sábado, marzo 29, 2008

Partidos disfuncionales
Con ser en estos días el más espectacular en su género, el problema del PRD no es una excepción, sino la regla dentro del actual sistema político mexicano, donde todos los partidos se caracterizan por fallas profundas, desde los tres grandes -PRD, Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Partido Acción Nacional (PAN)- hasta los pequeños y de reciente creación, como lo demuestra la violenta fractura que acaba de tener el Partido Alternativa Socialdemócrata. En estas condiciones no es de extrañar que el supuesto cambio de régimen en el 2000 no haya sido lo que se suponía y que en lo político el país se mantenga a flote asido a los altos ingresos de la renta petrolera, pero sin dirección real, sin un consenso básico, al garete. […] Si el PRD que estuvo a un paso de llegar al poder es hoy un desastre, la situación en los otros dos grandes partidos es apenas diferente. El PRI vuelve a tener perspectiva, pero no por ser portador de un proyecto de futuro -su esencia sigue siendo el oportunismo- sino por las incapacidades del PAN como partido gobernante. Por decenios el PAN se presentó como la antítesis del PRI, pero lo ha hecho un aliado imprescindible. A cambio de que el PRI entregara su apoyo al PAN en momentos críticos -el desafuero de Andrés Manuel López Obrador o el reconocimiento de la cuestionada victoria de Felipe Calderón-, el Gobierno ha hecho fluir los recursos petroleros a los gobernadores priistas, que son ya señores de sus feudos y donde Mario Marín y Ulises Ruiz son casos extremos de impunidad, pero no únicos. […] Por generaciones, los panistas vivieron marginados y sólo la precariedad del salinismo hizo posible que en 1989 se le reconociera a ese partido su primer triunfo estatal: Baja California. Fue entonces, y bajo la batuta de un personaje que es la antítesis de Manuel Gómez Morín -Diego Fernández de Cevallos-, el PAN cogobernó desde las sombras, pero justo cuando su candidato se hizo con la Presidencia, el partido fue marginado. En efecto, Fox prefirió gobernar con personajes tan inesperados como su esposa, con no panistas como Francisco Gil Díaz o Jorge G. Castañeda, con panistas de cuño muy reciente como Santiago Creel o de plano con priistas, como Elba Esther Gordillo. El resultado final fue un desastre para el supuesto proyecto democrático del PAN -y del país- y aunque ese partido se quedó con Los Pinos, su espíritu original ya se desvaneció. Lorenzo Meyer, AGENDA CIUDADANA; REFORMA / El Norte, Marzo 27 / 2008

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