martes, septiembre 09, 2008


Peña Nieto: El proyecto de la Mafia



Alvaro Delgado

MEXICO, DF, 8 de septiembre (apro).- Los publicistas fueron contratados para hacer de él, al costo que sea, un maniquí de lujo: ostensible la carga de maquillaje que encubre las imperfecciones del rostro y abundante el gel para modelar el peinado que evoca a Fernando Gutiérrez Barrios, viste trajes y camisas de corte y color precisos.

Y es que Enrique Peña Nieto, gobernador priista del Estado de México, es un acabado producto del dinero, que todo lo fabrica: su corta estatura se suple con tomas que lo hacen ver como un gigante y su juventud se capitaliza con un atuendo en oscuros combinados con blanco, que lo proyectan maduro y ejecutivo.

Pero detrás de la multimillonaria parafernalia --en radio, televisión, Internet e impresos-- que lo presenta como un gobernante escrupuloso y eficaz, con tamaños para ser presidente de México, habita un político tradicional: taimado y truculento, represor y gazmoño, capaz de todo para conquistar y retener el poder.

Lo conocí personalmente hace cuatro años: la tarde del 5 de agosto del 2004, en el restaurante Balmoral del hotel Presidente Chapultepec, lugar puesto de moda por Elba Esther Gordillo y Jorge Castañeda entre políticos de su misma talla, usuarios habituales del corredor Polanco-Condesa-Santa Fe.

Busqué a Peña Nieto para consultarle sobre la política en el Estado de México, en particular sobre las elecciones de 2005, ante las que el Partido Acción Nacional (PAN) llevaba la delantera, a pesar de las costosas campañas del gobernador Arturo Montiel, envuelto en escándalos de corrupción y de constantes ausencias de la entidad por su romance con Maude Versini.

Peña Nieto, quien era entonces coordinador de los diputados priistas locales --después de haber estado en el gobierno de Montiel como subsecretatrio de Gobierno y secretario de Administración--, prefirió ese restaurante a Toluca para la entrevista, en la que se escabullía, con los muy priistas formulismos, de una definición sobre su búsqueda de la candidatura a gobernador.

Por supuesto, una de sus expresiones fue que, como todo político, su "deseo mayor" era servir a su pueblo desde cualquier trinchera. "Mi interés es hacer política y poder servir", dijo, muy ceremonial.

--¿En serio, diputado?

"Es en serio. Digo, no hay político del estado que se jacte de hacer política que no aspire a la mayor magistratura, que ser gobernador. ¿Cuándo? ¿Cómo?, dependerá de las circunstancias".

--¿Hay circunstancias hoy?

"Si las circunstancias favorecen, entonces yo tomaré una definición respecto del tema".

--¿Cuándo?

"Cuando el partido tome las reglas para la definición de su candidato. Y ahí le mide uno el agua a los camotes. Hay chance o no. Porque no estaría en condición de ser juego o comparsa de algo".

--¿Hoy hay comparsas? ¿Quiénes son?

"Se han dado en la política siempre. Espero que no se dé en el estado. Hoy tenemos que jugar los priistas de manera inteligente. Sí estoy convencido que cualquier proyecto que el partido avale, es el que tenemos que respaldar todos los priistas. Si llega a haber una fractura, si alguien se resta de apoyar, podríamos correr un riesgo mayor".

La política priista bullía entonces: Isidro Pastor, Navarrete Alfonso Prida, Manuel Cadena y hasta Carlos Hank Rhon aspiraban a la candidatura priista, pero Montiel perfilaba como su delfín a Peña Nieto, conocido como uno de los Golden Boys, un grupo de jóvenes incrustados en el gobierno. "Es un apelativo al que no le doy importancia. No me gusta, pero tampoco voy a impedir que se use", decía.

Sobre sus adversarios internos, Peña Nieto decía: "Todos juegan, todos tienen más y menores posibilidades. Yo veo a todos jugando".

--¿Incluyéndolo a usted?

"Metido en la ecuación, no me desagrada. No puede desagradarte estar en una ecuación en la búsqueda de la perspectiva más importante del estado. Pero en política es cosa de tiempos y circunstancias".

