viernes, agosto 29, 2008

Luis Javier Garrido

Los veinte días

México se halla en un momento de definiciones ante el inicio del próximo periodo de sesiones del Congreso de la Unión, pues un grupo de panistas y priístas pretenden, al entregar la industria petrolera al capital extranjero, arrogarse la responsabilidad histórica de cancelar la vía para que México sea una nación independiente y de paso para que el destino del país se pueda decidir por la vía de la razón.

1. El gobierno de facto de Felipe Calderón ha multiplicado en pocos días las señales de su desesperación por lograr que el PRI le entregue aprobadas cuanto antes en bandeja de plata las contrarreformas legales en materia energética conocida como iniciativa Beltrones, lo que le permitiría cumplir sus primeros compromisos con las multinacionales y disponer de recursos frescos para subsistir políticamente, a costa, desde luego, de enajenar el patrimonio de la nación, que no le pertenece. De ahí que Juan Camilo Mouriño, titular de facto de Gobernación, el martes 26 haya reunido en sus oficinas de Bucareli, convertidas en casa de campaña del PAN, a los jefes de las bancadas blanquiazules con un grupo de secretarios de Estado para planear en cónclave el nuevo fast track.

2. La iniciativa de la sociedad civil, que plantea la necesidad de otra política de Estado en materia energética, en la cual un Pemex reunificado y fortalecido sea el pilar de una industria petrolera nacional, y que el FAP ha hecho suya, fue entregada al Senado apenas el lunes 25, dos días antes de que esa Cámara recibiese los resultados de la Consulta Popular, y ya presas de enorme agitación los panistas exigen que se expida la nueva legislación. El titular de Energía, Jesús Reyes-Heroles Jr., llegó incluso a demandar el martes 26 que sea cuanto antes, considerando que los próximos 20 días serán “cruciales” para el país, asumiendo que en ese lapso se tendrá que expedir un nuevo marco legal que “flexibilize” la empresa: esto es, que le permita seudolegalmente privatizar la industria petrolera nacional

3. La “flexibilización” de la que hablan los tecnócratas neoliberales no es otra cosa en el caso de Petróleos Mexicanos que la creación de un marco jurídico “de excepción”, para que al margen del ámbito constitucional, y sin control alguno, la paraestatal pueda suscribir directamente –o por conducto de sus filiales– contratos con las corporaciones trasnacionales para irles cediendo todas sus funciones.

4. La exigencia de Calderón al Congreso para que expida la legislación que le permita privatizar la industria petrolera nacional –a pesar de lo que dispone la Constitución General de la República, de la oposición nacional a esta medida y de lo que se ha expresado en múltiples foros– es, por consiguiente, una exigencia al PRI, que de socio, aliado y cómplice ha pasado a ser su apoyo fundamental, y más que eso: su protector. Y lo más significativo es que lo hace en un momento crítico, cuando el desastre de la administración calderonista es generalizado.

5. El peso de la tarea sucia parece estar, por consiguiente, en las manos de lo que queda del PRI, que bajo la presidencia de Beatriz Paredes no ha sido otra cosa que un aparato de apoyo al gobierno espurio y entreguista de Calderón, haciéndole las faenas sucias e ilegales y cargando con el costo de esa relación de complicidad. De manera que ante la responsabilidad que tendría que asumir el PRI por este acto de traición a México, la cúpula priísta no ha hallado otra coartada que pretender que está virando hacia la socialdemocracia, y que con eso podría engañar a los mexicanos.

6. La 20 Asamblea Nacional del PRI, que se hizo al vapor el 23 de agosto en Aguascalientes, que no fue la reunión democrática del que se supone es el órgano supremo del partido, sino un foro de discursos de la cúpula, que avaló, como es normal, en estos cambios rituales a sus documentos básicos, pretende ser presentada como un viraje del Institucional hacia posiciones socialdemócratas, lo que es falso.

