| En México, gobierno rico y pueblo pobre | | | |
| miércoles, 26 de septiembre de 2007 | |
| Estado de los Estados “Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas”. René Descartes Por Lila Arellano El camuflaje que se construyó Felipe Calderón con el escándalo de las suntuosas propiedades de Vicente Fox en Guanajuato, riqueza “cínica y desvergonzada”, y los presuntos ataques a PEMEX por parte de supuestos integrantes del Ejército Popular Revolucionario (EPR), de nada le ha servido a su administración para tapar la ineficiencia e incompetencia de sus funcionarios, no sólo en el área política y de seguridad nacional, sino sobre todo en el ámbito económico, pues sus acciones han golpeado sin misericordia a los más de 108 millones de mexicanos que ven impotentes como cada día su poder adquisitivo se va deteriorando en forma acelerada, confirmado incluso por las propias cifras oficiales, que aún cuando son primorosamente maquilladas no dejan ver ni por equivocación la luz al final del túnel de este sombrío panorama. Aún faltan más de dos meses para que Calderón cumpla su primer año al frente del Poder Ejecutivo Federal y la traición a las promesas de campaña que hizo como candidato del PAN a la Presidencia de la República ya es innegable. El combate a la pobreza, la educación, la salud, el crecimiento sostenido, el desarrollo sustentable, han quedado tan sólo en frases de campaña de las que ya ni se acuerda. Todavía no trascurren 10 meses del sexenio y ya es evidente que el primer panista al frente de los destinos del país no va a cumplir ni siquiera uno de los tantos compromisos que hizo al pueblo de México, porque carece de la fuerza moral que da la legitimidad. Por el contrario, al conocer los términos de sus grandes logros alcanzados con el consenso de las fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión, como la denominada “Ley Gordillo” y recientemente con la mentada Reforma Fiscal, con todo y gasolinazo incluido, cada día que pasa los mexicanos se preguntan si el país resistirá los 62 meses que faltan para que termine su administración, empeñada en acabar con los millones de pobres que hay en el país, pero matándolos de hambre. Su gestión ha sido incapaz de garantizar el mínimo de seguridad social al sufrido pueblo mexicano que ya no siente lo duro sino lo tupido, pues ni siquiera tienen millones de familias la garantía de una tortilla o un mendrugo de pan para saciar su hambre. La situación tiende a empeorarse a pasos agigantados con la imposición de “reformas estructurales”, demandadas por los organismos internacionales, que lo único que han logrado es afianzar la destrucción del Estado Mexicano y deteriorar más el nivel de vida de los ciudadanos. Pega a las familias los aumentos Las amas de casa en las ciudades, los pueblos, las rancherías, resienten las crueles alzas a los productos básicos de su cada vez más menguada canasta, por lo que acumulan resentimiento a un gobierno impositivo. Aún con sus frías estadísticas, el propio Banco de México confirma las causas de la irritabilidad de la ciudadanía en todo el país al reconocer que tan sólo durante la primera quincena de septiembre los precios al consumidor se elevaron 0.62 por ciento en promedio, lo que significa que fue la mayor alza desde el año 2001. Según las estadísticas oficiales, el incremento anual de la inflación por objeto de gasto se situó en 3.99 por ciento. El mayor ritmo de crecimiento se observó precisamente en los productos del sector agropecuario como el jitomate, que subió hasta 31.71 por ciento en ese periodo. La leche en polvo se encareció 15.14 por ciento, el pan blanco 9.14%, los aceites comestibles 11.36%, el huevo 10.17%, el pollo en piezas 13.19% y hasta el modesto hígado de res subió 8.24 por ciento. A pesar de todo esto, dicen los funcionarios irresponsables de Profeco que en esa dependencia no se tiene registrada ninguna queja por incremento en el precio de los productos integrados en la canasta básica. La explicación a este que parecería un hecho increíble es simple: todos los ciudadanos saben que poner una queja ante la Procuraduría Federal del Consumidor es ocioso porque ésta no resuelve absolutamente nada y lo único que ganarían acudiendo a sus oficinas es tan sólo una decepción más ante su incompetencia, además de que perderían su tiempo. Y si en las estadísticas oficiales las cosas para el pueblo mexicano pintan color de hormiga, en estudios independientes y alternos, que se acercan más a la realidad que se padece todos los días en mercados, centros de abasto y supermercados, las cosas están todavía peor. Por ejemplo, el seguimiento que hace la