martes, marzo 13, 2007

El PRI engaña a muy pocos
Lento pero sostenido deterioro

Miguel Angel Ferrer

Parafraseando a Karl Marx, se podría decir que el PRI es un partido de derecha con divisa de centro.

Luego de la llegada de Beatriz Paredes Rangel a la presidencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI), no se ven en el horizonte señales de que esa organización se encamine al fortalecimiento. Más bien se ve lo contrario: signos de un lento pero sostenido deterioro. Esta es la tendencia de los últimos veinte años.

Hay quien dice, desde luego, que la nueva dirigente es capaz de obrar el milagro de frenar y aun revertir esa añosa declinación. Pero la experiencia enseña que la capacidad, la voluntad y el trabajo del dirigente no sirven de gran cosa en condiciones de ausencia de un programa político y económico capaz de concitar el apoyo de porciones decisivas del electorado.

Y con su nueva dirigente o sin ella, no se vislumbra en el PRI ese programa político y económico. ¿Es el PRI un partido con un programa de izquierda? No lo parece, pero además no quiere parecerlo ¿Es el PRI un partido de derecha? Parece que sí, pero los priístas se niegan a reconocerse como derechistas. ¿Es el PRI un partido de centro? Puede ser. Y parece que a los priístas les gusta ser clasificados en esa posición política. Pero el centro siempre termina siendo la derecha.

Esto se ve claramente cuando se pasa de las abstracciones del espectro político a las posiciones y medidas de la práctica política. ¿El PRI, partido de centro, está de acuerdo con la aplicación del impuesto al valor agregado (IVA) a medicinas y alimentos? El discurso priísta dice que no, pero es del dominio público la participación de los más altos dirigentes del tricolor en los avanzados trabajos legislativos para concretar ese odioso gravamen.

¿El PRI, partido de centro, está de acuerdo con la privatización y extranjerización de la industria y el mercado petrolero y eléctrico? El discurso priísta dice que no, pero es también del dominio público la añeja complicidad de los priístas con la extrema derecha para lograr esas privatizaciones.

Estos dos ejemplos revelan el carácter de partido de derecha —y a veces de ultraderecha— del tricolor. Y aunque es obvio que tales credenciales pueden ser productoras de sufragios, esos hipotéticos votantes no se identifican con el PRI, sino con el PAN. ¿De dónde, pues, puede sacar el tricolor los votos que necesitaría para su eventual fortalecimiento?

Parafraseando a Karl Marx, se podría decir que el PRI es un partido de derecha con divisa de centro. Pero también podría decirse que en las actuales condiciones de México, eso engaña a muy pocos y sirve, igualmente, de muy poco.

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