EDITORIALISTAS DE LA JORNADA
La experiencia Venezuela-Exxon y las “asociaciones”
El domingo pasado se publicó en estas páginas amplia información sobre la pugna de la trasnacional Exxon Mobil (antes Standard Oil of New Jersey y Standard Oil of New York, que fueron ambas parte de Standard Oil Company) con Venezuela y su compañía pública petrolera, PDVSA. Esta experiencia, como también se señala en esa entrevista, muestra el grave error que representan los convenios o contratos de Petróleos Mexicanos (Pemex) con empresas trasnacionales.
Las declaraciones oficiales defendiendo que por ley se puedan dar asociaciones de Pemex con empresas privadas, que principalmente serían extranjeras, en realidad ocultan lo que ha pasado. Ya se han firmado diversas formas de asociación, y lo que quieren es legalizarlas después de haberlas firmado, y además ampliar su campo de acción. Los contratos de servicios múltiples en realidad incluyen obras públicas, pero violan la ley de obras públicas federal, y entonces les llaman de servicios. Otros contratos han encomendado a trasnacionales actividades de la industria petrolera, a pesar de que el artículo 27 de la Constitución dice que:
“Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos o de minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que en su caso se hayan otorgado y la Nación llevará a cabo la explotación de esos productos, en los términos que señale la Ley Reglamentaria respectiva.”Leer más...
El Despertar
El petróleo como catalizador
La intentona de desnacionalizar Petróleos Mexicanos va a provocar una reacción política: pondrá en relieve a los verdaderos contrincantes. Cuáles son sus proyectos, estilos y motivos. Andrés Manuel López Obrador se consolidará como el único opositor efectivo. La mayoría de los partidos están plegados al eje discursivo y a las iniciativas de Calderón. AMLO y su movimiento tienen una oportunidad para dramatizar su proyecto alternativo y las incongruencias y peligros del proyecto conservador vigente desde 1985.
La posición de López Obrador es contundente: propone se reconozca la importancia estratégica, vital del petróleo para el desarrollo y la soberanía. Su valor principal es político. Palanca para mover la economía y condición para negociar un bien cada vez más escaso y costoso. Sostiene que la industria petrolera tiene que mantenerse integrada y que la meta no debe ser venderla, sino rescatarla y reorganizarla, y demuestra con argumentos técnicos y financieros que esto es posible.
Calderón y sus aliados no dicen qué quieren. Emiten declaraciones contradictorias. Mienten al decir que no intentan privatizar. Confían en una ofensiva de medios que adormece las conciencias y confunde a la opinión pública. Todo el mundo sabe que existe un proyecto privatizador. ¿Por qué tanta hipocresía, tanta cobardía? Porque no podrían ganar un debate. Confían en un arreglo en la trastienda parlamentaria con el PRI a cambio de ventajas inconfesables para los cómplices. Quieren sorprender al pueblo que rechaza la privatización en 70 por ciento.
¿Qué mueve a los reaccionarios a lanzarse en la aventura en el momento más inoportuno cuando se inicia una crisis económica?
Podría pensarse que requieren con desesperación recursos. Fox despilfarró los excedentes del petróleo en gasto corriente. Calderón está en la misma línea. Pemex podría refinanciarse con sus propios recursos. Los ahorros con la producción de gasolinas que hoy se importan significarían miles de millones de dólares para el Estado. ¿Es algo ideológico? No: el dogma neoliberal no prescribe la eliminación de la rectoría del Estado. El verdadero motivo es consolidar el apoyo del gobierno y los grupos de interés de Estados Unidos para que garanticen que el núcleo conservador que se ha apoderado del control político sobreviva más allá de este sexenio. Es un acto de traición a la patria; sin el control de los hidrocarburos México quedaría a la deriva y su destino manifiesto sería convertirse en un protectorado.
La verdad son los hechos y no su explicación
No cabe duda de que si algo ha sobrado a Felipe Calderón y a su equipo son las explicaciones y justificaciones de la situación por la que atraviesa el país, así como los anuncios de grandes proyectos que llevarán a México al tan anhelado crecimiento económico.
Y señalo lo anterior en virtud de que durante la semana que termina el autodenominado “presidente de la estabilidad y el empleo” anunció con bombo y platillo la asociación de Petróleos Mexicanos (Pemex) con la empresa Industrias Derivadas de Etileno (Idesa) para la construcción de una planta petroquímica que producirá etileno.
