Oligarquía canalla
SU RELIGIÓN ES LA INDECENCIAEl crimen sólo se afianza por el crimen. Ven conmigo, esposa querida.
De Macbeth a su lady. (William Shakespeare.)
ABRAHAM GARCIA IBARRAEn la edición de Cuadernos Americanos, correspondiente a marzo-abril de 1947, Daniel Cosío Villegas publicó su ensayo La Crisis de México. En él, analizó y profetizó:
“No pensemos ya en el Sinarquismo, partido de una ramplonería mental propia sólo del desierto. En primer lugar, me parece claro que Acción Nacional cuenta con dos fuentes únicas de sustentación: la Iglesia católica y el desprestigio de los regímenes revolucionarios; pero la medida de la escasa fuerza final que tendría la da el hecho de que se alimenta más de la segunda fuente que de la primera, a pesar de la tradicional generosidad nutricia de la Iglesia Católica para amamantar a todo partido retrógrado. Esto quiere decir que Acción Nacional se desplomaría al hacerse gobierno. ¿Tendría, llegado ese momento, algo más para vivir por sí mismo y guiar al país? No cuenta ni con principios ni con hombres y, en consecuencia, no podría improvisar ni los unos ni los otros”.
Después de José Vasconcelos -“la conciencia moral de México” (¡!)-, caído en el extravío luego de su fulminante derrota en sus aspiraciones presidenciales en 1929, Cosío Villegas se convirtió en la segunda parte del siglo XX en gurú de referencia obligada de cuanto opositor de los gobiernos fue apareciendo desde la primera presidencia priista de Miguel Alemán Valdés. Obviamente, la mayor parte de los ensayistas políticos de las siguientes generaciones no escapó a la fascinación del festivo, pero corrosivo discurso de Cosío Villegas.
No pocos académicos que pretendieron acreditarse como sedicentes historiadores -y a quienes los verdaderos investigadores y profesores de historia consideran meros historietistas tentados por la vocación del plagio-, mantuvieron su condición de contestatarios hasta que el salinismo neoliberal los reclutó como intelectuales orgánicos, simples publicistas de la presidencia en turno, categoría que refrendaron cuando, usurpado el membrete del PAN, la ultraderecha mexicana, una amorosa simbiosis Sinarquismo-neopanismo, se hizo del poder en 2000.
En ese sórdido y bien remunerado tránsito, los empedernidos citadores de Cosío Villegas prefirieron el disimulo y fingieron ignorar aquella aguda profecía del maestro: La de que el PAN “se desplomaría al hacerse gobierno”. Se bajaron del robusto percherón oposicionista para montar el dócil cuaco oficialista, incorporando sus nombres a las listas de abajofirmantes, como en su momento lo hicieron otros -en algunos casos los mismos- en pleno apogeo del priismo. Su nueva cruzada es la continuidad del foxiato.
Macbeth: “Me he saciado de horrores; las cosas más espantosas han llegado a ser familiares a mis pensamientos homicidas, y no logran ya hacerme estremecer”.
JOSÉ VASCONCELOS
La verdad sospechosa
En su macizo ensayo ¿Remedios contra la corrupción?/ Cohecho, cruzadas y reformas, W. Michael Reisman sostiene: “la gente virtuosa rara vez se siente obligada a proclamar su propia virtud. El hecho mismo de que una disciplina se sienta obligada a anunciar una y otra vez su ‘incansable búsqueda’ de ‘la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad’ despierta la sospecha de que algo muy diferente se está haciendo. De hecho, una parte respetable de la bibliografía tradicional sobre jurisprudencia ha estado fascinada con las verdades a medias de la ley”.
Esa filosa acusación cae como anillo al dedo ahora que, en temporada de abandono de miles de miserables damnificados históricos y recientes en todo el territorio nacional, y de refugiados en el extranjero -dígase Oaxaca, Chiapas, Jalisco, Veracruz, Ciudad Juárez, la propia capital de la República o Líbano-, desde la Presidencia de la República, desde los poderes Legislativo y Judicial y desde el Instituto Federal Electoral, etcétera, se dilapidan miles de millones de pesos en el vano afán de defender honras inexistentes, honestidades incomprobables, legalidades violadas, limpiezas enfangadas y transparencias oscurecidas por monstruosas manifestaciones de corrupción. El leitmotiv de toda esa costosa parafernalia mediática es legitimar el descomunal fraude en las elecciones generales del pasado 2 de julio.
Por supuesto, el agente más enervado de esa ensordecedora campaña es el propio presidente Fox, atrapado en la esquizofrenia frente a la fatal pérdida de un poder sin autoridad, al que la restan escasas 14 semanas de tormento.
