La reacción del reyezuelo borbónico franquista pone en evidencia que siente un gran respeto por el fascista Aznar o le molesta algo o mucho del presidente Chávez, quien si fue elegido democráticamente lo que no es el caso del borbónico franquista quien vive con gran lujo a costa del pueblo español. Más sorprendente, aunque pensándolo bien no tanto, fue la reacción de Zapatero, alias el bambi. Su defensa casi apasionada por ese esperpento llamado Aznar es verdaderamante ridícula. Lo que pone en evidencia que la izquierda que encabeza bambi en España es la misma que en México se quiere autodefinir como “nueva izquierda” y que no es otra cosa que una derecha, que promueve y defiende a ultranza la inversión extranjera (cueste lo que cueste), el neoliberalismo y la democracia manipulada, entre otras cosas. Ahora el argumento de que él defendió al burro de Aznar porque es su compatriota es muy infantil por no decir idiota.
México SA
Gran error del rey de España y Zapatero
¿Defendieron la ética golpista de Aznar contra Chávez?
La mejor cara de una democracia no es precisamente una monarquía, ni la mejor defensa de la primera puede surgir de la segunda. ¿Qué hace España con el rey Juan Carlos al frente del Estado? Quién sabe. Sólo los equilibrios o las inercias políticas de los españoles podrían ofrecer una respuesta medianamente creíble.
Se entiende, pues, que el monarca defienda a uno de sus súbditos preferidos, por provenir de la misma escuela –el franquismo–, pero lo que sí es increíble es que el presidente Zapatero, que se llama socialista, salga a poner la cara por un personaje tan nefasto y aberrante como lo es José María Aznar, un fascista aquí, en España, Venezuela o donde le agarre el día.
Por Aznar, el pueblo español se vio inmerso en la invasión estadunidense a Irak, cuando el propio pueblo español, por mayoría abrumadora, dijo un tajante No a la aventura militarista de George W. Bush, y ordenó a su gobierno actuar en consecuencia. Pero el entonces jefe de gobierno se pasó la directriz por el arco del triunfo, entregándose plenamente a las decisiones de la Casa Blanca, en una decisión abiertamente contraria a cualquier norma democrática, pero en primera línea con los principios fascistas.Leer más...
Los incidentes en la cumbre iberoamericana “validan” la reunión, señalaEditorial de la Jornada
España: injerencias no explicadas
Tras la agitación en la clausura de la Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, en la que el rey de España, Juan Carlos de Borbón, intentó callar con malas maneras al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es preciso ir más allá de los encontronazos verbales y ver que detrás de ellos hay un redimensionamiento inexorable de la presencia española –política, diplomática y económica– en nuestro hemisferio.
Por principio de cuentas, sería necio desconocer que, tras la muerte de Franco, la antigua metrópoli desempeñó un papel positivo en América Latina, asolada entonces por sangrientas dictaduras militares alentadas desde Washington. Durante los años 80 del siglo pasado, España fue, junto con Francia, un contrapeso –pequeño y a veces tímido, pero siempre reconfortante– a los intereses hegemónicos de Estados Unidos en la región y tierra de asilo para opositores perseguidos.
En la década siguiente, conforme se colapsaban los regímenes militares en este lado del Atlántico y las nacientes democracias enfrentaban los saldos de desastre, se produjo una notable expansión de las inversiones peninsulares en América Latina. El flujo de capitales correspondiente resultó importante para la recuperación de economías devastadas por la crisis de la deuda externa.
El avance de la integración española a la Europa comunitaria y la llegada de los posfranquistas del Partido Popular (PP) a La Moncloa implicó un realineamiento de la percepción de Latinoamérica en los órganos del Estado español. Desaparecieron los matices que diferenciaban a Madrid de Washington y los países de este hemisferio dejaron de ser vistos como parte de un universo idiomático y cultural común para ser considerados mercados, en los cuales era preciso aplicar las normas de rapiña y depredación características del modelo globalizador en curso. A medida que las economías salían del amargo trance de fin de siglo, de este lado del mar se cayó en la cuenta que las trasnacionales españolas, ya por entonces con fuerte presencia regional, no eran menos voraces ni menos implacables que las estadunidenses.
