Enrique Krauze Kleinbort no se agota en su deseo de embaucar, de abusar de su tribuna pública cual púlpito propiciatorio, de falsear la realidad y cínicamente exaltar un orgullo de supuesto historiador objetivo. No hay que cansarse tampoco en la tarea de exhibir su debilidad cuantas veces sea necesario. El cinismo y la hipocresía son de tal envergadura (coronada en 2010 con el Premio Nacional de Ciencias y Artes), que alguien habrá de subrayarlo. Para que en un país donde impera la impunidad, no sea la intelectual, en su pluma, una de las variantes más obscenas.
Krauze ha firmado en noviembre pasado un fruto más de su cinismo colosal: "Nueva cavilación sobre la paz". Toma como punto referencial el texto "Cavilación sobre la paz" (1970) de Daniel Cosío Villegas. Y por supuesto, como es común en el fundador de Letras Libres, se apropia de la reflexión y hace una segunda, una "Nueva" cavilación. Y no es que sea novedoso el escrito de 1970 desde el punto de vista crítico. Ya hacia 1947, sino es que desde antes, Cosío se había convertido en un serio cuestionador del sistema. La cavilación de Cosío Villegas versa sobre la imposibilidad de los liberales juaristas por alcanzar la paz en sincronía con la restauración de la república; las condiciones de miseria en el país son la causa de fondo en una superficie donde los ambiciosos de poder no logran acuerdos sustanciales y antes bien se combaten entre sí al grado de acabar con un régimen legítimo como el de Lerdo de Tejada en 1876. Pero es obvio que su interés va más allá del análisis histórico y con la evocación crítica establecía un puente entre las contradictorias pero semejantes realidades separadas por un siglo de distancia. La de Krauze discurre sobre la época presente, exhibiendo en ella, además, su extrañeza al considerar desfasado el interés de Cosío Villegas porque "A pesar del movimiento estudiantil, la paz no era un tema vigente. El país llevaba al menos tres décadas de ser una isla de tranquilidad en un mundo de guerra.".
Es necesario refrescarle la memoria a Krauze (aunque no es en realidad una nevera sino un bisturí de lo que se necesita, de un procedimiento quirúrgico, ese de hendir con precisión los meandros que ocultan la información que no desea dar a conocer o reconocer), y decirle que la preocupación del maestro es justificada, pues contaba ya con más de dos décadas exponiendo la necesidad de un verdadero ajuste en el país; el deseo de coordinar finalmente el programa de la nación con la necesidad de su gente. Había ya exhibido al régimen priista, su negligencia, su fracaso y la corrupción que llevarían al país al despeñadero en que hoy se vive. Krauze, por el contrario, cínico -no puede llamársele optimista o ingenuo-, apologéticamente pondera el "cambio", la "transición democrática" representada por el PAN, Fox y FHC. No obstante, tímidamente, digamos, alcanza a garabatear una frase sobre la violencia: "vivimos perplejos ante un fenómeno que no esperábamos", y aun admite que ya "venía fraguándose". Ese fraguarse se corresponde precisamente con la intranquilidad de Cosío Villegas que además de señalar el fracaso del priismo, predecía el fatal desplome del panismo. Casi profeta, pero no: Objetivo, riguroso observador y severo crítico de la realidad, lo opuesto de Krauze, un pupilo bastante parcial y subjetivo. Para Cosío Villegas el fenómeno social e histórico no es producto de un "cataclismo inesperado" sino que encuentra sus "gérmenes" originarios en diversos procesos. Emplea la historia como abrevadero, como herramienta para advertir sobre los derroteros que se vislumbran de acuerdo al análisis de los programas, los datos y los hombres, como instrumento de planeación para un presente y un futuro mejores. Quiere encontrar el punto cardinal entre la acción del Estado y las necesidades prioritarias de la sociedad. Krauze, por el contrario, se sirve de ella para colmar los intereses ideológicos, políticos y acaso empresariales. Sólo así se explica su desempeño intelectual al momento de arrojar ataques en contra de quienes elige como adversarios.
(Nota quirúrgica: Cuestionado en 2007 sobre Cosío Villegas, una entrevista exhibe a un Krauze inusualmente trastabillante, inconexo, congestionado, vago. Comete al menos tres deslices que desde el psicoanálisis freudiano se clasifican o están muy cerca del acto o la función fallida: 1) El entrevistador interroga sobre la separación ideológica --es decir, asume que existe- entre el maestro y el pupilo; Krauze, como si no lo hubiese escuchado o lo olvidara, evade el punto; 2) Apostando al futuro y asesorado por su compatible Gabriel Zaid, le presume a Cosío Villegas la biografía que proyecta sobre él, recibiendo como desdeñosa respuesta tras la lectura de dos capítulos, que tal, acaso, no le interese a nadie --es fácil leer el sarcasmo de Cosío, ya que pocos meses antes, en 1976, había publicado su brillante libro de memorias; 3) Con motivo de su trabajo sobre los "caudillos culturales" en la revolución mexicana, y queriendo incluir a Cosío dentro de la generación de "Los siete sabios", indica Krauze: "(Don Daniel) ...me desssaa... (gulp... -trago de saliva-)..., eeeh, me aclaró cooonn, en su momento coonn, conn aaah, con toda precisión, que él había sido miembro de la generación de los siete sabios pero no era uno de ellos" --es nítido que "Don Daniel" lo ha des-autorizado).
