lunes, agosto 27, 2007

Rolando Cordera Campos

Cambiar la ecuación
Aquello de rebasar a Andrés Manuel López Obrador por la izquierda quedó en ocurrencia un tanto pueril, mientras que su viabilidad fue hecha añicos por los desfiguros del partido azul y sus verdaderos mandantes de la iniciativa privada, que sin contemplaciones desfiguraron la ingeniosa reforma del secretario Carstens. La cuestión es que la realidad nacional y mundial se empeñan en mostrar la necesidad de que el país marche a través de un curso de reformas sociales y económicas progresista, emparentado con algunas de las propuestas centrales que la coalición Por el Bien de Todos enarboló el año pasado.

Más que de una paradoja, se trata de una muestra más de que algunas de las asignaturas básicas del cambio político y económico para globalizar a México no se cursaron, o de plano se reprobaron, y ahora nos pasan sin piedad sus facturas. Una de ellas es, desde luego, la del andamiaje político electoral, sometido a la dictadura de los medios y el dinero, pero no están atrás las que nos refieren a la hacienda pública, o los mecanismos fundamentales que hacen posible la subsistencia y reproducción de la sociedad. En nuestro caso, la penuria no es sólo coyuntural, fruto de la desventura económica, sino estructural, y marca sin contemplaciones la vida toda de la mayor parte de los habitantes.

El fantasma del hambre sigue entre nosotros a pesar de los avances materiales logrados, en tanto que la salud y la seguridad social penden de un hilo porque las decisiones primordiales para universalizarlas se han pospuesto una y otra vez, sometido como está el Estado a la miopía de las elites del dinero y al dogmatismo de los que deciden desde la vicepresidencia económica, consagrada en Palacio después de la rendición del gobierno de Fox ante el embate del eje financiero que se apoderó de los resortes de la administración económica del Estado. Afirmar la soberanía popular no es así anacronismo o nostalgia por el viejo régimen, sino necesidad vital del país todo.Leer más...

Mario Di Costanzo*

“Más rápido cae un hablador que un cojo”
El viejo refrán que dice “más rápido cae un hablador que un cojo” nuevamente se hace realidad, y ahora nos viene a la memoria la “guerra sucia” que el PAN, junto con grandes empresarios, encabezaron durante la pasada contienda presidencial en la que se advertía que AMLO era un peligro para México.

Todos recordamos el anuncio de los ladrillos que se derrumbaban o el billete de 20 pesos que compraba menos bienes, o la advertencia de que las personas perderían sus casas y toda la sarta de mentiras que se inventaron para dañar la imagen del candidato de la izquierda.

Pues bien, al cabo de casi 10 meses del “gobierno de la estabilidad y el empleo”, la economía mexicana se dirige al borde del colapso de continuar por el mismo camino y, para corroborar lo anterior, sólo basta mencionar que al saldo de la estabilidad económica que ellos pregonan, habría que incluir la producción de millones de pobres, de desempleados, de miles que han tenido que emigrar en busca de oportunidades de empleo, de miles de familias que pueden ser desalojadas de sus viviendas por problemas hipotecarios.

A lo anterior hay que agregar la destrucción de la economía nacional y del mercado interno, el desmantelamiento de las actividades y las funciones sociales del Estado; el desmantelamiento también de los aparatos de seguridad pública y la mayor dependencia financiera, de la historia, con Estados Unidos, país en el que se avizora una importante crisis financiera y económica.

Las finanzas del país se siguen sosteniendo con base en el tremendo castigo de los ingresos de Pemex, a la trágica decisión de los trabajadores migrantes y a la protección al capital financiero internacional, con el deterioro en la distribución del ingreso de la población y con la existencia de 26 multimillonarios de entre los más ricos de la tierra

Sin estos soportes no se explicaría el “famoso” equilibrio macroeconómico del que tanto se han ufanado, pero que la situación en Estados Unidos amenaza con derrumbar.

Mientras tanto, lo que en realidad ha sucedido es que los niveles de vida de la mayoría de la población se han visto abatidos; la pobreza y la miseria han aumentado en todo el territorio nacional; los sectores industrial y agrícola no han encontrado los recursos financieros ni políticos para su recuperación; la deuda ha seguido aumentando y, con ella, la vulnerabilidad de la economía ante los cambios en el entorno internacional.

Los hechos nos demuestran que enfrentamos las peores desigualdades de la historia, la distribución del ingreso se ha deteriorado, la sociedad se encuentra tremendamente polarizada, el desempleo persiste y amenaza con repuntar, y no se ven posibilidades de registrar tasas de crecimiento económico suficientemente altas para abatir el desempleo.Leer más...

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