PODERES FÁCTICOS: EN BUSCA DE UNA IZQUIERDA CÓMODA Y ENTREGUISTA
Continuando con la estrategia de propaganda PRIANAL (PRI-PAN-Nueva Alianza), los columnistas de Milenio, uno por desinformar, y otro por desinformado, siguen haciendo el juego a la continua guerra sucia en contra de López Obrador, con nada velados respaldos a Nueva Izquierda, para hacer que la cúpula partidista del PRD colabore en terminar de destazar lo que queda del país. Empecemos por desbaratar los "argumentos" de Roberto Blancarte:EL FANTASMA DE LA IZQUIERDA MEXICANA
Un fantasma recorre la izquierda mexicana. Es el fantasma del lopezobradorismo, que no permite a los autodenominados partidos de izquierda crecer ideológicamente ni mucho menos posicionarse como una alternativa política a mediano y largo plazos. Nadie, o casi nadie, lo quiere admitir. Pero muchos se dan cuenta que los caciquismos políticos no contribuyen a la formación de una alternativa democrática y, por lo tanto, con capacidad de proponer un programa creíble a la población. En suma, que si bien López Obrador es el que les dio una masa de electores jamás vista, es el mismo que la perdió y que ahora aparece fugaz y fantasmal para impedir cualquier examen autocrítico de fondo en la izquierda mexicana. Porque hacer una autocrítica significaría deshacerse de todo lo que representa el lopezobradorismo.
¿Caciquismo político de López Obrador cuando muchos en el mismo partido que él dirigió lo apuñalaron por la espalda antes, durante y después de las elecciones? Qué amplia definición se tiene ahora de lo que es un "cacique". El programa creíble que tanto busca Roberto, se encuentra en el Proyecto Alternativo de Nación, del cual recientemente su servidor colocó en este mismo espacio una muestra de que además de creíble, es una propuesta eficaz para el desarrollo nacional con equidad. En cuanto a la autocrítica, a la cual se le ha dado más difusión en los medios nacionales es a la "autocrítica" de Nueva Izquierda en contra de sus rivales del PRD; primera definición de "autocrítica" que encuentro en la que no se critica el "autocrítico" a sí mismo.
Como era de esperar, nadie quiere cargar con el muerto. Nadie, o casi nadie, quiere enterrarlo. Sus despojos todavía pueden servir para algo. Incluso el muerto podría resucitar. Así que mejor lo dejan deambular y asustar a los transeúntes con el populismo, el radicalismo y el resentimiento social. Nada que vaya a contribuir a que los votantes apoyen a los partidos de izquierda. Ni mucho menos a construir una posición ideológica coherente y viable. Pero, ante la ausencia de ideas, la izquierda se ha refugiado en el “victimismo”, la frustración y el reproche. Para eso no se requiere pensar en nuevas estrategias o en programas ideológicos alternativos; basta con quejarse, echarle la culpa al otro y tratar de boicotear todo lo que haga el gobierno. Y como ese parece ser el programa de López Obrador, muchos en el PRD y en los otros partidos de la izquierda se encuentran cómodos. Creen que eso, aunado a los errores del gobierno de Calderón será suficiente para posicionarse en las preferencias electorales. Empresa riesgosa y de improbable éxito.
Da por muerto a López Obrador cuando continúa movilizando a una enorme cantidad de gente en donde quiera que va, aún a pesar de que no hay proceso electoral ni huesos de por medio. No considera nuestra posición ideológica "coherente y viable" simplemente por que no se ha informado sobre ella, pero se da derecho a opinar y descalificar lo que no conoce. Lo mismo va para "las nuevas estrategias o programas ideológicos alternativos" que no ha visto y por lo mismo, cree que no existen. Sobre Calderón, si en verdad se sintiera éste seguro, habría cumplido su promesa de mejorar los salarios de la tropa, pero no con un generoso aumento 11 veces mayor al que se dio al salario mínimo y al que recibirán la mayoría de los asalariados en este país este año. No se necesitan más pruebas del miedo que tiene de los ciudadanos que presume falsamente que lo pusieron en el poder.
La otra consecuencia de que la izquierda no termine de exorcizar ese fantasma es el oportunismo político resultante. El penoso caso de Ana Rosa Payán muestra no sólo la ausencia de mínimos criterios ideológicos, sino el vaivén y veleidad de las decisiones tomadas, dependientes de la perspectiva personal del autoproclamado “presidente legítimo”. Algunos trataron de ocultarlo, pero al final no pudieron esconder que el PRD estaba a punto de lanzar a una candidata de derecha que no le daba nada a cambio y pretendía construir una supuesta candidatura ciudadana. El premio mayor del oportunismo. Ni el clamor opositor dentro del partido bastó para frenar tal despropósito. Tuvo que llegar el distanciamiento de la virtual candidata respecto a López Obrador para que el consejo del PRD tomara cartas en el asunto. De no ser por ello, se habría concretado una más de las ignominias a las que dicho personaje acostumbró al partido. Aún así el ex candidato a la Presidencia es intocable y el fantasma sigue recorriendo la izquierda.
