas ideas de la vieja clase dominante.

Se equivoca Salinas, una vez más. México tiene una fortaleza intelectual más vigorosa que nunca. Hoy no nos engañan como lo hicieron siempre. Hoy el pueblo mexicano aprendió a desconfiar de la palabrería burguesa de sus empresarios y de sus políticos serviles. Eso es un avance magnífico. México cuenta con experiencia, dolores y claridad enorme y logró manifestar sus más hondas aspiraciones revolucionarias antes del golpe de estado electorero que prohijó Calderón con la ayuda sospechosa de correligionarios de priistas como Salinas. Igualito que contra Cuauhtémoc Cárdenas. Nos falta organización y dirección Revolucionaria, pero eso no implica estar ciegos o inhabilitados para refutar, polemizar y combatir las falacias y artimañas que Salinas exhibe en su nuevo-viejo púlpito bibliográfico.

El poder político burgués es, cínicamente, el poder organizado de una clase opresora, y sale en la tele. Y más aún, existe un continente completo, existe un mundo convulsionado y en Rebelión ante las consecuencias inmundas, de hambre, miseria y muerte, que ha dejado el neoliberalismo que tanto ama y quiere profundizar el gerente Carlos Salinas de Gortari y sus jefes yanquis. Se equivoca como siempre, aunque confíe en la represión, en la persecución y en el silenciamiento de la crítica que él hoy critica. No se nos olvida su intervención contra el diario Uno Más Uno, no se nos olvidan los militantes asesinados, no se nos olvida el desastre económico en que dejó a México y no se nos olvida el FOBAPROA coronado por sus súbditos.

No olvidamos que ocupó la presidencia de México del 1 de diciembre de 1988 al 30 de noviembre de 1994, bajo fuertes acusaciones de fraude electoral. No olvidamos la privatización masiva de empresas estatales incluida la banca. No olvidamos la entrega de Telmex a su prestanombres Slim. No olvidamos su servidumbre al Vaticano y su traición a los principios de Juárez y Zapata. No olvidamos su ofensiva contra el movimiento obrero ni el atentado a muerte contra los ejidos campesinos de todo el país. No olvidamos su silencio, ni las maniobras para enturbiar las investigaciones, por el asesinato de Luis Donaldo Colosio. No olvidamos sus paseos en “la Ferrari” lujosa al lado de Carlos Saúl Menem en Argentina. No olvidamos su frivolidad política, sus torneos de dominó ni la visión obscena de la vida empeñada en convertirlo todo en mercancía.

Ni escribiendo millones de libros, Salinas logrará esconder las canalladas ni las muertes por las que debe explicaciones a raudales. Pidámosle al pueblo de México que elabore la lista sin las amenazas típicas de los guardianes de Salinas. La moda de escribir libros, como parapetos culteranos para esconder canalladas, cunde en todo el mundo de la mano de editoriales serviles que hacen negocios buitres. La biblioteca de Alejandría parecería pequeña al lado de las muy cuantiosas obras bibliográficas pergeñadas por delincuentes de todo tipo. Así que no nos asusta este fetiche “nuevo” ni nos disuade de debatirlo en cuanto foro sea preciso, pese incluso a que Salinas sea experto en eludir debates y más experto en soltar ráfagas de calumnias (y amenazas) ayudado por sus amigos “periodistas” de los medios que le insuflan bravuconadas contra quienes lo llaman a dar explicaciones y a debatir públicamente.

México es una fuerza revolucionaria inmensa y permanente ratificada el 20 de noviembre de 1910. Suele ser definida como la primera Revolución contemporánea en América Latina. Impulsada por la insurrección de los ejércitos indígenas y campesinos, más la adhesión de fracciones políticas, opuestas al enésimo fraude electoral cometido por el dictador Porfirio Díaz. Este es un proceso revolucionario que sigue vivo a pesar de todas las andanadas que, en su contra, se han desplegado durante 100 años. Esta Revolución fija un acontecimiento nuevo para México, y para la historia de las luchas de los explotados y oprimidos. Es un triunfo que, con sus limitaciones y sus tareas pendientes, expresa el malestar de clase de los desposeídos y vislumbra un mundo donde imperan las reivindicaciones mejores para la humanidad toda. No lo silenciarán ni mil CNN calumniando en simultáneo, ni mil TELEVISAS matrimoniando vedetes con funcionarios, ni miles de libros de miles de Carlos Salinas con imitadores sucedáneos o feligreses juntos. Lo veremos en 2012, por ejemplo.

En un país que tiene memoria histórica, de resistencia y lucha muy profundas, no se olvidan los asesinatos cometidos contra el EZLN, ni contra los luchadores de los movimientos sociales. No se olvida la red mafiosa de la familia Gortari, ni de sus cómplices, no se olvida el fraude ni se olvida el periodo criminal en que se hizo llamar “presidente”. No se nos olvida todo lo que, aun hoy, padecemos por el TLC y que sus seguidores han recogido como posta obligada para mantenerse en el poder. No se nos olvida una sola de las tropelías ocasionadas por los gerentes del capitalismo. Aunque Salinas no quiera discutir sobre el “pasado”, ese “pasado” está vivito y coleando en nuestro presente y futuro revolucionario… y permanente. La lucha de clases se agudiza.

