jueves, septiembre 06, 2007

Adolfo Sánchez Rebolledo

La derecha y sus colores

Al secretario de Gobernación le es imposible ocultar sus muy peculiares opiniones sobre cada tema, por más que pretenda conducirse con la adustez propia de ese inalcanzable ideal del funcionario neutro –que no neutral– subrayado por la costumbre y la ley. No me parece un tropiezo menor, un simple desajuste conceptual, sino la expresión de un pensamiento que en los hechos niega al Estado laico, decir que los colores de la bandera representan “el verde la religión; el blanco y el rojo la unión de los mexicanos”. Aparte del error de confundir el verde con el blanco, Ramírez Acuña supone que nada ha cambiado en materia de símbolos (y sus significados) desde la entrada del Ejército Trigarante bajo el mando de Iturbide. Si alguien cree que este es un debate secundario, le propongo releer el libro de Enrique Florescano La bandera mexicana, breve historia de su formación y simbolismo, editado por el Fondo de Cultura Económica en 1998, valioso ensayo rico en datos e ilustraciones como en argumentos. Allí Florescano cuenta cómo los símbolos patrios, en particular el escudo con el águila y el nopal devorando a la serpiente, al igual que la bandera tricolor –y la guadalupana– surgen y se modifican atendiendo a tres tradiciones diferentes: la indígena, la herencia religiosa hispánica, colonial, y la tradición liberal, cuyas influencias y confrontaciones marcan la historia mexicana a través de los últimos cinco siglos. El Plan de Iguala, de 1821, defendía “la conservación de la religión católica, apostólica y romana sin tolerancia de otra alguna; la independencia bajo la forma de gobierno monárquico moderado, y la unión entre americanos y europeos”, según palabras de Lucas Alamán, citado por Florescano.Leer más...

Octavio Rodríguez Araujo

Un secretario censor (e ignorante)

Francisco Ramírez Acuña, secretario de Gobernación y antes gobernador de mano dura y arbitraria en Jalisco, debe renunciar, y no sólo porque así lo demande el coordinador de la bancada del Partido de la Revolución Democrática en la Cámara de Diputados (La Jornada, 4/9/2007).

El Centro de Producción de Programas Informativos Especiales (Cepropie), supuesto responsable de la censura a la intervención de Ruth Zavaleta el pasado primero de septiembre, es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Gobernación. Su (ex) director, René Antonio Palavicini, era un subordinado de Ramírez Acuña. Se le hizo renunciar para que el secretario pudiera decir que un funcionario público que cometa errores en su actividad se tendrá que ir y, claro, el “error” no lo cometió el propio secretario, sino su empleado. Otro chivo expiatorio corrido de la Secretaría de Gobernación por errores deliberados y quizá dolosos de su titular (antes fueron cesados otros funcionarios también dependientes de la misma secretaría). Es una fortuna que el Canal 11 de Televisión dependa del Instituto Politécnico Nacional, órgano desconcentrado también, pero de la Secretaría de Educación Pública. Y digo que es una fortuna porque su titular ha reconocido, implícitamente, que el primero de este mes hubo censura, al decir que “en canales como los nuestros (11 y 22) la censura se alejó desde hace muchos años” (La Jornada, idem).

Lo que ocurrió no fue un error técnico pero sí político, y grave. Esto ha sido demostrado de muchas maneras en estas y otras páginas. Fue una censura ordenada probablemente por Felipe Calderón. Y si no fue así, peor, pues tendríamos que interpretar que la decisión la tomó el secretario de Gobernación sin la aprobación de su superior, pero eso sí, con la complicidad de Televisa y de Tv Azteca.

Ramírez Acuña es lenguaraz e inculto, es decir, lo contrario de lo que debe ser un encargado de la política interior de un país. El lunes mismo dijo que el verde del lábaro patrio representaba la religión. Esta tontería (que además demuestra ignorancia sobre las primeras interpretaciones de nuestra bandera) sólo se explica por el origen religioso de su autor y por la necedad de ciertos panistas de considerar que su religión, la católica, es la única y verdadera (lo cual también habla de su intolerancia a la libertad de creencias).Leer más...

Bernardo Bátiz V.
jusbbv@hotmail.com

Gradualismo y negociación en política

La política mexicana se ha regido demasiado por fórmulas, por apotegmas, breves sentencias que encierran una idea, fáciles de recordar y que en parte por ello se repiten una y otra vez, y mal o bien interpretadas juegan el papel de los refranes que repetían las abuelas, a los que llamaban la Biblia chiquita, porque en buena medida por ellos regían sus vidas y sus relaciones.

