lunes, abril 23, 2007

Aborto en Cuba
Carlitos, estudia un poquito más

Miguel Angel Ferrer

En el número 1588 de la revista Proceso, que empezó a circular el domingo 8 de abril pasado, el conocido escritor de libelos Carlos Tello Díaz dice que en Cuba el aborto fue despenalizado por razones de control de la natalidad. ¿El aborto despenalizado para evitar el crecimiento desmesurado de la población? ¿En Cuba?
¿Ignora el conocido sicofante Tello Díaz que en la isla no existe problema alguno de crecimiento demográfico, ya no digamos desmesurado, sino siquiera preocupante?
Al triunfo de la Revolución, en Cuba había diez millones de habitantes, de los cuales emigró, sobre todo en los primeros momentos del proceso, más o menos un millón. Y desde los primeros sesentas hasta ahora, 2007, la población isleña apenas alcanza los 11 millones de habitantes. Un crecimiento de un millón de personas en el lapso de 40 años. Algo así como 25 mil por año. O, dicho de otro modo, una tasa de crecimiento anual de 0.22 por ciento.
Por otra parte, es bien conocido el hecho de que Cuba vive una acelerada baja en la tasa de natalidad, cual ocurre en todos los países del llamado primer mundo. Luego entonces, el problema demográfico cubano es exactamente al revés de lo que con tanta ligereza, desinformación o mala uva dice Tello Díaz.
En Cuba, como en Francia, Suecia, Inglaterra o España, lo urgente es que crezca la población, no que decrezca. Así que resulta absurdo pensar y decir que en Cuba el Estado buscó alguna vez, o busca ahora, reducir la natalidad por la vía del aborto despenalizado. Si ese hubiera sido alguna vez el propósito, en buena lógica ahora sería necesario penalizarlo. Y prohibir, asimismo, el uso de métodos anticonceptivos que, como el aborto libre y gratuito, son parte de la cultura de la sociedad cubana.
Además, la experiencia histórica, desde la Grecia y la Roma clásicas, así como la ciencia demográfica demuestran que ninguna política de población estatal, por coercitiva que sea, logra que una sociedad se reproduzca más o menos si en la conveniencia históricamente determinada de ella no está hacerlo.
¿Piensa Tello Díaz que la mujer cubana, con estudios, trabajo, participación y consideración sociales y altamente politizada va a renunciar a su derecho a decidir sobre su descendencia? A Carlitos le convendría estudiar un poquito. Porque para opinar con algo de seriedad sobre algo que no conoce, no son suficientes sus prejuicios ideológicos ni los informes confidenciales del Cisen y de la inteligencia militar a los que el buen Charlie es tan aficionado.

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