POR ALFREDO JALIFE-RAHME
(Exclusivo para Voces del Periodista)
Se avecinan tiempos difíciles para el destino de México, que puede perder su viabilidad como país libre, independiente y soberano en caso de que el decadente calderonismo -la fase terminal del cataclísmico neoliberalismo "mexicano"- consiga su propósito avieso de rematar la última riqueza nacional: los hidrocarburos.
El debate sobre la desnacionalización de PEMEX lo está perdiendo el calderonismo: la síntesis del lopezportillismo (v.gr. los hijos de Reyes-Heroles), el delamadridismo (v.gr. Labastida Ochoa y Gamboa Patrón), el salinismo, el zedillismo y el foxismo. Las encuestas diversas más recientes apuntan a más del 70 por ciento del repudio nacional que se ha pronunciado patrióticamente, lo cual rebasa más del 80 por ciento cuando se agrega el factor de "asociación con extranjeros".
Así las cosas, pese a la intensa campaña de desinformación multimediática controlada en prácticamente el 99 por ciento por el decadente calderonismo, la ciudadanía mexicana rechaza la desnacionalización de PEMEX.
Sin embargo, no hay que cantar victoria ya que los organismos internacionales como el FMI, la embajada de EU en México, la revista británica The Economist y la calificadora estadounidense Standard & Poor´s, como han manifestado públicamente, exigen la desnacionalización de PEMEX para extraer suculentos dividendos en las profundidades del Golfo de México que concentran las terceras reservas más importantes del continente americano, a decir del periódico británico The Independent.
Pero no es necesaria tanta presión foránea porque los entreguistas neoliberales del PRI y del PAN se acuestan con el enemigo, como reza la película.
En este contexto destaca la figura controvertida a sus cortos 36 años del gallego Juan Camilo Mouriño Terrazo (el apellido materno es textual, no es albur), el favorito de Calderón Hinojosa en el seno del gabinete, y quien detenta anticonstitucionalmente la poderosa Secretaría de Gobernación. Mouriño Terrazo acaba de ser denunciado, no precisamente por la revista Quién -quien lo exhibió en sus conspicuas frivolidades naturales de su inmadura edad-, sino primordialmente por el líder máximo de la oposición: AMLO, quien lo ha acusado de ser un traficante de influencias al haber conseguido en adjudicación directa suculentos contratos petroleros y gaseros para su familia gallega.
Las pruebas le fueron entregadas a Javier González Garza, el líder de la bancada perredista en
Por cierto, ese día doblemente histórico por
El duopolio neoliberal PRI-PAN no se atreve a dar la cara a la luz pública y como ahora se dice en forma coloquial, opera hipócrita y cobardemente en lo "oscurito" para entregar PEMEX a las transnacionales texanas e hispanas que avalaron el fraude electoral de Felipe El Brevísimo. Hizo muy bien AMLO, ante
En este tenor, a Felipe El Breve se le calienta la caldera en general de los hidrocarburos -desde su batalla perdida contra los cárteles del narcotráfico y que intenta aminorar mediante pueriles eufemismos futbolísticos (sus famosos "goles", que están resultando más bien "autogoles")-, pasando por el grave deterioro de la situación social interna donde brilla más que nunca el desempleo y el empobrecimiento generalizado, hasta la próxima recesión estadounidense que golpeará severamente la economía del país, y que puede poner fin a su breve régimen cuando converjan todos los focos incendiados para crear un super-fuego.
Ni somos brujos aprendices ni pretendemos ser aves de mal agüero, pero el futuro de Felipe El Breve se juega como nunca este año. No entendió que su labor constructiva radicaba más bien en colocarse como presidente interino y en el pecado de la soberbia lleva la penitencia cuando olvidó no solamente que el país estuvo al borde de una guerra civil a finales del 2006, sino que fue colocado en forma grotesca y con calzador militar en la presidencia de Los Pinos. Aún aceptando el fraude electoral por un poco más de medio punto, según la nigromancia del pésimo mago Ugalde, ex presidente consejero del fétido IFE, Felipe El Brevísimo no cuenta ni con la legitimidad ni con el mandato para desnacionalizar a PEMEX. Su postura violenta no solamente el orden social sino que pretende alterar la verdadera correlación de fuerzas en las calles que ningún ejército del mundo podrá aplacar, sobretodo cuando se sabe que las fuerzas armadas mexicanas, no solamente son nacionalistas sino que más aún, no cuentan con el número suficiente para poder aplastar el cántico patriótico de una revuelta popular por la defensa de su último patrimonio que le queda después de miles y de privatizaciones y privaciones neoliberales.
México vive ya desde ahora momentos históricos que pueden ser fatídicos o gloriosos, si los actores no se percatan de la dimensión geopolítica de lo que está en juego, porque como lo ha expresado diáfanamente AMLO, "la patria no se vende, se defiende", y no se ve cómo, los Beltrones, los Labastidas, los Gamboas, los Creel, los Camarillos, y toda la fauna entreguista, pueda concretar la desnacionalización de PEMEX sin una reacción viril del México profundo que hoy representa AMLO.
La fauna neoliberal del PRI y del PAN equivocan sus ecuaciones cuando pretenden que por la vía militar puedan imponer el veneno entreguista a toda la nación que ya dispone de su antídoto: la resistencia civil pacífica en escalada. Peor aún, olvidan que fue un General quien nacionalizó los hidrocarburos. Un General: de apellido paterno Cárdenas y de apellido materno Del Río.
Los dados están echados. Las líneas rojas han sido trazadas. Los jugadores conocen sus alcances. Pero que no se equivoquen: vencerá de nueva cuenta el México patriótico.
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