miércoles, diciembre 22, 2010

Elba Esther Gordillo: ¿Quién quiere dar oídos a la "maistra"?

Nietzsche Aristófanes (@NietzscheAristo)



El historial de Elba Esther Gordillo es de referencia ejemplar cuando de pragmatismo utilitario se trata. Su biografía es el súmmum del priista moderno, ese que se movió y aun así, salió en la foto. Representa el tránsito entre el priista sometido y el "rebelde", el que se atrevió a arrojar una opinión e inclusive cayendo de la gracia del líder (un líder en picada), fue capaz de sobrevivir y aún construir su triunfo personal de poder. Tuvo la fortuna de estar en ese parteaguas que mostró a los priistas que lo supieron capitalizar, como negociadores, dialogantes, individuos supuestamente alejados para siempre del previo autoritarismo dinosáurico.

El priista moderno no va sólo en su proeza, contemporáneos le acompañan. Por ello, lo mismo concierta con la derecha que con la izquierda moderna que con los ecologistas y demás interesadas menudencias; aún más, crea su propia colmena política. Y no es que haya tenido mucha imaginación. El talento consistió en no ser tomado por sorpresa. Talento tramposo. Durante larguísimos, lentos años, sentados en torno a las mesas de planeación, programación y presupuesto de las diversas oficinas burocráticas, instituciones sin fin, Hacienda o el Congreso, los priistas habían ya cebado pródigamente la experiencia (no faltaron el buen café, los bocadillos exquisitos y los tragos magníficos). Cuando les llegó el "cambio", dichosamente para ellos, ya sabían negociar. A fin y al cabo, el fondo de las cosas era el mismo: Un acuerdo para concluir de a cuánto le toca a cada quien en el reparto del pastel. Todos quieren la raja más suculenta, claro. Pero para eso está el diálogo y la transa-acción, para entenderse y no reñir. Para pelearse está el adversario (¿enemigo?) común y lo tienen bien identificado.


Conocemos, pues, cual es el perfil ideológico de Gordillo. Lo ha presumido una y otra vez, inclusive a la par con sus riquezas dignas de una modesta lideresa sindical que representa a miles de trabajadores. Hemos sido testigos de su comportamiento. No hace falta recontar lo que es del conocimiento público sobre su actuación magistral (que no magisterial) durante la pasada elección presidencial, su pacto con el panismo y las rajas que ello le ha traído. Sabemos que ya tiene candidato, el mismo del salinismo; porque todos ellos son por ahora salinistas. ¿Para qué hablar de un tema lejano a su interés personal entonces? Que nos cuente de las negociaciones, de su interacción con el poder, de su experiencia en el manejo de urnas electorales, del teléfono rojo y otros colores. ¿Para qué quiere dar cátedra sobre educación? ¿Quién desea escucharla? Nadie.


En México se usa con mucha facilidad la palabra maestro, cuando no hay tantos. Si pensamos en educadores ejemplares, tendríamos que recordar a Gabino Barreda, Justo Sierra, José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, entre otros. Hay que escucharlos, releer su obra, revisar su experiencia al frente de la educación nacional. Son la columna vertebral de la educación pública en el tránsito que va del XIX al XX: La educación científica, la edificación de instituciones educativas y culturales, el impulso de la vocación del maestro, bibliotecas ambulantes, movimientos culturales, edición de los clásicos, arduas campañas de alfabetización, libros de texto gratuitos, entre muchos otros logros. ¿Por qué quiere Gordillo hablar de educación? ¿Sólo porque tiene boca? ¿Porque tiene un sitio en el periódico El Universal? ¿Un espacio que compra el sindicato o que es parte de las cuotas del periódico? Tal vez. Que lo utilice, que lo pague, no importa. Pero que no discuta sobre educación. En el reino de la impunidad, nada tiene que justificar respecto a lo que ignora.


Gordillo perora una y otra vez sobre la "Calidad de la Educación". Aunque desde el sexenio de Salinas la administración pública se refiere a la educación en estos términos. Mas no se dice que este concepto, impuesto como condición por los préstamos del Banco Mundial a México, ha sido un parámetro de evaluación y medición más que de formación. Significa un sentido extralógico en relación al historial de la educación mexicana. Y cuando Salinas de Gortari, Zedillo Ponce de León, Fox, FHC, discursean sobre "Calidad Educativa" por boca propia, la de sus secretarios, demás subalternos o aliados como la "maistra" Gordillo, lo hacen como si su genio acabara de descubrir el concepto, como si lo hubieran imaginado, inventado. Se llenan con el bocado más apetitoso. No les importa cuántos años de fracasos registre el término que nunca usaron Vasconcelos o Torres Bodet, quienes sin embargo produjeron los frutos mayores de la educación moderna. Un concepto que no crea vocación en el maestro ni amor por el estudio en el estudiante. Una imposición que es una más de las variantes de las formas de endeudamiento y sangrado del país. En este proceso que lleva más de dos décadas han participado, por si fuera poco, "consultores" estadounidenses enviados por el Banco Mundial a quienes se les ha pagado sueldos estratosféricos con dinero de lo prestado. Y cobran en dólares. Los profesores que comanda la "maistra", en pesos; escasos.


Entonces, ¿para qué usar un espacio público para conferenciar sobre "calidad educativa" cuando no hay tal porque en realidad no interesa? ¿Con qué autoridad intelectual o pedagógica puede publicar Gordillo sobre un tema extraño a su interés? No deseamos oírla disertar sobre lo que desconoce. Que nos rememore de su arte. De su magisterio en "lo oscurito". He allí lo sugestivo. Porque lo que le importa es cómo aliarse, cómo y qué conviene negociar, cómo ir armando el control de las elecciones de 2012. Lo peor del asunto es que de vez en cuando pierde uno el tiempo leyéndola (o a quien le garabatee sus panfletos), como me sucedió la semana pasada.

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