La cereza del pastel
Soldados yanquis en México
Miguel Angel Ferrer
¿Será la cereza del pastel de los logros calderonianos convertir a México en un país ocupado por la soldadesca yanqui?
Al cumplirse cien días de Calderón en Los Pinos, los propagandistas del gobierno y sus corifeos en muchos medios de comunicación se esfuerzan en la elaboración de una lista de supuestos logros y en los más complacientes y acríticos comentarios de esos invisibles méritos.
Pero hacer lo contrario no cuesta trabajo, pues son abundantes y están bien documentados las pifias y los actos contrarios al interés popular de esos dichosos cien días. Primero vino el aumento al precio de la leche de consumo popular. Luego llegó el incremento de más de treinta por ciento en el precio del alimento nacional: las tortillas.
Más adelante vinieron los operativos antinarco, cuyo fracaso monumental es testimoniado por el diario crecimiento de la oferta y la demanda de drogas. Y también por el incremento exponencial y cotidiano de la violencia asociada a la producción, distribución y consumo de estupefacientes.
Por otra parte, no pueden escatimarse calificaciones negativas a Calderón cuando luego de más de seis meses de machacona campaña en busca de reconocimiento social y popular a su ilegítima presidencia, tal reconocimiento es más bien su contrario: la generalizada y reafirmada creencia ciudadana y social de que el cargo del michoacano es fruto de una usurpación con rasgos evidentes de golpe de Estado.
Y es también innegable que Calderón no ha conseguido limpiar la sucia imagen del IFE como planeador, organizador y ejecutor del fraude electoral que lo impuso en Los Pinos. Y lo que se dice del IFE puede afirmarse del resto de las autoridades electorales: organismos corrompidos en los que la balanza de resoluciones y sentencias es inclinada por aquel poderoso caballero del que hablaba Quevedo.
Y ahora mismo la sociedad es testigo de dos nuevos antilogros. Uno, la pretensión de una reforma jurídica que legalice las detenciones arbitrarias, los secuestros, las torturas, las ejecuciones extrajudiciales y el encarcelamiento sin pruebas de líderes sociales y populares opositores; y dos, la debilidad de Calderón para resistir las presiones de George Bush en su propósito, aparentemente ya exitoso, de aplicar en México una versión del Plan Colombia, es decir, la presencia y actividad militar permanente y creciente de Estados Unidos en suelo mexicano. Y, quizá, pronto lo sabremos, hasta con el compromiso de establecer aquí una base militar estadounidense.
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