Era evidente que el pri, a pesar de lo que muchos creían, no iba a rechazar la reforma del espurio. Tan sólo la iba a maquillar.
Una vez más se pone en evidencia la mancuerna pri-pan y por más que haya priistas que tal vez no estén de acuerdo con esto, son las cúpulas la que definirán el camino a seguir. Y cuidado, porque también puede haber perredistas que apoyen las reformas del espurio.
La privatización panista disfrazada de priísta
La iniciativa de reforma energética presentada ayer por el PRI no le causó malestar alguno al PAN. Por el contrario; Georgina Kessel, secretaria de Energía de Felipe Calderón, dijo que hay más coincidencias que diferencias entre la iniciativa priísta y la iniciativa panista. Y el líder del PAN en el Senado, Gustavo Madero, de igual forma vio la iniciativa con buenos ojos, dijo que no es contraria a la que presentó Felipe Calderón y hasta sugirió que el PAN y el PRI podrían aprobar de manera conjunta la reforma energética.
Y es que ambas iniciativas, la panista y la priísta, son prácticamente lo mismo: la entrega de Pemex a la iniciativa privada, afectando de manera severa a los intereses de la nación y poniendo en riesgo la soberanía nacional.
Por principio de cuentas la iniciativa del PRI permite la participación de la iniciativa privada, sea ésta nacional o trasnacional, en la exploración petrolera -la cual incluye las aguas profundas del Golfo de México- y en todo el resto de los aspectos de la cadena productiva de Pemex mediante un esquema similar a los contratos de servicios múltiples, los cuales son inconstitucionales.
En segundo lugar, la propuesta del PRI crea una fachada para que se permita la participación de la IP en la refinación, control de ductos y almacenamiento de hidrocarburos. Esta fachada consiste en la creación de nuevas empresas filiales de Pemex (es decir, nuevas paraestatales) que se manejarán bajo un manejo laboral distinto al de Pemex -como empresas privadas, pues- sin que se asegure la participación del personal de Pemex en éstas. Esta fachada lo que hace es esencialmente maquillar la participación de la IP. Lo peor es que el PRI pretende hacer esto teniendo como referente inmediato las privatizaciones de diversas paraestatales durante los gobiernos priístas de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo.
En otras palabras, la iniciativa del PRI facilita la privatización del sector energético mediante la implementación de nuevas paraestatales que se podrían vender a futuro. O dicho de otra manera, mientras que la propuesta del PAN le entrega Pemex directamente a la IP, la propuesta del PRI pospone esta entrega un poco y tratando de guardar las apariencias.
(Entre paréntesis cabe mencionar que los medios manejaron la nota de la iniciativa del PRI como si de verdad impidiera que la IP participara en refinación. Esto es falso. No sólo sí lo permite, sino que además crea el pretexto perfecto para hacer una privatización de facto: vendiendo las nuevas paraestatales en un par de sexenios -o antes.)
Y finalmente, la propuesta del PRI no modifica la propuesta de Felipe Calderón para crear un consejo administrativo de Pemex que tome las decisiones sobre a quién otorgarle contratos. Este consejo ha sido denunciado como un intento de control de las decisiones de Pemex por parte de la IP.
Se trata, por lo tanto, de exactamente la misma iniciativa, pero maquillada para que la intención que tiene de entregarle Pemex a la iniciativa privada no sea tan evidente.
Los medios han enfatizado que con la propuesta del PRI no se le pagaría a la IP por trabajos de exploración con reservas petroleras, sino en efectivo. Pero esto resulta una tomada de pelo ya que a las transnacionales lo que les importa no son las reservas petroleras, sino las ganancias.
Para ejemplificar esto basta con ver el caso de la transnacional holandesa Shell, cuyo jefe de exploración y producción, Malcolm Brinded, declaró en abril de 2008 que la petrolera estaba interesada en los nuevos cambios en la legislación mexicana ya que el interés de Shell no es necesariamente en el petróleo en sí, sino en “las ganancias”. ¿De dónde saldría el efectivo para pagarle a Shell por hacer, por ejemplo, trabajos de exploración en aguas profundas del Golfo de México? Pues de la renta petrolera. ¿Qué más da entonces si no se le paga con reservas petroleras si finalmente se les paga con las ganancias de estas reservas?
Quien gana con las iniciativas privatizadoras del PRI y del PAN, por lo tanto, no es México ni los mexicanos, sino las transnacionales que están desesperadas por las ganancias que se les esfumaron cuando otros países les cortaron el acceso a sus hidrocarburos.
Una verdadera reforma energética que de verdad fortalezca a Pemex simplemente le tendría que permitir usar a la paraestatal los excedentes petroleros y las ganancias de la propia paraestatal para para inversión interna en refinerías y en exploración propias. Pero para hacer esto se tendría que acabar con los privilegios fiscales que forzan a Pemex a pagar por los impuestos que las grandes empresas no pagan. El problema es que ni el PRI ni el PAN tienen ni el patriotismo ni los tamaños para hacer esto, por lo cual les resulta más fácil venderle Pemex a los que ya de por sí saquean a la nación.
RESPUESTA A CARLOS SLIM
Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo, declaró ayer que Pemex necesita de la participación de la iniciativa privada. Le respondo: Señor Slim, en el momento en el que su empresa Telcel deje de cobrar practicamente el doble de lo que cobran en Estados Unidos por el servicio de iPhone con uso ilimitado de datos, en ese momento le voy a creer que Pemex necesita de la iniciativa privada. Antes no.
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