--Ustedes los priistas son acartonados, tortuosos y expertos en escabullirse para las definiciones.

"¿La pregunta concreta es si yo aspiro?"

--Pues sí, ¿a usted le interesa?

Meditó durante unos segundos, posó su mirada en el piso y respondió: "Repito, no hay político a quien no le guste o quien haga política y que no aspire a esa responsabilidad mayor".

--O sea que sí.

"Si así lo deduces, dedúcela así".

--Es una conclusión lógica.

"Yo te diría: el interés mayor, mi definición se hará hasta que el partido tenga reglas clara sobre esto. Pero puedo decir algo más: soy un priista convencido de mi militancia, de mi partido, y más que pensar en lo que tenga o quiera, quiero estar a las órdenes de mi partido. Yo he aprendido y me he formado en esta disciplina partidaria y, más allá de lo que uno quiera, es lo que el partido quiere y desea para uno. El partido te va marcando rumbos. Aquí poco importará lo que yo quiera".

--Insisto: tiene usted 38 años y se comporta como alguien de 60.

"No, puede no convencerte, pero estoy convencido de esa disciplina partidaria, que ha sido una fortaleza de los priistas. No quiere decir que no se pueda, internamente, diferir. Se vale. Pero a final de cuentas debe imperar una disciplina partidaria".

Y soltó una larga explicación sobre la "disciplina", igual a la castrense y eclesiástica: "En la historia hay ejemplos: el Ejército y la Iglesia, y el PRI. Eso le dio 70 años de fortaleza. Creo que cuando se relajó esa disciplina partidaria, que verdaderamente se relajó y empezó a haber escisiones, fracturas, es cuando empezamos a tener descalabros."

Al final, Montiel concretó su proyecto: impuso a Peña Nieto, su sobrino y sobrino del exgobernador Alfredo del Mazo, a cambio de la impunidad de las raterías, plenamente acreditadas, en el gobierno.

Y ahora, justamente en el mismo esquema de complicidades, el gobernador del Estado de México --quien el viernes pasado rindió su tercer informe de gobierno-- se perfila como un prospecto en apariencia menos vulnerable que Manlio Fabio Beltrones para que el PRI recupere, en el 2012, la Presidencia de la República.

En el proyecto para impulsar a Peña Nieto están alineados dos prominentes ejemplares de la mafia política, Carlos Salinas y Elba Esther Gordillo, pero también conglomerados empresariales, del país y del extranjero, notablemente España. Es decir, la misma coalición de intereses que llevó a Felipe Calderón al cargo formal en el que hace el ridículo.


La unción de Peña Nieto será lo que estará en riesgo dentro de tres años, cuando deje la gubernatura, justo un año antes de la contienda presidencial del 2012, aunque él ya tiene discurso:

"Sigo pensando en la sabiduría del partido. En el partido, como no ocurre en otro, opera en estas decisiones, siempre, una magia partidaria que envuelve a los priistas. Cuando hay definición llega a haber claridad entre la militancia, que busca claridad en las definiciones."

--Parece una expresión de los sesenta, de Alfonso Martínez Domínguez.

"Forma es fondo -respondió Peña--. No perdamos la forma".

Tal cual.

Apuntes

Feliz viaje, amigo Pepe Zamarripa.

Comentarios: delgado@proceso.com.mx





PLAZA PUBLICA...LOS EMPEÑOS DE PEÑA, el protector de corruptos.





9/SEPTIEMBRE/2008
PLAZA PÚBLICA
Los empeños de Peña



MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA

Pocos meses antes de ser designado candidato a Gobernador, el mexiquense Enrique Peña Nieto era casi un desconocido, aún en su propio estado, donde su breve carrera política no le había propiciado una eficaz exposición pública. Cuatro años después de aquel momento, en su tercer Informe de Gobierno, presentado en un escenario propio del antiguo régimen, Peña Nieto aparece como el más popular de los gobernadores, y uno de los más claros aspirantes a la candidatura presidencial de su partido. Su metamorfosis se ha debido sobre todo a las enormes sumas invertidas en publicidad, sobre todo televisiva. En poco menos de tres años desde su toma de posesión, el gasto en esa materia supera ampliamente los mil millones de pesos.

