jueves, 13 diciembre 2007
María Teresa Jardí
"Lo que me preocupa no es mi salud. Mi salud pasa a un segundo o tercer plano. Lo que me preocupa es la salud de la democracia en Brasil donde ni la justicia es respetada", dice el obispo franciscano, Fray Luis Cappio, de la Diócesis de Barra, al cumplir 16 días de "ayuno y oración", como una forma de lucha contra el megaproyecto hidráulico con el que se busca privatizar el agua del Río San Francisco, para abaratarla para las empresas y encarecerla para el pueblo, junto con la electricidad, tan necesaria.
Lo mismo que hicieron aquí con el Río Grijalva, para construir la presa que abrieron en Tabasco al costo, y sin avisar ni prevenir, de inundar la Villahermosa de los pobres. Con lo que los pobres lo perdieron todo. Pero con lo que se hizo felices también a los rescatados banqueros y a las privatizadas empresas que se van convirtiendo en las dueñas de la luz en México. Un pago más por haber contribuido al fraude electoral con el que el TRIFE legalizó los gobiernos de facto, usurpadores, en México.
Mirador
jueves, 13 diciembre 2007
Raúl Moreno Wonchee
Venezuela, ¿paso atrás?
Con todo y el sesgo doméstico que resultó mezquino, la felicitación del presidente Calderón al presidente Chávez por su "enorme valor" al haber reconocido su derrota en el referéndum aunque haya sido por poco margen, algún efecto positivo tuvo en el propósito del gobierno mexicano de mejorar sus relaciones con el de Venezuela. Pero cuando Calderón levantó polvo de aquellos lodos al congratularse porque se puso "un freno muy significativo a un proceso muy peligroso y que es de preocupación internacional", exhibió incongruencia con ese propósito e incurrió en injerencismo contrario a los principios constitucionales de política exterior. Lamentable tropiezo con la misma piedra que Fox lanzó una y otra vez para servir a un gobierno extranjero.
Por fortuna, el oficio del embajador Roy Chaderton impidió que la pifia se convirtiera en una nueva controversia que obstaculizara la normalización de esas relaciones precisamente cuando el mundo entero ha podido constatar que Venezuela cuenta ya con un régimen político democrático capaz de resolver institucionalmente la extrema polarización originada en las profundas transformaciones revolucionarias que están teniendo lugar en la patria de Bolívar, y de evitar la desestabilización política que pudiera llevar al golpe de estado y aún a la intervención militar norteamericana.En efecto, Venezuela tiene un régimen político sustentado en una Constitución democrática que no sólo mantiene sino ha perfeccionado los procedimientos electorales y la división de poderes, además de garantizar plenamente las libertades individuales en el marco de la democracia representativa, pero que lo ha trascendido al rescatar derechos nacionales y establecer derechos sociales y nuevas formas de participación popular en el control y ejercicio del poder. Constitución que se originó y fraguó en el proceso de cambios y transformaciones que ha encabezado el presidente Hugo Chávez. La Constitución fue aprobada en su momento por la mayoría del pueblo venezolano, ha obtenido el reconocimiento de prácticamente toda la sociedad y le da al nuevo Estado Bolivariano el sustento de una democracia avanzada que busca la liberación nacional y social de Venezuela a través de mecanismos establecidos en la propia carta constitucional mediante fórmulas jurídicas y legales cuya aprobación es sometida a procedimientos democráticos exhaustivos.
De eso se trató el referéndum del otro domingo. Quizá el error que condujo a que una leve mayoría de votantes derrotara la propuesta del Presidente de la República fue que metió en el mismo paquete las reformas económicas y sociales y la reelección presidencial ilimitada, lo que permitió a los opositores ganar base electoral en un antirreeleccionismo cultivado en antecedentes históricos negativos, e inhibió de acudir a las urnas a un amplio sector del pueblo que en anteriores ocasiones votó por Chávez.Leer más...
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