A decir de Felipe Calderón, el proyecto requerirá una inversión de mil millones de dólares y generará aproximadamente 6 mil quinientos empleos; sin embargo, omitió señalar que el anuncio no es más que la redición del malogrado Proyecto Fénix, el cual fue cancelado durante la administración de Vicente Fox.
Hay que recordar que el 13 de noviembre de 1996 se reformó la ley reglamentaria del artículo 27 constitucional en el ramo del petróleo, quedando especificados aquellos productos considerados como petroquímicos básicos, los cuales sólo podían ser producidos por la nación, y los secundarios, que podían ser producidos por particulares.
El etileno es un petroquímico que quedó definido como secundario, por lo que desde ese entonces está permitida su elaboración por parte de particulares.
Así fue como a Vicente Fox se le ocurrió que, dado que la ley permitía la elaboración privada de este petroquímico, fuese Pemex en asociación con particulares los que elaboraran dicho compuesto, el cual vale decir es el principal insumo para la elaboración de plásticos y otros petroquímicos.
Por ello, en mayo de 2003 Pemex Petroquímica inició la promoción del Proyecto Fénix, durante la cual identificó a 20 empresas potencialmente interesadas en ese proceso, y la culminó el 21 de octubre de 2004 con la selección de tres socios estratégicos en ese momento: Grupo Idesa, Indelpro y Nova Chemicals Corporation.
El proyecto no se concretó, entre otras cosas, porque Idesa e Indelpro nunca se pudieron poner de acuerdo sobre la ubicación del futuro complejo, ya que el primero pretendía desarrollarlo en Coatzacoalcos, Veracruz, mientras el segundo (filial de ALFA) proponía Altamira, Tamaulipas.
Sin embargo, gracias a esas discusiones trascendió que el principal obstáculo fue que entonces la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se negó a subsidiar el precio del gas que sería vendido al Proyecto Fénix para producir el etileno, porque se trataba de un subsidio de casi 300 millones de dólares anuales que recaería finalmente sobre los contribuyentes.
Por eso resulta lógico preguntarse por qué razón, si desde 1993 está permitida la elaboración de etileno para los particulares, ninguna empresa privada ha entrado a producirlo. Más aún, en la actualidad Petróleos Mexicanos es el único productor de etileno, controla el 100 por ciento del mercado y, a pesar de ello, Pemex Petroquímica cerró desde 2006 dos plantas productoras de etileno, una en Pajaritos y otra en Poza Rica.
Esto suena por demás absurdo, no sólo para muchos mexicanos, sino también para muchos ingenieros de Pemex que se preguntan las razones que llevan a una empresa a cerrar dos plantas productoras de un petroquímico que es insumo para fabricar plástico y del que son los únicos productores en el país.
¿Será que la verdadera razón de la asociación anunciada por Felipe Calderón entre Pemex e Idesa no es la creación de empleos o el desarrollo de infraestructura, sino más bien el interés de la empresa privada por obtener la materia prima (gas natural) para la producción de etileno a precios subsidiados, robarle el mercado a Petróleo Mexicanos y con ello continuar acabando con el potencial de ingresos en materia de petroquímica en el país?
En otras palabras, la asociación de Pemex con Idesa garantizará a ésta última la obtención gratuita del gas natural; o mejor dicho, la paraestatal pone el gas natural e Idesa se lleva las utilidades de la venta del etileno.
Peor aún si consideramos que Pemex cuenta con recursos suficientes para invertirlos en una nueva planta productora de etileno y que si acaso no los tuviera puede obtenerlos a través de financiamientos, ya que el mercado de su producto está garantizado, además de que no existen barreras de tecnología como se aduce en el caso de la perforación profunda.
Así, el proyecto anunciado por Felipe Calderón es en sí mismo el ejemplo más actual de lo que ha venido sucediendo en los últimos años en el sector energético del país: la materialización de una asociación delictuosa entre empresas privadas y gobierno contra el patrimonio de la nación. Es, en pocas palabras, la transferencia de la renta petrolera a los particulares, con el argumento de que se hace en beneficio de los mexicanos, olvidando que la verdad son los hechos y no las explicaciones.
Por ello debemos preguntarnos quién será el mayor beneficiario de esa asociación: ¿Pemex y los mexicanos o Idesa y sus accionistas?
* Secretario de la hacienda pública del “gobierno legítimo”
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