Secretaría de la Hacienda Pública del denominado “gobierno legítimo”, revela que la evolución de los precios de 42 productos que componen la canasta básica registra que el crecimiento de éstos durante los primeros 9 meses del año fue de 34.17 por ciento y alcanzó el 36 por ciento en los alimentos. El deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores mexicanos está ocurriendo peligrosamente en forma acelerada: mientras que en enero de 2006 para adquirir esos 42 productos básicos un jefe de familia que percibía un salario mínimo tenía que realizar un gasto de $740.44 pesos; para el mes de diciembre de 2006 tenía que gastar ya $818.44 pesos; y para la primera quincena del mes de septiembre el gasto ascendió a $1,098.14 pesos. Con base en el salario mínimo mensual, el costo de estos productos pasó de representar el 50.8 por ciento del ingreso total de un trabajador en enero de 2006, al 72.4% para el mes de septiembre de este año. Ante esta crítica situación, los dirigentes de diversas organizaciones sindicales como Martín Esparza, del Sindicato Mexicano de Electricistas, Fernando Amescua, del Frente Sindical Mexicano, Enrique Aguilar, presidente del Congreso del Trabajo, Agustín Rodríguez, dirigente colegiado de la Unión de Trabajadores (UNT) y Ezequiel Rosales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), advirtieron que la indiscriminada alza de precios obligará al movimiento obrero del país a replantear sus estrategias para exigir aumentos salariales, pues los recientes han quedado pulverizados. Juegan con el hambre del Pueblo Y la verdad es que no les falta razón porque con el hambre del pueblo no se juega y eso es lo que han estado haciendo los “preparados” funcionarios del gabinete económico de Calderón, cuyas acciones lo único que han logrado es recrudecer la carestía como es evidente en el caso de los productos alimenticios que forman parte de la canasta básica, cuyo costo pasó de 485.4 pesos en enero de 2006, a 540.46 en diciembre de 2006, hasta llegar a 735.10 pesos en la primera quincena de septiembre de 2007, lo que representa un incremento de 51.43 por ciento con respecto a enero de 2006 y un crecimiento de 36 por ciento en lo que va del año. Así se constata en los aumentos que han registrado productos como la lenteja (97%), la salchicha (69%), el fríjol (87%), la leche condensada (73%), la leche en polvo (55%), la mantequilla (54%), el arroz (27%), y el huevo (36%), mientras que el pollo registra incrementos del 55% y la carne molida de res de 40 por ciento. El poder adquisitivo de los trabajadores ha sido golpeado cruelmente al punto de que mientras que en enero de 2006 requería de 15.24 días de trabajo, percibiendo un salario mínimo, para adquirir los 42 productos de la canasta básica, para este mes requiere 21.4 jornadas laborales de 8 horas, por lo que tiene que destinar 21 días de trabajo para poder adquirir una canasta de 42 productos básicos, por lo que con lo que le resta, es decir, los ingresos de 9 días de trabajo, tiene que hacer frente a costos cada vez más elevados de transporte, vestido y vivienda, lo que, por supuesto, le resulta imposible, pues el incremento a su salario en este año fue de únicamente 3.9 por ciento. Lo anterior es considerando que con la compra de solamente un producto de cada uno de los 42 alimenta raquíticamente al mes a una persona. ¿Qué se hace cuando se sostiene a una familia de 3 ó 5 miembros? Tan sólo la amenaza de las autoridades federales y del Congreso de la Unión de incrementar las gasolinas, el diesel y el gas automotriz, provocó que se dispararan los precios de muchos productos y servicios y se generara una escasez ficticia en muchos de ellos, como ocurrió con el caso del gas doméstico, con el que las distribuidoras están especulando abiertamente sin que las autoridades hagan algo al respecto. Aquí cabe destacar lo absurdo que es el hecho de que el gobierno federal, con el aval de los legisladores, pretendan iniciar el incremento a la gasolina a partir del mes de octubre, con lo que se recaudarían aproximadamente 633 millones de pesos, mientras que las finanzas públicas registran al mes de julio un superávit fiscal de poco más de 127 mil millones de pesos, y las reservas internacionales del país muestran un crecimiento de 5 mil 562 millones de dólares en lo que va de 2007, por lo que se ubican en un récord de 73 mil 241 millones de pesos. ¿Pero qué necesidad? Aquí también cabe destacar lo absurdo de las actuaciones de los diputados federales y los senadores de la República que por un lado negociaron una reforma fiscal acorde a sus intereses partidistas y ahora se quejan de lo que