| El IFE debe renovarse | | | |
| viernes, 07 de septiembre de 2007 | |
| Jesús González Schmal* Ingenuo, por decir lo menos, parece el desplegado firmado por una veintena de personalidades que se lanzan a la defensa del Instituto Federal Electoral y sus consejeros porque, se dice, al remover a éstos y al consejero presidente, se vulneraría el respeto que se debe a la autonomía y ciudadanización del Instituto. La sospechosa inserción pagada, que no dudo que haya sorprendido la buena fe de algunos firmantes, no resiste el menor análisis. Veamos porqué. La integración del actual IFE, si la memoria no traiciona a los firmantes de la defensa de "la autonomía", se hizo en 2004 durante la LIX Legislatura y en esa "selección" de los Consejeros fue evidente la absoluta falta de autonomía y de responsabilidad en su voto, de quienes, obsecuentes a lo que ordenó en la Secretaría de Gobernación, donde Elba Esther Gordillo por igual que Francisco Barrio, ambos dirigentes del grupo parlamentario del PRI Y del PAN en la Cámara, recibían órdenes; aprobaron la planilla "oficial del PRIAN" como evidente medio preparatorio hacia la elección federal de 2006. Cómo es posible que ahora se argumente que se atenta contra la autonomía e institucionalidad del órgano electoral que habiendo tenido una trayectoria digna y encomiable, fue precisamente secuestrado por los intereses sectarios y partidistas de la dupla Gordillo-Barrio. Nada más incoherente que defender una autonomía que se había perdido y que sirvió para los aviesos fines de alterar los resultados de una votación nacional de la importancia de la de 2006 donde se enfrentaron con mayor claridad que nunca dos opciones políticas diversas y con proyectos esencialmente diferentes. Es por, el contrario, la razón más válida para remover a la mayoría de los consejeros del IFE, el hacerlo para rescatar su autonomía, para que ahora sí los ciudadanos participemos con interés en el proceso de selección de sus nuevos integrantes para que éstos honren la autonomía a costa de su propia sangre, porque salvar al IFE es salvar a México de una guerra civil, si en el próximo período electoral no se da un proceso imparcial, libre y sin la injerencia del poder presidencial. Nadie puede dudar que hoy mismo el problema central de México es la dudosa legitimidad de Felipe Calderón que no logrará consensos en su gestión, precisamente porque su origen quedó en duda cuando el IFE y él mismo, junto con el Tribunal Federal Electoral, se negaron a recontar los votos de la elección presidencial. Mal haría hoy el Congreso en no reconocer que esta situación prevalece y marca el signo de un sexenio débil y errático que está teniendo que recurrir al Ejército para sostenerse. Es obvio que, incluso, las reformas en materia penal que quiere Calderón que se aprueben para dar más facultades de persecución a la Procuraduría de la República, son claramente medidas de prevención que se quisieron desplegar precisamente porque no hay un gobierno respetado y querido por el pueblo, en tanto el proceso electoral fue oscuro, manipulado y encubierto por el IFE. Por el bien de la república. Por el futuro de México, el IFE debe renovarse. Dejarlo tal cual es sentenciar al país a la simulación y al riesgo de que las "instituciones" sean intocables y los defraudadores inamovibles, para que repitan los atentados contra la soberanía nacional. *Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM |



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