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(*) Dr.
Universidad de la Filosofía












La decadencia priánica
Luis Linares Zapata


La depredación en los ingresos de la mayoría de los mexicanos ha sido más que severa. Año con año, desde hace ya alrededor de 30, los trabajadores del país han perdido calidad en sus niveles de vida acostumbrados. Clases medias y demás pobladores de los estratos económicos inferiores de la sociedad han sufrido las consecuencias de la severa y prolongada época económica, política, social y cultural decadente, capitaneada por el ensamblado dúo de los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN). La sociedad no ha conseguido detener –ellos, sus representantes y organizaciones de defensa– la vertical caída en sus niveles de bienestar, menos aún renovar, con fundamento, sus aspiraciones de progreso. Tampoco les ha sido otorgada, desde el poder establecido, tregua alguna en sus luchas por sobreponerse a los muchos avatares que los aquejan. Promesas han ido y venido frente a sus desconcertadas miradas sin que puedan otear, con un mínimo de certezas inherentes, mejores días para sus oportunidades de desarrollo.

Tres administraciones priístas y dos panistas han ejecutado sus mejores malabares discursivos frente al electorado que los eligió, al menos según la distorsionada versión oficial de la legalidad en las urnas. Durante este ingrato y hasta cruento periodo se invirtió, en forma drástica, el lento pero consistente reparto anterior de la riqueza producida. Los rumbos derivados del modelo de gobierno adoptados por el oficialismo han terminado, de manera consistente, por contrariar los intereses populares. El deterioro en la apropiación de una tajada del ingreso que fuera justo para las masas ha sido, desde la llegada de los neoliberales al poder, no sólo continuo, sino degradado por el rampante cinismo con que encubren los de arriba. El desencanto hoy es, qué duda cabe, mayúsculo y creciente entre las densas, angustiadas capas poblacionales afectadas por tan maligno tratamiento. Es por ello que sorprende, ante la creciente alarma que cunde entre los mexicanos, el sesgo, consciente o inducido desde el poder, sobre las causales que han llevado al presente estado negativo del ánimo colectivo. En medio de todo ello nadie parece hacerse cargo de tan trepidante realidad: una en la que unos cuantos se posesionan de inmensa cantidad de los bienes producidos por la sociedad en su conjunto. Parece que el juego ensayado trata, a toda costa, de esquivar la inevitable responsabilidad.

¿Quiénes son los verdaderos culpables de la decadencia que padece la nación? Esta pregunta es pertinente hacerla una y otra vez, porque, al parecer, el epicentro de la respuesta, ya trasmutada en un sinfín de tragedias cotidianas, se ha ido desvaneciendo, forzadamente, con el paso del tiempo. Peor aún, tal núcleo de responsabilidades se pretende fijar sobre los transgresores a la ley o, también, asentarlo entre aquellos que tratan de modificar los rituales perversos y las fórmulas establecidas para la explotación. Es por ello que se requiere aclarar, de nueva cuenta y de manera explícita, tanto los orígenes como los autores de la serie, al parecer inacabable, de crisis que se han cebado, en franca cascada, sobre los mexicanos de a pie. Sin temor o falsos pruritos hay que apuntar hacia aquellos que han salido beneficiados en exceso en el reparto de la riqueza producida. Una elite variopinta, pero cada vez más compacta y rodeada de privilegios, que ha ido ordenando, sin tregua ni descanso, la puesta en marcha de una serie de reformas, llamadas estructurales, que fuerzan la transferencia del reparto (PIB) desde los más hacia los menos. Hombres y mujeres situados en los elevadísimos estratos de ingresos que, de repente y con desparpajo inusitado, hasta se sienten víctimas propiciatorias de la violencia desatada y huyen del país. Un fenómeno delirante, incomprensible desde la visión de los realmente afectados, que se ha despeñado desde las cúspides del poder y atenaza a los desamparados de siempre.

Los siguientes datos son ejemplares: en 1980 el reparto del total del ingreso (PIB) entre el capital y el trabajo era de 60 por ciento al primero y 40 por ciento al segundo. En 2008, el reparto de la riqueza apuntó una ganancia neta, desproporcionada desde cualquier punto de vista humano, en favor del capital. En estos aciagos días de modernidad y congojas, apenas 30 por ciento se le asigna al trabajo y el resto, una enorme tajada que llega hasta 70 por ciento, se la apropia el capital. Es decir, el capital se embolsó 10 por ciento adicional del PIB sólo en ese año de quiebres. Eso equivale a 1.3 billones de pesos contantes y sonantes transferidos desde los trabajadores hacia el capital. Los dos restantes años (hasta 2010) sin duda la cantidad en fuga fue todavía mayor. Una riqueza que ha migrado, forzadamente, de las callosas, resecas y desprovistas manos de la colectividad, hacia las privilegiadas, sedosas, bien labradas y aceitadas manos de unos cuantos miles de mexicanos situados en la cúspide de la pirámide de ingresos.

Desde esta perspectiva se entienden mejor las conclusiones a que llega el estudio de la OIT recién publicado. En él, dicha organización descubre la pérdida de valor experimentada por los salarios medios en casi todo el planeta con sus conocidas excepciones (Argentina, Brasil, China). México, en lo particular, es un caso extremo por los impactos negativos que los salarios medios han sufrido: cayeron 5 por ciento en 2009. Aquí el salario mínimo también es de los más bajos, incluso menor que el de Haití. De esta dura y hasta perversa situación se pueden adjudicar y repartir responsabilidades sin temor a ser injustos o aventurados. Los ejemplos de abusos con los haberes públicos y con la riqueza producida son muchos, distinguibles a simple vista. Sólo falta un cacho de rabia para identificar y hasta castigar, con votos o falta de respeto, a esos que se dicen salvadores de la patria.

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