provocaron. Con un fervor digno de mejor causa, los coordinadores parlamentarios del PRI y PRD en la Cámara Alta consideraron que el gobierno federal no debe permitir abusos de especuladores, los cuales, dijeron, no tienen motivos para aumentar los precios, como si esta clase de individuos los necesitara. El presidente de la Junta de Coordinación Política, el priísta Manlio Fabio Beltrones, comentó que “hasta hoy lo que estamos viendo por parte del gobierno federal es una ausencia absoluta, que está prohijando los abusos que giran alrededor de los especuladores”. El perredista Carlos Navarrete, por su parte, dijo que “no se nota que el gobierno actúe ni para poner orden ni para parar la escala inflacionaria, ni para poner en cintura a quienes están abusando”. A su vez y muy en su papel de legislador oficial, el panista Gustavo Madero reiteró que la inflación está controlada y que “los precios se mueven como en cualquier economía”. Sin embargo, su declaración más destacada, que seguramente pasará a los anales de la historia del cinismo en este país, fue que “afortunadamente el poder adquisitivo del salario está creciendo por encima del aumento de los precios, de manera recurrente, en los últimos seis años”. ¿En qué país? ¿En Foxilandia? ¿Hasta cuándo sostendrán a Ramírez Acuña? Tan sólo bastaron 3 horas y 40 minutos frente a los diputados federales para sellar la suerte de Francisco Ramírez Acuña al frente de la Secretaría de Gobernación. El funcionario mostró su falta de dotes políticas y capacidad para conducir la política interior del gobierno federal que a los ojos de los ciudadanos, no sólo de los diputados, anda sin rumbo alguno. También puso en evidencia que su oportunismo político al “destapar” a Felipe Calderón como aspirante del PAN a la Presidencia de la República si bien le sirvió para convertirse en secretario de Estado, no le es suficiente para hacerse cargo de una posición de la importancia que tiene Gobernación. En San Lázaro, a los fuertes cuestionamientos de los legisladores del PRD, PRI, PT, Convergencia, Nueva Alianza, Alternativa Socialdemócrata y hasta del PAN, sus respuestas sólo sirvieron para dejar en evidencia la ineficacia del aparato de inteligencia del gobierno calderonista, así como los magros resultados en la construcción de acuerdos políticos. Al ex gobernador de Jalisco no le quedó más remedio que reconocer que la anterior administración le entregó un Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) totalmente deteriorado y, obviamente, no preparado para detectar y mucho menos detener atentados como los perpetrados presuntamente por el Ejército Popular Revolucionario (EPR). También admitió que falta coordinación institucional entre al SEDENA, la SSP, la PGR y el CISEN, para encontrar a los responsables de los atentados a PEMEX. Juró y perjuró que las instituciones de seguridad del gobierno federal no tienen en sus manos a los dos integrantes del EPR. Aseguró que México ha establecido “condiciones” para que no haya intromisión de Estados Unidos en territorio nacional, por los acuerdos de cooperación entre ambos países. Y para cerrar con broche de oro su brillante participación, evadió el cuestionamiento de los legisladores sobre el enriquecimiento del ex presidente Vicente Fox. A todo esto la pregunta que quedó en el ambiente del Palacio de San Lázaro es ¿cuánto tiempo más sostendrá Calderón a Ramírez Acuña en Gobernación? De los pasillos El controvertido publicista Carlos Alazraki se ha comprometido con el suegro de Emilio Azcárraga Jean, Marcos Fastlicht Sacler, en el diseño de interiores y portada de un libro que el magnate ha escrito y, según se sabe, amarró su impresión con la editora española Planeta. Según consejos de Alazraki, el libro debe ser nuevamente revisado por un “corrector de estilo” que sea periodista y que “tenga suficientes conocimientos sobre manejo e impacto político” para garantizar el éxito, por lo que le recomendó a Fastlicht escoger de una terna que encabeza el columnista Dario Celis. Las jornadas de trabajo se realizarán en la casa de Alazraki, a quien además le ofreció “yo te hago tu discurso porque soy un chingón para eso”. Lo que quiso decir es que escribiría el prologo porque ¿qué clase de libro lleva discurso? Se sabe que la irritación del mexicano de religión judía hacia los comportamientos gubernamentales sobre sus inversiones lo llevaron a desquitar su furia elaborando ese texto, el cual, a no dudar, será el correr otro telón de los muchos que ocultan la verdadera actuación del mandato federal y de los estatales. ( lilia_arellano@yahoo.com) |



No hay comentarios.:
Publicar un comentario