El viernes pasado Peña Nieto fue el centro de una rumbosa ceremonia política. A su informe acudieron el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño y el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, pertenecientes al PAN y el PRD y a quienes algunos imaginativos futuristas colocan como los adversarios del Gobernador mexiquense en los comicios presidenciales de 2012. También estuvieron presentes gobernadores y dirigentes priístas, como Beatriz Paredes y Manlio Fabio Beltrones, con quienes tendría que disputar la postulación del tricolor.

Ese día, Reforma publicó el resultado de una encuesta en que el Gobernador recibe de sus paisanos 71% de aprobación, la tasa más alta de gobernante alguno. Mes y medio atrás, un sondeo nacional de Consulta Mitofsky lo colocó en el primer lugar de popularidad entre los gobernadores. Se entiende fácilmente que así sea, pues la imagen de Peña es proyectada a mañana, tarde y noche por las cadenas de televisión. Es particularmente estrecha la relación del joven político (apenas cumplió 42 años el 20 de julio pasado) con Televisa, que le ofreció un paquete completo de difusión, que incluye piezas que parecen informativas, periodísticas y son en realidad spots de propaganda. El acuerdo incluye también la presencia de Angélica Rivera, la “Gaviota” de “Destilando Amor”, en la publicidad institucional del Estado de México.

Cuando el año pasado se prohibió en la Constitución la propaganda personalizada, se supuso que los legisladores pensaban especialmente en Peña Nieto, que día a día labraba una imagen basada en su presunta apostura (caracterizada por un anacronismo, un copete en forma de abultado rizo y que debe emplearle algunos minutos construir cada día, a menos que sea un peluquín que simplemente se coloca y ya). Después de la prohibición, y con base en su pacto con Televisa, Peña Nieto figura todos los días en los noticiarios, especialmente el nocturno, el principal, como si se tratara de un estadista cuyos actos son todos dignos de figurar, camino a la historia, por lo pronto en la bitácora de la información. En el mismo terreno de la comunicación, Peña Nieto utiliza el Canal 34 de televisión para sus relaciones públicas con políticos del ayer. En esa emisora Fausto Zapata y Porfirio Muñoz Ledo, cuya vida pública estaba en el primer plano durante el echeverrismo, cuando Peña Nieto cursaba la enseñanza primaria, coordinan mesas de análisis o realizan entrevistas (con ellos mismos como protagonistas, tal como ocurrió la semana pasada).

Peña Nieto se graduó de abogado en la Universidad Panamericana, del Opus Dei, y estudió una maestría en Administración en el Tec de Monterrey. Inmediatamente después se incorporó a la administración pública. Sobrino y primo de los ex gobernadores llamados Alfredo del Mazo, fue protegido por Arturo Montiel, que lo hizo Subsecretario de Gobierno y Secretario de Administración antes de darle barniz político como diputado local y líder de la bancada priísta.

Montiel, emparentado con la familia de Peña Nieto, o muy cercano a ella, maniobró con eficacia la postulación de su sobrino o ahijado. Con un derroche propagandístico que aprovechaba para su propia promoción hacia la candidatura presidencial, Montiel logró que su joven delfín ganara con amplitud la Gubernatura, con un 49.5% de los votos, contra el 25.6% del desastroso candidato panista Rubén Mendoza Ayala y 25.1% de la aspirante perredista Yeidckol Polevnsky (que dos años después, en parte por el influjo de López Obrador pero también beneficiada de la equidad propagandística que faltó en el proceso local, ganó su curul en el Senado con más de dos millones de votos, más del doble de los obtenidos en la contienda contra Peña Nieto).

Cuando Montiel perdió el rumbo ante la amenaza de que el monto y el origen de su riqueza fueran revelados, Peña Nieto estuvo en la obligación de pagar los favores recibidos. Mediante una fiscalía cuyo funcionamiento movía a risa, hizo que el ex Gobernador quedara a salvo de la acción judicial que indagaba su patrimonio, conocido por todos debido a la difusión de sus mansiones por los medios de información. Asegurada la impunidad de su padrino, Peña Nieto comienza a darse pequeñas libertades a fin de aparentar que se distancia de su predecesor: un hospital inaugurado por Montiel con el nombre de su esposa Maude Versini, se llama ahora Hospital General Atlacomulco. Y en Acambay el bulevar Arturo Montiel, abierto a la circulación por el propio Gobernador, ahora se llama simplemente Acambay.

