El problema es otro
Cambios en el gabinete federal
Miguel Angel Ferrer
Ya corren por ahí los rumores y las filtraciones, salidos de la cúpula del Estado, sobre la inminente salida de Francisco Ramírez Acuña del despacho de Gobernación, y su sustitución por un político priísta con experiencia y dotes de negociador.
Puede ser. Sobre todo tomando en cuenta la evidente ineptitud del ex gobernador de Jalisco para resolver el problema de Oaxaca. Pero aun si esos rumores y filtraciones tuvieran base, la salida de Ramírez Acuña no resolvería los muchos problemas de ingobernabilidad del país y la falta de carisma y liderazgo de Felipe Calderón.
La triste situación económica y política que se vive ahora mismo en México es fruto, ciertamente, de la carencia de atributos políticos de Calderón, de su eterno perfil bajo, de su gris personalidad. Pero no se agota ahí el problema.
Hasta una personalidad como la de Calderón podría granjearse el apoyo y la simpatía populares si el gobernante trabajara para mejorar la suerte de los gobernados. Pero a la triste figura se suma una política que empobrece, lastima y hasta arruina a millones de personas.
Y para mayor fracaso y más mohína de Calderón, éste se enfrenta no a una, sino a dos personalidades políticas de enorme experiencia, carismáticas, populares y exitosas en sus esfuerzos para ganarse la simpatía, la admiración y la adhesión populares: Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, quienes hasta luego de cometer serios errores salen fortalecidos en el ánimo popular.
Factor esencial de esta empatía con las masas de López Obrador y Ebrard es, en buena medida, la decisión de ambos de no reconocer legitimidad alguna al gobierno salido del fraude electoral. De mantener la resistencia, de no dejarse comprar, de no amedrentarse, de seguir creando redes y movimientos de masas capaces, como en otras épocas, de vencer a la dictadura.
Para hacer frente a su vulnerabilidad, Calderón se vale, desde luego, de los escasos recursos a su alcance. Cuenta con el poder de los medios de comunicación, sobre todo de los electrónicos, y con el favor de muchos articulistas y columnistas reaccionarios o a sueldo. Poca cosa, en realidad, frente al tamaño de sus adversarios, los que lo superan en todo y en toda la línea.
Si a esto agregamos la bien ganada fama pública del gobierno federal panista de corrupción en gran escala y con vínculos con el crimen organizado (narcotráfico, lavado de dinero y contrabando) no hace falta mucha perspicacia para saber por qué encarnan en López Obrador y Ebrard la confianza, la adhesión y las esperanzas de la gente.miguelangelferrer-mentor.com.mx
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