Con todo y su objetiva aspiración puesta en la historia, se ha dado el tiempo de escribir ensayos políticos, pero al autor de "Por una democracia sin adjetivos" muy pronto lo ha desdicho la realidad del país: Sí se necesitan adjetivos: No basta el voto (menos el de un fraude electoral), es necesaria una Democracia Política, Económica y Social. Es a la que aspira Daniel Cosío Villegas. Es la que ahora, someramente, casi oculto, asoma Krauze como una urgencia. Apunta hoy que "urge retomar la ruta del crecimiento con vocación social". Sorpresa. ¿Desde cuándo nace esta vocación social en Krauze? ¿Reconoce ya a sus adversarios? ¿Admite al fin que se ha equivocado? No. Mera verborrea "intelectual". Tartufismo objetivo. No logra siquiera esbozar una crítica al régimen vigente cuando cualquier ciudadano mínimamente informado sabe que el panismo no es sino la culminación de ese fracasado priismo que le cedió el poder pero que sin embargo, desde la década de los ochenta, son ideológica y pragmáticamente compatibles. Ideología y pragmatismo del saqueo de la riqueza y el control político del país, agazapados en el discurso de la modernidad. ¿Por qué no comparte Krauze esta lectura? Porque de manera palpable, aunque ahora parezca lo contrario, ha abrazado y pugnado por la ideología salinista conocida como "neoliberalismo". El orgánico Krauze es el intelectual tartufo que junto a su camarilla --sobrepuesta la máscara del cinismo y vestidos ya con plumas de mal agüero- lanza nuevos ataques contra quienes se opongan a esa ideología de impunidad democrática acusándolos de peligrosos mesías e intolerantes (¡él!, ¡el primer intransigente!); cuando no son otros sino ellos los agoreros funestos. Lean si no la inclinación de sus palabras cuando expone el deseo de recobrar la paz civil perdida: "México no puede lograrlo mediante la aparición del hombre que se declare por su exclusiva voluntad señor de hombres --cita Krauze malintencionadamente a José Martí refiriéndose a Porfirio Díaz-, ni a través de la imposible restauración del viejo sistema de partido hegemónico". ¿Prefigura aquí su futuro inmediato dentro de un perfil aliancista? ¿Más allá de su presente calderonismo, que lo cobija y premia agradecido, vislumbra su futuro cercano aliado al chucho? ¿A quién dirigirá pronto el elogio?
(Ahora, un esotérico momento de los que mucho atraen a Krauze: En mi rol de gurú retrospectivo, valorando la obra y su actuar cívico, afirmo convencido que Daniel Cosío Villegas habría descalificado, desautorizado tajantemente, la vertiente utilitaria de la escritura de su alumno así como todos los odios y ataques cimentados aparentemente en signos augurales, en realidad, en sus intereses más personales. Así le ve desde la tumba, como si dijéramos).
Con la miseria y la violencia tocando la cotidianidad de los mexicanos y también tal vez la otrora sosegada conciencia del historiador, ¿no cavila Krauze sobre cuánto ha fallado en su papel de crítico? No. Porque a excepción de infamar al adversario, la crítica ha desaparecido de su pluma. Mayor error o mayor logro de Krauze en términos del bienestar del país y de su democracia: Acometer impunemente un objetivo no intelectual sino político. Ridiculizar y mofarse de los seguidores y avales del mismo. No denunciar "guerras" ideológicas de fango y estiércol contra un ciudadano, sino hacerse partícipe de ellas. No exigir cual demócrata la aclaración de una elección crucial por todos aceptada como de incriminatoria desigualdad e infame irregularidad (y que quisieran hoy enterrarla al olvido): la más infame de la historia, la de 2006: Este es el fardo por el cual la historia valorará a Enrique Krauze, el adjetivador objetivo. Enrique Krauze, el discípulo tartufo, abrumadoramente subjetivo y trunco, de Daniel Cosío Villegas.
P.D. Ahora bien, a estas alturas, ¿cavilar es lo que hace falta en México; como cuántos años más de cavilación solicita Krauze? ¿No bastan las experiencias fallidas como para tomar ya acciones en otra dirección? Todo mundo sabe ya cuál es el sentido.
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