lunes, marzo 16, 2009

La diferencia: Calderón, peleado con Obama; Lula, amigo del presidente de Estados Unidos

Por Federico Arreola
15 de Marzo, 2009 - 08:58

A pesar de lo que afirman algunos fanáticos conservadores de Estados Unidos y del resto del mundo, Barack Obama está muy lejos de ser un socialista. Bueno, ni siquiera cabe calificarlo como un hombre de izquierda. Obama es un político rico, además casado con una mujer todavía más próspera que él, que llegó a la presidencia de su país para defender el estilo de vida estadounidense. Es lo que está haciendo al prohibir, solo a los ejecutivos de las empresas rescatadas por su gobierno, que viajen en aviones privados y que gocen de altos salarios.

¿Es eso socialismo? De ninguna manera. Eso es capitalismo puro: los excesos solo se le permiten al que se los puede pagar con su propio dinero, no con el de los contribuyentes. Claro está, hay excepciones a la regla. La más notable es la del presidente de la nación, a quien todo se le permite. Así, ni Obama ni su esposa han dado ninguna muestra real de austeridad personal. Ni la van a dar para no decepcionar a los ciudadanos más consumistas del planeta. Las fiestas que organizaron para celebrar su llegada al poder fueron simplemente fastuosas y la señora no ha dejado de retratarse vestida con la ropa realizada por las diseñadores más caros del mundo. Es correcto lo que ellos hacen porque eso es lo que el pueblo norteamericano espera que hagan. Así de sencillo.

El brasileño Lula sí es un gobernante de izquierda que, por lo mismo, vive con sencillez. Pero entendámonos, no estoy elogiando a Lula ni criticando a Obama. No voy a caer en la cursilería de decir que hacen mal las personas que se pagan grandes lujos. Si con su dinero pueden hacerlo, felicidades. Solo estoy tratando de establecer una diferencia entre los dos presidentes que se reunieron este sábado y que, por lo que trascendió en los medios, establecieron de inmediato una magnífica relación.

Dada la importancia innegable de Obama, sobre todo por su enorme influencia en la política mundial, puede decirse sin exagerar que, gracias a eso, Brasil ya la hizo. Lula visitó la Casa Blanca convencido de que debía caerle bien al nuevo presidente de Estados Unidos. Se esforzó en hacerlo y, sin duda, logró su objetivo.

Una parte del diálogo que sostuvieron fue, sencillamente, de antología. "Con todos los problemas que ha tenido en estos 40 primeros días en la presidencia no me gustaría estar en su lugar", le dijo Lula a su anfitrión. Obama respondió: "Usted está hablando como mi mujer". Y Lula remató: "Bueno, la verdad es que rezo más por usted que por mí".

Obama se vio feliz, satisfecho, hasta seducido por Lula. El brasileño había ido a Washington a quedar bien, y ciertamente cumplió con su trabajo. Lo hizo con tanta eficacia que abrió las puertas para que se dé un diálogo entre Obama y los gobernantes, mucho más radicales, de Cuba, Venezuela y Bolivia.

Qué envidia me dan los brasileños que sí tienen a un líder legítimo, con credibilidad e inteligente en el gobierno de su país.

Hay que destacar que Obama no hizo nada extraordinario al reunirse con Lula, uno más en la lista de los gobernantes con los que poco a poco se ha ido juntando. No fue Lula, hay que subrayarlo, el primer gobernante al que Obama vio, claro que no. Este honor se lo llevó, tal vez sin merecerlo, Felipe Calderón, de México. ¿Tal vez sin merecerlo? Me equivoco. El "tal vez" debe ser eliminado de la expresión.

Calderón, con su comportamiento, ha probado que no merecía ese trato preferente de parte de Obama.

Mes y medio después de la reunión entre Obama y Calderón, estos ya se pelearon. Con mayor precisión, hay que decir que Calderón se ha peleado con Obama. Vaya tontería. Sin entender que no son del mismo tamaño (no me refiero al físico de cada uno, conste), Calderón se ha metido en un pleito tan innecesario como riesgoso que sólo se va a traducir en problemas serios para México. No entendió el panista que en política, como en los negocios y en las relaciones personales, se consigue más con miel que con hiel. Y no lo entendió por vanidoso, por sentirse lo que no es (líder de alcances mundiales) y por no aceptar sus errores (se equivocó en su perdida guerra contra el narcotráfico y busca culpar a los vecinos de su fracaso).

Ideológica y aun culturalmente hablando, son más parecidos Obama y Calderón que Obama y Lula. Pero Lula, por lo que se ve, es mejor político que Calderón. Y Lula, además, sabe que debe trabajar, antes que para su ego, para crear condiciones que mejoren el nivel de vida de los brasileños. A Calderón, está claro, el nivel de vida de los mexicanos le tiene muy sin cuidado.

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