7. El PRI se hizo miembro observador de la Internacional Socialista (IS) desde finales del sexenio de López Portillo y se afilió plenamente a esta organización mundial de partidos hace ya varios lustros, poco después de que lo hiciera el PRD, por lo que esta redefinición del PRI como “socialdemócrata” no es ningún hecho nuevo, como pretende la cabeza de La Jornada del domingo 24. No hay en esta proclama que hicieron sus dirigentes ninguna novedad.

8. La IS, que tiene como uno de sus vicepresidentes a Cuauhtémoc Cárdenas, es, por otra parte, al menos desde los años 80 del siglo pasado, como todo mundo sabe, una organización de partidos abiertamente derechista, que sostiene el modelo monetarista y las políticas privatizadoras del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, y no representa, por lo mismo, ninguna alternativa frente al modelo que defienden los partidos de la Internacional Democrática de Centro (antes Demócrata Cristiana), cuyo copresidente es Vicente Fox. Las dos organizaciones internacionales de partidos se asumen opuestas pero son tan similares que es difícil encontrar diferencias en sus planteamientos. Anthony Giddens, uno de los ideólogos de la socialdemocracia, decía, por ejemplo, en 2002 que el gobierno de su amigo Tony Blair en Gran Bretaña no había sido distinto del de Margaret Thatcher, La Dama de Hierro, y que lo único que lo distinguía de ella era que estaba siempre sonriente y que no usaba bolsa. Los priístas suponen que sorprenden a los mexicanos haciéndoles creer que están virando a la izquierda y esto es un acto de desprecio al pueblo de México

9. La única afinidad históricamente justificable para cualquier fuerza política mexicana hoy día tendría que ser con los pueblos y las fuerzas políticas de diversos países latinoamericanos que defienden a ultranza los recursos estratégicos de su pueblo: en Bolivia, en Paraguay, en Ecuador o en Venezuela.

10. El PRI puede hacerle una vez más el trabajo sucio a Calderón, ahora en materia energética, pero sus dirigentes deben entender que ya no pueden engañar como antes a los mexicanos y que si lo hacen van a encontrar a amplios sectores dispuestos a impedir que culmine este intento de despojo a la nación.


“¿Era para hoy?” ¿Qué papel hizo México en Pekín?: Juan Villoro


“¿Era para hoy?”

¿Qué papel hizo México en Pekín? Papel de China. Fuimos a Oriente a decorar la fiesta. Hay que agradecer a Dios -desde ahora conocido como Supremo Taekwondoín- que cuatro atletas hayan salvado nuestra honra en el país del dragón. Estas preseas demuestran triunfos culturales. No ha sido en vano que los autobuses foráneos recorran el territorio nacional proyectando películas de Bruce Lee. Quienes nos quejamos con pedantería de esa programación debemos reconocer que se trata de un programa motivacional. Eso sí, se requiere de individuos excepcionales para sacarle provecho. Las medallas de oro confirman que México es bueno para las tareas de soledad y sufrimiento (como el taekwondo y la literatura). El bronce en clavados sincronizados es menos significativo desde el punto de vista olímpico, pero resulta esperanzador desde el punto de vista comunitario: es lo más cerca que hemos estado de triunfar en un deporte de equipo. Que dos mexicanas se sincronicen en veloz picada es una prueba de que es posible llegar a acuerdos.

En México 68 ganamos nueve medallas. En esa misma justa España no ganó ninguna. Quienes teníamos parientes allá compadecíamos su atraso y su dictadura. El ejercicio a la española era una tarde de chorizos mientras se mataban seis toros, un triunfo de Estado del Real Madrid o una tertulia de puro y coñac en la que se dosificaban injurias por deportivismo. Cuarenta años después, España obtuvo 18 medallas. En ese lapso nos convertimos en uno de los 10 países más poblados y uno de los 15 mercados más importantes. Por desgracia, en vez de obtener una cuota razonable de medallas -digamos, las nueve de 1968-, institucionalizamos la épica para transformar atletas en burócratas. La meta más rentable del deportista nacional no es una medalla sino un puesto en la Conade.

