sábado, marzo 17, 2007


Rafael Segovia
Los 100 días

Se habla de 100 días por triste imitación, porque el equipo del Presidente, reunido para deslumbrar al público, recurre a una historia que desconocen, del jefe para abajo. ¿De qué 100 días hablan? De hecho, en la historiografía del siglo XIX no hubo más 100 días que los de Napoleón I. Más tarde, a mediados del siglo XX, se escribió también sobre los 100 días de Franklin Roosevelt. Entre unos y otros, las diferencias son gigantescas, no digamos nada de lo que separa a Napoleón y Roosevelt de Felipe Calderón. Sus corifeos debieron abstenerse de recurrir a la historia cuando se desconoce y, sobre todo, no se sabe qué quisieron decir, como cuando alguien echó mano del vuelo del águila -también napoleónica- para hablar de Porfirio Díaz.

Muy rápidamente dicho, los 100 días de Napoleón fueron un fracaso total y los de Roosevelt fueron un éxito. Al final de los de Napoleón llegó Waterloo, con la derrota definitiva del emperador de los franceses y el presidente de Estados Unidos mostró en esos días su calidad política, su capacidad de maniobra y cómo se lleva a cabo un proyecto. Ni uno ni otro sirven de modelo para explicar la actividad de Felipe Calderón durante sus primeros tres meses en la Presidencia de México. Como ya va siendo una costumbre se tira la piedra y se esconde la mano; es decir, se anuncia algo y se olvida inmediatamente cómo explicarlo, qué medidas son necesarias para llevar el proyecto adelante y las consecuencias posibles. Reducidos los propósitos a una línea, a veces a una sola palabra -por ejemplo, microcréditos, o a dos, radio digital o convergencia plena-, la ambición es de tal tamaño que no se puede tomar en serio el enunciado. Cosas como Fortalecimiento del Servicio Exterior Mexicano o Nueva Política Cultural compiten con Identificación de talentos deportivos, dejan a todo el mundo indiferente porque una nueva política cultural tiene resonancias de fracasos recientes y en cuanto a los talentos deportivos, si bien nos hemos encontrado con algunos, otros han costado fortunas que podían haber encontrado un mejor destino.

¿Qué se quiso decir con esos 100 puntos? En primer lugar que no hay un programa de gobierno, una visión coherente de lo que se pretende alcanzar, sino una serie de puntos a los que nada une. Como forma de gobierno se dirá: se hará lo que se pueda, no lo necesario, que se antoja imposible.

Para volver a los 100 días, conviene tener presentes las ilusiones napoleónicas cuando el emperador desembarcó en Francia. Se encontró con un país profundamente dividido, social, económica, religiosa y militarmente dividido, con una nueva clase social, surgida de la revolución de 1789. Y del imperio se empeñó y logró mantener los privilegios adquiridos.

El carácter de antiguo régimen manifestado por el PAN y el apoyo que el Presidente busca en el Ejército recuerda una situación parecida a la que se presentó después de los 100 días en Francia. En México tenemos una nueva clase empresarial, financiera, económica, dispuesta a mantenerse como clase dominante contra viento y marea. No aceptará en ningún caso una reforma impositiva que vaya contra sus intereses: al gobierno le toca encontrar el dinero necesario para gobernar. Como la riqueza del país está concentrada en grupos identificados -casi en personas- no habrá reforma alguna. Por lo demás los cambios propuestos por la oposición no parecen viables pues disminuir los poderes del Presidente supondría reducir el poder del gobierno y del Estado e implicaría una subida de la oposición y de sus exigencias, que no va a ser aceptada ni por el Presidente ni por el grupo a quien representa y sirve. La inmovilidad es por lo tanto inevitable; sólo modificaciones en beneficio de la clase dominante serán aceptadas; el anuncio se encuentra en el galimatías del señor Calderón cuando anuncia que las carreteras serán entregadas de vuelta a la iniciativa privada por iniciativa pública después de haberse gastado el Estado 165 mil millones en rehacerlas. No se aclara nada y el secretario de Comunicaciones -otro producto de los 100 días- no acierta a explicar cómo se va a llevar a cabo la licitación de una propiedad nacional. El Presidente no vuelve a hablar del tema. Ni de las 100 acciones para los 100 primeros días.

No queda sino rezar para que la crisis anunciada por Greenspan no se presente. Con los gastos de la guerra de Iraq basta para que Estados Unidos se encuentre en una situación cada vez más peligrosa. ¿Van también ellos a entrar en otros 100 días? Resulta casi imposible explicar cómo la primera potencia del mundo no ha podido mantener esta posición privilegiada y por qué su arsenal nuclear y, como se dice con una palabra absurda convencional, siente todavía la necesidad de rearmarse y recurrir a estrategias como instalar defensas contra misiles en Polonia, gobernada por unos gemelos salidos de una novela. Lo que resulta imposible explicar es por qué están gobernando un país de la Unión Europea.

De alguna manera cuanto suceda fuera de las fronteras de México se puede observar con alguna indiferencia. Sólo Estados Unidos, dueño de la mayoría de lo que fueron nuestras empresas y meca para la salvación de nuestros emigrantes, cuyos envíos suscitan el deseo de nuestros gobernantes de ponerles la mano encima, quienes ya piensan en cómo hacerlo y figura su idea entre las 100 acciones de este gobierno, sólo Estados Unidos, conviene insistir, puede y debe ser una preocupación. Bush además se lo va a recordar a Calderón. Waterloo no tarda en empezar, es la culminación de los 100 días.

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