No será tan fácil como borrar esos nombres de las obras públicas conseguir que se olvide la relación de Peña Nieto con el autor de sus días políticos. Para lograrlo se requiere mucho más.

Fecalistas wanabes

Publicado por Renegado Legítimo

Parece ya un lugar común decir que, a raíz de las más recientes elecciones presidenciales, México se ha polarizado. Como nunca, el encono entre los bandos contendientes ha alcanzado niveles alarmantes, debido principalmente a una estrategia implementada por el Partido Acción Nacional y su candidato, Fecal. La “campaña del miedo”, el odio inducido, el desprecio al oponente, etcétera, son la causa del clima de tensión que, a más de dos años de celebrados los comicios, todavía se respira en el país, y que por lo visto seguirá respirándose por mucho tiempo más.

Sin embargo, no es acertada la visión según la cual, la polarización se da a partir de las diferencias socioeconómicas o “de clase”. La teoría de que a López Obrador lo apoyan los pobres, y a Fecal los ricos, es demasiado simplista. La realidad es más complicada que eso. Hay mucha gente de clase media e incluso alta que votó por AMLO, como también hubo gente de estratos sociales que de lo que menos pueden presumir es de ser privilegiados, que sufragó por Fecal. En ambos casos, sin embargo, por razones muy diferentes. A ese último segmento pertenecen los llamados fecalistas wannabes (FW).

¿Qué es un FW? Una definición coloquial del término “wannabe” es: “el que pretende aparentar lo que no es, a partir de la afirmación grotesca, o la negación, de aquello que sí es”. El wannabe es el clásico quiero y no puedo, el look at me, el que está dispuesto a sacrificar todo, principalmente sus ideas, en aras de estar “in” y de verse “cool”.

Un FW, por lo tanto, es aquella persona que, aun cuando nunca en su vida ha pertenecido (ni, probablemente, pertenecerá) al grupo de familias privilegiadas por el poder económico y político de este país, defiende hasta con los dientes la “ideología” panista-fecalista. Una ideología de la cual el pobre no puede, es obvio, obtener ningún provecho (pues por definición ésta ha sido diseñada para beneficiar a la cúpula dominante), como no sea el que le vendieron durante meses de bombardeo propagandístico en el sentido de que votando por Fecal evitaría la catástrofe que de otro modo se cerniría sobre los mexicanos. Tampoco tiene claro en su mente el FW los perjuicios que más de lo mismo en materia económica y política le pueden acarrear. En última instancia eso es lo que a él menos le importa: si defiende al fecalismo no es por ideología o principios, sino porque piensa que es lo que está de moda, y muy en el fondo de su cerebro tiene la convicción de que de esa manera puede “rozar” el mundo de la “gente bien”; que su apoyo a Fecal lo hermana con los poderosos; que por fin puede ser “gente como ellos”; que apoyar a Fecal es lo que hace la gente bonita, educada, decente, estudiada, que sí sabe gastar, que sí sabe viajar, etc. Poco importa que, en los hechos, ese “mundo VIP” le esté vedado. Para este tipo de mexicano, que quizá se avergüenza de su piel cetrina, o del vocho destartalado que maneja, la esperanza es lo último que muere. Con la ventaja enorme de que no necesita seguir jugando Melate cada semana para acariciar el sueño de convertirse en gente bonita: basta mutar en fecalista convencido para automáticamente sentirse parte de los winners, de los que “la han hecho” en este país; de los que no necesitan pensar, ni reflexionar, ni luchar, sino simplemente ser.