Cuando Phelps concluyó su participación en Atenas, de inmediato pensó en Pekín. Después de recoger su octava medalla en estos juegos, voló a Londres para meter el pie en la alberca con la que soñará durante cuatro años. En cambio, el mexicano que triunfa suele tener como horizonte los cargos que ocupará como funcionario. Están, desde luego, las excepciones; algunos se convierten en buenos analistas y da gusto oír las exactas profecías con que Fernando Platas se adelanta a los jueces de clavados. En muy pocos países las turbulencias deportivas se transmiten de manera simultánea en dos canales abiertos. Para los medios, la competencia no está en las pruebas de pista y campo sino en la publicidad. Aunque la disputa mercantil es obvia, se disfraza a través de extrañas formas del "entretenimiento" (el albur basado en la discriminación y los complejos sexuales) y de la exaltación del patriotismo. Las televisoras han inventado una variante de la guerra civil que consiste en pelearse para querer más a un mismo país. Como los atletas no siempre aportan méritos, se dedican al fervor patriotero. Un comentarista dijo que la bandera mexicana es "la más bonita del mundo". ¿No basta que sea la nuestra?

La crítica aparece poco en la pantalla chica porque vulnera el nacionalismo integrista. Esto incluso se extiende al público. Mucha gente teme "quedar mal" si dice que esperaba más de sus atletas. Lo correcto parece ser la resignación cósmica: "los muchachos hicieron lo que pudieron". ¿Y qué dicen los protagonistas? Jorge Marrón publicó en Cancha un espléndido reportaje en el que recoge las excusas de los atletas. Sabemos que en México admitir un error es peor que cometerlo. Vivimos en un país donde una editorial nunca se atrasa sino que le falla la imprenta. Fieles a esta tradición, los nuestros rehuyeron responsabilidades. Conviene repasar el rico acervo de pretextos. Lo peor es que los hemos oído en otras circunstancias. Ahí está el caso de quien convierte su fracaso en motivo de orgullo: "Terminé la carrera, corrí con el corazón y me quedo satisfecho porque di mi 100 por ciento", dijo el ciclista Moisés Aldape, tritón del esfuerzo que por desgracia llegó en lugar 47. Por su parte, Marisela Cantú destacó su magnífica preparación: "Entrené muy bien, nunca había hecho tantos ejercicios completos de barras seguidos y perfectos". Esta plenitud contrasta con el lugar obtenido: 56. ¿Qué pasó? "En México nunca me caía como aquí", afirmó la gimnasta que tuvo problemas con la fuerza de gravedad china.

También está el caso de quien prefiere recordarnos que a China se puede ir por oro como Usain Bolt, por pólvora como Marco Polo o por estar ahí como Mariana Cifuentes, lugar 17 en nado sincronizado: "Nunca pensamos en calificar a la final, ni lo teníamos contemplado". Sabemos que al marchista éder Sánchez se le indigestó el espagueti, retrasándolo hasta el inesperado lugar 15, y que a Fabiola Corona le jalaron los pies en el agua antes de ser descalificada en triatlón. Sólo algunos, como Gabriela Medina, que alcanzó la semifinal en 400 metros, se atrevieron a decir: "Estuve mal".

Ante tanta evasiva destaca, una vez más, la actitud de Ana Gabriela Guevara en las Olimpiadas de Atenas. Era la mejor corredora en su especialidad y luchaba contra una lesión. Cuando obtuvo la plata, comentó que había fracasado. Su única meta era la excelencia. Woody Allen ha dado a conocer fragmentos del diario que escribió mientras rodaba su más reciente película, Vicky Cristina Barcelona. Scarlett Johansson llegó a preguntarle antes de una escena: "¿Cuál es mi motivación?". La actriz se refería al personaje que, para esas alturas, ya debía tener dominado. El director le contestó: "Tu salario".
Cuando un protagonista pregunta "¿por qué estoy aquí?", deja de serlo. Demasiados paisanos llegaron a las Olimpiadas con cara de "¿era para hoy?".

"éste es el nivel que tenemos en México", dijo Juan Carlos Romero al llegar 29 en los 10 mil metros. ¿Es necesario ir a China para demostrarlo?



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