La rapacidad de las grandes corporaciones peninsulares –especialmente las que tienen intereses en los sectores hídricos y energéticos– les ha generado conflictos de diversos grados con gobiernos de Argentina, Bolivia y con las sociedades de casi todos los países en los que tienen presencia.
Ante el surgimiento de gobiernos latinoamericanos con propuestas económicas alternativas al Consenso de Washington y con políticas exteriores independientes, el gobierno que encabezaba José María Aznar emprendió una política de abierta injerencia para favorecer a las fuerzas derechistas de este lado del Atlántico. En el encuentro de anteayer, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, dio cuenta de cómo, ya en tiempos de Rodríguez Zapatero, en la embajada de España en Managua se conspiró para impedir el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional, lo que generó por segunda vez la ira del jefe del Estado español, quien abandonó con rudeza la sesión.
Ayer Chávez recordó que el gobierno de Aznar participó en la conjura que desembocó en el fallido golpe de Estado de 2002, que por un par de días alejó al presidente venezolano del poder. El ex jefe del gobierno español buscó, además, inducir a varios países latinoamericanos –con especial énfasis México y Chile– a la catastrófica y criminal aventura bélica de Estados Unidos en Irak (y antes en Afganistán), faltando con ello al elemental respeto a las soberanías nacionales y a las facultades exclusivas de cada país de fijar su política exterior.
No hay que equivocarse: no es que Chávez u Ortega le hayan colmado la paciencia al rey de España, es que algunos gobiernos de este hemisferio han sido demasiado pacientes ante el intervencionismo español.
Ahora resulta fácil imputar al cavernario Aznar las responsabilidades por estos actos hostiles, inadmisibles y contrarios a la legalidad internacional; sin embargo, el ahora destemplado Juan Carlos de Borbón, en su calidad de jefe de Estado y responsable máximo de la política exterior de su país, no puede eludir su responsabilidad en las tropelías cometidas por el gobernante defenestrado luego de los atentados del 11 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid.
Las autoridades españolas le deben una explicación a los gobiernos y pueblos de Venezuela y Nicaragua, deuda que posiblemente se quedará pendiente por tiempo indefinido, habida cuenta de la arrogancia y el desdén hacia América Latina que imperan en las altas esferas políticas de Madrid.
Astillero
La reconquista
Negocios son negocios: PSOE y PP
Las injerencias del cruzado Aznar
¿El rey apoyó el golpe vs Chávez?
El reyecito zapatero/aznar ha metido realmente el regio choclo al pretender instalarse a gritos en escenarios de democracia cuando él es considerado por una parte de sus paisanos como carísima reminiscencia parásita de una historia imperial bastante desfondada y cuando ha pretendido imponer reglas de protocolo palaciego por castas (¡callaos, bellaco!) en una reunión moderna de iguales. Juan Carlos descompuesto y desorbitado porque se topó en Santiago de Chile con una realidad política que se rebela a los intereses económicos de los inversionistas peninsulares que pretenden la reconquista de América y a la paralela política injerencista que promueven tanto los “socialistas” de Felipe (González, no Calderón) y José Luis Rodríguez Zapatero como los del Partido Popular con Mariano Rajoy como líder formal en casa y José María Aznar como cruzado trasatlántico bajo financiamiento de Washington.
Enojos solidarios y cerrar de filas (¿Aznapatero? ¿zapaznar? ¿Juaznar Carlos? ¿Juan Capatero?). Tres personas distintas y un solo dios verdadero: el interés expansionista de una España que ha ido extendiendo en Latinoamérica redes empresariales y proyectos de dominación política, con dos embajadores plenipotenciarios en acción: el “socialista” Felipe González Telcel, que con despliegues teóricos presuntamente progresistas va por las tierras en proceso de recuperación lubricando golpes y haciendo alianzas con empresarios e intelectuales (ahora es el representante del reino de España para conmemorar las independencias nacionales latinoamericanas), y el explícitamente derechista José María Aznar, quien sabidamente apoyó la intervención armada injusta e irracional de Estados Unidos en Irak y pretendió culpar a ETA de un atentado terrorista en vísperas de elecciones que a causa de esa mentira se le volvieron en contra.
