miércoles, noviembre 26, 2008

del sendero del peje

Cien días y todo sereno

Se celebra el cumplimiento del plazo de los cien

días en que las autoridades estatales, y federales

de facto, se comprometieron al mejoramiento de

la seguridad pública y establecer estrategias anticrimen.

Tal fecha no puede dejar de celebrarse si

no es con los correspondientes ejecutados, como

los siete que fueron encontrados en Chihuahua.

Ya son cien días en los que no ha pasado nada

de lo que algunos ilusos esperaban; los gobernantes

responsables siguen cobrando altísimos

sueldos y enquistados en sus puestos, las policías

siguen siendo brutales golpeadores al servicio del

Estado, mientras que los criminales declarados

disfrutan del paraíso de impunidad que nutre sus

actividades.

Si la lucha contra la delincuencia dejara ganancias

económicas seguramente ya se habría privatizado

la seguridad pública, pero como no es ni

será así, padecemos una de las crisis de violencia

e inseguridad que no se veían en el país desde los

años ochenta donde, en aquel entonces era sorprendente

que un delincuente como Durazo fuera

responsable de la policía capitalina. Hoy pareciera

que es bien visto que el presidente de facto dé

un espaldarazo a un funcionario que se ha comportado

más como un porro golpeador que como

un responsable de la ejecución de las políticas de

seguridad.

Lo que sí ha cambiando es el discurso pues los

antes llamados corruptos ahora les dicen “infiltrados”,

la palabra “narcotraficante” se sustituye

por cualquier otra y a los ineptos funcionarios se

les declara capaces y moralmente rectos. Tales

cambios son signos de una insultante apatía y del

derrumbe del mismo gobierno que no sabe más

que administrar sus propias deficiencias, ejemplo

de ello es la propuesta de creación de una “Secretaría

del Interior” que congregaría los cuerpos de

seguridad bajo una misma dirección, algo así como

la desaparecida y brutal Dirección Federal de Seguridad

pero con un nombre que apantalle a los

medios y a los crédulos.

Mientras la economía del país continua en una

permanente turbulencia donde lo único que se

mide son los ingresos de las grandes empresas del

país, la economía familiar se desmorona, los despidos

continúan, el aumento a los precios y combustibles

siguen imparables. Desconozco si Alejandro

Martí trata bien a sus empleados, sería injusto decir

que no es así, pero quizá su mejor inversión puede

ser el mantener los empleos de los que dependen

miles de familias en lugar de crear organizaciones

contra el crimen que parecen más un club de señoras

copetonas y señoritingos que hablan de delincuentes

apestosos.

Y aquí el nudo de la situación: No tenemos un

país en crecimiento donde la sociedad se vea indignada

por la violencia imperante pues su primera

y única necesidad es saber cómo logrará vivir al día

con los pocos recursos que tiene. La seguridad se

convierte en cosa de ricos, en asunto de los que

detentan propiedades y valores mientras, que los

otros están seguros por no tener nada.

No hay comentarios.: