martes, octubre 14, 2008
Empresa
Martes, 14 de Octubre de 2008 02:40
Alberto Barranco Chavarría
A río revuelto…
¿Se fue la tempestad?
Banorte se desnuda
Tradicionalmente flemático de cara al público –ni gestos hace cuando en su cara le lanzan obuses de todos calibres los legisladores-, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, estalló el viernes pasado a todo decíbeles.
La catarata de ira exigía la presentación inmediata, precisa, de nombres, montos, razones sociales… de los responsables del peor ataque especulativo contra el peso en una sola jornada en la larga historia de crisis en el país.
"¡Los haremos pedazos!", gritaba la furia a la vista del saldo trágico de la derrota: seis mil 400 millones de dólares de las reservas internacionales del Banco de México esfumados en dos horas. Ocho mil 900, es decir el 11 por ciento de éstas, en dos días.
Detrás de la bilis del funcionario, empero, estaba un mea culpa. Su obstinación al seno de la Comisión de Cambios en la que participa paritariamente el Banco de México, había inclinado la balanza hacía lanzar una y otra carga hasta contener la furia especulativa, a contrapelo de los 400 millones de dólares diarios previstos.
El Banco Central exigía mantener la ortodoxia para no ofrecer una señal de desesperación al mercado.
El caso es que en dos días el país perdió más dólares de las reservas que al impacto inicial del llamado "error de diciembre" de 1994, cuando el absurdo zedillista había consultado a los tiburones sobre si se devaluaba el peso o simplemente se estiraba la liga del deslizamiento.
El alerta provocó, naturalmente, el arranque, el banderazo a una colosal fuga de capitales.
Lo cierto es que calmadas las aguas momentáneamente al milagro de la tregua de fin de semana, puede usted jurar que al funcionario se le acabó el berrinche, sepultando las listas apiladas por sus colaboradores en el monte de las cruces.Leer mas
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