¿Qué tiene que ver AMLO con los oportunistas que postularon a una de sus más feroces detractoras, y coartífice del fraude electoral? ¿Qué puede hacer pensar a cualquiera con dos dedos de frente que López Obrador estuvo detrás de la candidatura de Payán en Yucatán? ¿Y todavía tiene el descaro de colgarle este milagrito a López Obrador? ¡Por favor!
La corriente de Nueva Izquierda es la única que se ha atrevido, dentro del PRD, a perfilar una autocrítica, lo que equivale a un tímido intento para deshacerse del fantasma del lopezobradorismo. Pero el solo y escrupuloso ejercicio ha desencadenado las airadas reacciones de los supuestamente fieles seguidores, prestos a acusar de traición a quienes se atrevan a señalar los errores de AMLO. Poco importa que sus actuales defensores, en su momento, estén listos a sacrificarlo en aras de un mejor candidato o cuando esta alma en pena se vuelva incómoda.
Otra vez más la falsa "autocrítica" de Nueva Izquierda. La misma Nueva Izquierda que impulsó desde el PRD a candidatos de dudosa calidad moral en diversos puntos del país, la misma Nueva Izquierda que hace todo lo posible por hacer naufragar un gobierno surgido del partido al cual supuestamente éstos pertenecen y la misma Nueva Izquierda que apuñala por la espalda al candidato y líder que le dio al PRD su votación más alta de toda su historia. ¿Qué mas se necesita para justificar el uso de la palabra traición en su opinión, Roberto Blancarte? ¿El beso de Judas o que asesinen a AMLO a las puertas de la sede del PRD?
Porque el problema central de ese espíritu vagabundo es que cada día se vuelve más incómodo, incluso para los que genuinamente quieren apoyarlo y lo han seguido hasta ahora. No queda claro si algún día les va a servir de algo o si será un lastre mayor para el partido en términos electorales. Por lo pronto, de todas maneras, ya es un problema para su funcionamiento normal. Pero además de eso, pocos tienen interés en verlo presentarse en las siguientes elecciones presidenciales. Mucho menos los que aspiran a ser el candidato de la izquierda. Y sin embargo, tienen que desempeñar el papel del gran defensor para poder convertirse en su lógico sucesor.
Pues lo único incómodo -aunque procuro ignorarlo- es ser tachado de idiota por los antipejistas locales que se creen ciegamente el cuento de que es un peligro para México, mientras cierran muchos de éstos sus negocios, mientras viven en condiciones cada vez peores, mientras se quejan de lo mal que está todo. Por lo demás, no he encontrado a ningún simpatizante de López Obrador que no esté orgulloso de serlo, ni que lo sea por estar desinformado, desinformación e ignorancia que son el factor común en nuestros antagonistas. Ciertamente, ciudadanos politizados, informados y comprometidos, son un peligro para el funcionamiento normal de las burocracias partidistas actuales. Como si fuera algo malo.
Esa es la enorme paradoja de los “líderes” actuales de la izquierda mexicana. Quisieran deshacerse del fantasma, pero no antes de haberle sacado provecho. Hay quienes ven en el lopezobradorismo una herencia rescatable y provechosa para construir una candidatura de izquierda en seis años, pero sin López Obrador. El asunto no parece fácil, sobre todo porque el difunto no se quiere morir. Hay otros que ya lo percibieron como un obstáculo para construir un verdadero partido democrático. Pero tienen que andar con cuidado, pues no están seguros que el espíritu esté muerto y no se atreven a exorcizarlo. Son los resabios de una vieja cultura política acostumbrada a la cargada, al agachado y al cacicazgo, que sigue estando presente.
El líder es López Obrador, por más que les pese a Cárdenas, Ortega y al subcomediante Marcos, y no lo es solo por su carisma, también cuentan mucho su humildad, su congruencia, su cercanía a la gente, su buen gobierno en el DF, sus propuestas para hacer progresar al país y la honesta defensa que hace de nuestra nación y de los desvalidos. El enorme peso e influencia que tiene son por la gran diferencia que hay entre la calidad moral de AMLO y la de las demas cabezas visibles de la izquierda nacional (no uso la palabra líderes a propósito, son cabezas parlantes nada más). Sobre la vieja cultura política acostumbrada a la cargada, al agachado y al cacicazgo, debe de darse una vuelta por el PRI y el PAN, que hay eso de sobra, la última prueba es la "elección" de Paredes en el PRI.
La tragedia con los espíritus en pena es que no dejan actuar a los vivos, aunque un día, por la fuerza del tiempo, sus lamentos se dejan de oír y sus principales seguidores son los primeros en abandonarlos. En suma, me parece que todos, o casi todos en la izquierda, apuestan a un capital político que ya fue dilapidado. El fantasma se lo llevó todo a su tumba.
Dice lo que muchos quisieran oir, lástima que la necia realidad se empeñe en demostrarles que están equivocados. En la izquierda mexicana ciertamente circulan muchos fantasmas, pero ninguno de ellos es López Obrador.
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