En política, algunos de estos dichos breves, casi siempre ingeniosos, agudos, que corren por tradición oral, se convierten también en pequeñas biblias para muchos y se aceptan por la llamada clase política sin mayor análisis, y lo mismo en las filas de partidos en el gobierno que en partidos de oposición, lo mismo en corrientes de izquierda, de derecha o de total indefinición ideológica, postura que tan de moda está.

En esta forma de hacer política, hablar de diálogo se vuelve un mito, porque de lo que se trata no es de escuchar y dar razones, sino de medir fuerzas; por eso ha perdido importancia en el sistema parlamentario la discusión y el discurso. ¿De qué sirvió, por ejemplo, con toda la elocuencia y el contenido político que tuvo, el discurso de Andrés Manuel López Obrador ante la Cámara de Diputados en su proceso de desafuero, si ya de antemano y antes de oír argumentos en pro y en contra los legisladores estaban preparados para votar en un sentido o en otro, según las indicaciones de sus coordinadores parlamentarios?Leer más...

Orlando Delgado Selley
o_selley2001@yahoo.com

Una desaceleración desigual

Luego de las peripecias de la ceremonia del Informe presidencial, que hace tiempo dejó de tener sentido, parece indispensable concentrar la atención en un tema que será decisivo para las condiciones de vida de los menos favorecidos. El estallido de la burbuja inmobiliaria estadunidense de mediados de agosto provocará una disminución del ritmo de crecimiento de la economía de Estados Unidos, que probablemente la llevará a 1.8 por ciento, de manera que por ese acontecimiento bursátil perderá entre dos y tres décimas de punto. Ello, por supuesto, afectará a nuestra economía: las expectativas actuales señalan que el PIB crecerá entre 2.5 y 2.8 en 2007, lo que da cuenta de una significativa desaceleración, ya que el crecimiento de 2006 fue de 4.8 por ciento.

Obviamente esta disminución en el crecimiento no se repartirá de manera uniforme. Por el contrario, además de que el enorme peso de los monopolios en México impide el crecimiento, está el impacto del sector de la vivienda en Estados Unidos, que se ha estado contrayendo desde hace más de 15 meses. Esto, aunado a las crecientes dificultades para que los migrantes mexicanos consigan llegar al vecino del norte, está empezando a notarse en los envíos de dinero que hacen a sus familias. La información sobre el monto de las remesas es conocida, pero nunca sobra tener una medida precisa de su significación y su relevancia.Leer más...


México SA

Carlos Fernández-Vega
cfvmx@yahoo.com.mxcfv@prodigy.net.mx

Impuesto a gasolinas: paternidad a disgusto

Calderón, autor de la canallada

Les valen sorbete los consumidores

Familia Sojo, gasolinera como la Mouriño

Que a muchos panistas de plano no les resultó nada atractivo eso de la paternidad responsable en materia fiscal, y mucho menos servir de tapadera al verdadero autor de la canallada (el inquilino de Los Pinos y sus neocientíficos), ni pagar los platos rotos, pero no precisamente por el daño económico que causarán a los mexicanos.

Apenas 48 horas atrás, luego de varias semanas de criatura sin padre, los diputados blanquiazules presentaron una iniciativa de “reforma”, por medio de la cual proponen un “impuesto especial” de 5.5 por ciento (un poco mayor a la que circuló días antes) que se clavaría a los precios finales (léase al consumidor) de gasolinas, diesel y gas automotriz, con el fin, decían, de “destrabar” la “reforma” fiscal, y se declaraban prestos para asumir el costo político de tan brutal puñalada.

Eso decían los cabecillas blanquiazules en San Lázaro, hasta que se les rebeló parte de la tribu, pero no vaya a creerse que los diputados panistas reclamaron por el daño económico que tal “impuesto especial” provocaría en los consumidores de dichos combustibles ni por los aumentos en cascada de precios y tarifas que irremediablemente provocará ese aumento de 5.5 por ciento en los energéticos, ni por la pérdida de poder adquisitivo, ni por la inflación adicional, ni nada por el estilo, sino, simple y sencillamente, por el costo político que pagarán esos legisladores “en los estados donde tenemos presencia y de donde somos originarios, pero sobre todo en las entidades de la República donde hay elecciones”. Así, los descarados “rebeldes” blanquiazules sólo temen el previsible efecto electoral; lo demás es lo de menos.

Y en la bancada priísta no cantan mal los tangos. El mismo día en que los panistas en San Lázaro asumieron la paternidad del “impuesto especial” a gasolinas, diesel y gas automotriz, los tricolores, en voz de su coordinador Emilio Gamboa, aceptaban la propuesta y anunciaban que la votarían a favor, siempre en el entendido que serían los blanquiazules los que pagarían el tan temido costo político de decisiones “dolorosas, pero necesarias”.Leer más...

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