sábado, marzo 06, 2010





ECONOMÍA Y POLÍTICA



MIGUEL ÁNGEL FERRER



Trago amargo



Desde fechas tan tempranas como los primeros años noventa del siglo pasado se sabía o se sospechaba que el Partido del Trabajo (PT) era una creación de la perversa inteligencia de Carlos Salinas de Gortari. Las certezas o las sospechas provenían de la marcada influencia en esa organización de Raúl, hermano del usurpador.



Frente a las críticas públicas al carácter de partido paraestatal (en su expresión salinista), militantes y dirigentes decían que, en efecto, en el Partido del Trabajo existía una corriente paraestatalista, pero que igualmente existía una facción democrática, nacionalista y hasta revolucionaria.



Puede que así haya sido al comienzo. Un partido de origen y carácter paraestatal en el que participaban cuadros políticos de izquierda más o menos independiente y antisistémica. Mas con el tiempo y con los Salinas caídos en desgracia y apestados, el Partido del Trabajo fue abandonando su índole paraestatal para pasar a convertirse en una organización oportunista.



Con este carácter oportunista, el PT ha participado y participa en movimientos sociales y en procesos electorales con un discurso popular, antiimperialista y antineoliberal, pero siempre bajo sospecha de virajes, abandonos y afiliaciones extrañas e inexplicables.



Es cierto que los petistas acompañaron la candidatura presidencial de López Obrador. Y es igualmente cierto que esa alianza parece seguir vigente. Pero cada día que pasa aumentan las inquietudes, los temores, las sospechas de que el PT abandone la causa del lopezobradorismo y, en un nuevo acto oportunista, retorne a su pasado originario de partido paraestatal.



Salvando las diferencias que haya que salvar, lo dicho para el Partido del Trabajo cabe para Convergencia, pero sin las banderas de izquierda que ornaban al PT. Una vida de oscilación permanente entre el franco paraestatalismo y el oportunismo descarado. Y casi lo mismo puede decirse del Partido Verde Ecologista de México (PVEM): paraestatalismo y oportunismo con estandarte ambientalista, pero signado por el más vulgar mercantilismo. En resumidas cuentas, más que un partido, un membrete de alquiler al mejor postor.



Al Partido Nueva Alianza (Panal) no se le puede calificar, como a los anteriores, de oportunista o mercader. Es simplemente y en estricto sentido, un partido paraestatal: una agencia del gobierno para servir en los procesos electorales a los fines gubernamentales, sean éstos los que sean.



A esa cuarteta de partidos, entre paraestatales, oportunistas o mercaderes, se ha sumado ahora un quinto elemento: el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Abandonados los principios y propósitos democráticos, nacionalistas, populares, antiimperialistas y revolucionarios que le dieron origen, el PRD se ha convertido, por oportunismo y mercantilismo, en un partido paraestatal de un régimen de extrema derecha.



Trago amargo para las fuerzas políticas progresistas mexicanas. La amplia, abigarrada y combativa fuerza social de izquierda se ha quedado sin partido que la represente. El temido divorcio entre el movimiento social lopezobradorista y su partido histórico, el PRD, es ya una triste realidad.



Con la conversión del PRD en una organización derechista, las elecciones han dejado de tener sentido para millones, para decenas de millones de ciudadanos. Votar por el PRD es, a partir de ahora, igual que sufragar por el PRI o por el PAN. Un mismo perro negro con tres collares distintos. Ya no hay opción electoral de izquierda. Habrá que ver cómo se comporta de aquí en adelante la izquierda social hoy sin opción electoral. ¿Se cruzará de brazos? ¿Dejará hacer, dejará pasar? El futuro, siempre incierto, hoy se mira más incierto todavía.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx

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