Pero, ¿Aznar fascista? Bueno, cuando menos, confesamente, injerencista en asuntos de política latinoamericana, según dijo él en febrero de 2006 a la reportera Antonieta Cádiz, de El Mercurio de Chile. En esa ocasión, el ex presidente español dio a conocer una especie de Plan para las Américas al declarar su esperanza de que “la marea populista se detenga. Alguien la tiene que parar, alguien tiene que decir que ése no es el camino. Yo estoy dispuesto a hacerlo, y sé que hay muy buenos amigos en Iberoamérica dispuestos a trabajar también. Entonces, vamos a ver si nos organizamos y lo hacemos”. En México se conocieron los efectos de las políticas de reconquista diseñadas por Aznar en Washington, donde cumple tareas de corte académico: el propio José María vino a México a invitar a los ciudadanos a votar por Felipe Calderón, en un acto violatorio de la Constitución, y un español asociado al Partido Popular (Antonio José Solá Reche, accionista de Desarrollo y Operación de Campañas S A de CV) instaló en México las semillas de la división y el odio sociales con campañas propagandísticas negativas como responsable de la “imagen” de quien desde entonces y hasta ahora ha mantenido como su principal operador, virtual vicepresidente, a alguien nacido en Madrid, Juan Camilo Mouriño, que obviamente se esmera en abrir puertas y facilitar negocios a sus paisanos. En México, los españoles están consolidando negocios turísticos en playas que son reservadas para uso de extranjeros, tienen proyectos e inversiones en el océano de corrupción que es el ámbito de los energéticos, en especial en electricidad y petróleo, y han dado cabida a familiares incómodos del calderonismo como en el caso de PRISA, consorcio que tiene como punta de lanza el diario El País, y que nombró con el sexenio a Juan Ignacio Zavala como segundo hombre de Editorial Santillana, que busca imprimir los gratuitos libros mexicanos de texto.
Las naves de la reconquista española han mostrado de tal forma su condición bucanera que en la reciente cumbre iberoamericana no sólo se produjo la mención de “fascista” a Aznar, que de sus casillas sacó al rey y obligó a Zapatero a reconocerse en trincheras contiguas a las de Aznar, sino también denuncias fuertes como las del presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien en sesión privada habría descrito a los empresarios españoles como “carroñeros” y habría dicho que “roban a los ciudadanos” (según Gerardo Díaz, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales) y señalamientos críticos del argentino Néstor Kirchner y del propio Hugo Chávez, quien tachó de golpistas a los patronos hispanos.
Y, dado que el que se enoja pierde, mal va quedando el monarca español que quiso callar a sus puras coronas a un presunto súbdito venezolano que le salió bastante respondón. Chávez se ha reconocido ingenuo por creer que eran ajenas o desconocidas por Juan Carlos las maniobras del entonces presidente Aznar en apoyo de quienes dieron un breve golpe de Estado en Caracas. Estados Unidos y España mantuvieron oficialmente una actitud ambigua frente a lo que era condenado por otros gobiernos del mundo. Pero además, el entonces embajador español acreditado en Caracas, Manuel Viturro, se reunió con el golpista Pedro Carmona Estanga (presidente de la Fedecámaras, principal organización patronal del país) y, obviamente, con el embajador de Estados Unidos, Charles Shapiro, según denunció en el congreso español Miguel Ángel Moratinos, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de… Rodríguez Zapatero. Moratinos afirmó, en un programa de madrugada de Televisión Española (TVE), que “en el anterior gobierno, cosa inédita en la diplomacia española, el embajador recibió instrucciones de apoyar el golpe”, e incluso Aznar tomó una llamada del golpista Carmona. ¿Instrucciones del presidente Aznar o del rey Juan Carlos, responsable de la política exterior española, quien ahora tanto se enoja porque le dicen fascista a otro?
Y, mientras Lázaro Cárdenas (o alguien de su equipo) se enfila a un cargo en el gabinete felipista, Cuauhtémoc Cárdenas avanza en el proceso de reconocimiento de Calderón y Leonel Godoy sigue como encargado de la hacienda familiar Michoacán, ¡hasta mañana!
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