Un FW se declarará fervoroso partidario de la “legalidad” y el “Estado de derecho”, y hasta hará muecas de desprecio ante “esos alborotadores del pe-erre-dé” que “no saben perder” y que “ya ni la chingan (sic) con sus bloqueos”, y luego tranquilamente relatará entre risotadas que anoche “me apañó la tira” por conducir en estado inconveniente, percance que pudo librar a cambio de una jugosa mordida: “pinche poli me bajó 200 varos”. Obviamente sus amigos le festejan su gracia entre palmadas en la espalda y brindis donde le mientan la madre al “gobierno corrupto”.

El FW tiene como referente cultural, y casi como única fuente de información, el canal de cable MTV. Conocen de memoria los títulos e intérpretes de las canciones de moda, y piensa que con eso está “informado” y que podrá apantallar a “sus cuates”. No conoce (y tampoco le importa) qué está sucediendo en Oaxaca (algunos, ni siquiera tienen claro dónde queda ese estado), pero es capaz de recordar correctamente el horario del programa Southpark. Convenientemente prefiere ignorar el hecho de que la versión de MTV que ve en su pantalla es la latina, muy diferente a la original en inglés, idioma que ni de lejos domina. No importa, él es parte de la aldea global por el simple hecho de observar como idiota todo el día videos musicales y programas insulsos.

Los FW cuyos padres trabajan en el gobierno, o en alguna empresa paraestatal, léase PEMEX, CFE, etc., defienden a Fecal porque dicen que gracias al PAN “mi jefe tiene chamba”. Esto mismo lo decían hace apenas 8 años pero respecto al PRI, para justificar en aquel entonces su apoyo a Labastida. Cabe mencionar que los FW por lo general manifiestan sus preferencias políticas a posteriori, es decir, siempre apoyan a quien ya se encuentra en el poder, y jamás de los jamases a quien aun no lo conquista. Por eso en el 2000 apostaban por la continuidad del PRI y en 2006 por la del PAN. Esto pueden hacerlo sin ningún conflicto interno porque, como ya vimos, no existe una real ideología, sino pragmatismo puro.

Es común ver a los FW jóvenes hacer largas filas a la entrada de los antros de moda, esperando a que el cadenero de dichos lugares les autorice el acceso. En ese sentido no hay dignidad que valga: es perfectamente bien visto que un FW se desgañite gritando: “¡Aquí, aquí, somos dos parejas wey!!” con tal de entrar al lugar, donde, con un poco de suerte, conocerá unos forros, beberá del mejor chupe, y se la pasará ¡de pelos!, rodeado de gente bonita, en un ambiente very cool. Sobra decir que los auténticos niños bien sonríen con desprecio ante estos FW que piden a gritos al dj canciones de reggaetón, que ordenan al mesero un pomo de Terry (cuando no de Bacacho) y que casi siempre se van sin dejar propina, digo si la neta es que el sueldo de papi no da pa’ tanto, no? Cuando salen del antro (generalmente hasta atrás), les gusta arrancar a toda velocidad “pa’ impresionar a las nenorras” el vehículo que esa noche le fue prestado por papi, pero al que orgullosamente se refieren ante sus cuates como MI troka o MI nave.

El FW vive para los demás, para la apariencia, para el qué dirán. Lo importante es estar “in”, ser “cool”, ¡para nada! ser “naco”. Es im-per-do-na-ble que un FW dé visos de alguna originalidad: es inmediatamente tachado de “weird” de “psycho”, de “nerd”. La regla aquí es la masa, la uniformidad, el ser el perfecto zombie que encaja dentro de un patrón prestablecido. Ser fecalista es la expresión “política” de semejante castración de la personalidad. El fecalista es winner, todos los demás unos losers. Ser fecalista le permite al individuo común y corriente, mediocre, creerse parte de la gente que él admira. Y lo mejor de todo es que se le exige mínimo esfuerzo, no sólo físico, sino mental ¿Qué importa la cultura? ¿Qué son la inteligencia, el sentido crítico, la solidaridad con el prójimo, la conciencia social, la capacidad de análisis, y todos los demás atributos de la gente pensante? En pleno siglo XXI, para ser parte de la nice people no se requiere cerebro, energía, un objetivo en la vida, y ni siquiera dinero. Basta abrazar la moda imperante, basta gritar desde lo más profundo del corazón (que no del alma): look at me!

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