En sus torturados y torturantes desvaríos, el jefe del Ejecutivo parece olvidarse ya del país maravilloso que, según sus dichos, ha logrado edificar “el primer gobierno democrático de la historia de México” que él preside, para, finalmente, reconocer, hace unos cuantos días, que la supuesta fortaleza de las “fundamentales macroeconómicas”, como las llama, apenas equivalen a tener un piso firme y de concreto para construir “una gran nación. Se acabó estarla cimentando y fincando en arenas movedizas”.
Casualmente, Fox hablaba en Chihuahua, desde cuya capital económica, Ciudad Juárez, en las mismas horas, los medios electrónicos empezaban a trasmitir imágenes y crónicas de la población fronteriza horrorizada ante el espectáculo de devastación en las colonias populares provocada por las inundaciones que levantaban las costras de “las arenas movedizas” en las que miles de familias han sido confinadas por el gobierno para dejar los espacios relativamente seguros a los parques reservados a la privilegiada industria maquinadora que, sin embargo, no pudo escapar de los embates de la naturaleza y, en un recuento preliminar de los daños, reportaba pérdidas por más de 500 millones de dólares, sólo en el primer día del desastre. Qué tal.
No obstante, el Presidente de la República, que ha hecho de su sexenio incesante obsesión electorera, en vez de aprontarse a la atención del drama social y del siniestro económico en aquella entidad o en las que la tragedia señorea sobre el pobrerío, prefirió galopar hacia espacios más a modo a fin seguir usando su incontinencia verbal para proferir amenazas, ya no tan sordas ni veladas, contra los denunciantes del fraude electoral.
Democracia “sin adjetivos”
En una concertada y puntual división del trabajo, para reforzar la desesperada intromisión presidencial en la calificación de los comicios del 2 de julio y presionar a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a fin de que apresuren la declaración de Presidente electo en favor del candidato panista Felipe Calderón Hinojosa, irrumpió públicamente por fin la colectiva alianza de intelectuales orgánicos para abogar por la intachable y, no faltaba más, impoluta y patriótica conducta de los consejeros del Instituto Federal Electoral, suplantadores de la instancia jurisdiccional en materia de validez de los resultados electorales.
EL EXPLOSIVO COCTEL ULTRADERECHISTA: RELIGIÓN Y POLÍTICA
Entre los abajofirmante estaría quién hace seis años, desde el IFE, sospechosamente permitió al jefe del Ejecutivo federal, Ernesto Zedillo, violentar la Constitución y el código electoral haciendo por la libre la declaración de Presidente electo en favor de Fox, con la anuencia de compañeros de consejo que más tarde serían vistos en Irak dando lecciones de democracia, con las ruines y ruinosas consecuencias que a todo mundo constan; al lado, un ardido “candidato presidencial ciudadano” que trotó por instancias internacionales denunciando a los magistrados que le impidieron ver su cósmico nombre en las boletas electorales del 2 de julio, y aquél que, en su momento, con servilletas al canto, según revelaciones periodísticas, comprobaba su apetecible cobranza en Los Pinos por servicios en los que por hoy no viene al caso abundar.
Nombre conspicuo en la lista de democratistas, es el de otro que impulsó la llamada Lupa ciudadana que, con la más exacta coincidencia de Sociedad en Movimiento, criatura bastarda de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), monitoreaba las campañas presidenciales para, con acertada puntería, la mayor parte de las veces colgarle medallas al candidato del PAN, siempre en las voces de algunos locutores que, sin negar la cruz de su parroquia, vocean la identidad de los gobernadores que pagan, con factura o sin ella, bocas de ganso para expectorar sus fobias y sus ataques partidistas.
Cómo olvidar que ese abajofirmante llegó a escribir que el régimen de Alemán había logrado en seis años lo que Porfirio (Díaz) en treinta: la subordinación indirecta de los intelectuales “agarrados por las tripas”. Como entonces, diría, los intelectuales consintieron en el sacrificio de su libertad política, lo cual podía tener consecuencias en términos políticos y morales. Con todo, muchos intelectuales podían repetir legítimamente, la frase de Cosío Villegas: “sin su concurso, aquel México moderno no hubiese llegado a donde estaba”. Por lo demás, se curó en salud, la subvención estatal “les permitía seguir trabajando en lo más preciado: la obra personal”. Tal cual.
“Subvención estatal” -para los reporteros “de la fuente”, sin andarse con eufemismos vergonzantes, simple chayotazo. Todavía hay clases. Aquí aparece la oportunidad para el profesor de Historia Económica de la UNAM, Manuel López Gallo, entre otras cosas fundador de las Librerías El Sótano y de las editoriales El Caballito y Presencia Latinoamericana, quien describe a dicho abajofirmante como apasionado apologista del místico de la autoridad, Porfirio Díaz, y contumaz detractor del “envidioso y resentido” Lázaro Cárdenas del Río.
López Gallo acusa al interfecto, por decir lo menos, de ignorancia, dolo y mala fe, pecatta minuta puesta al lado de la denuncia de que participó en la reformulación de los libros de texto gratuitos con la consigna (del salinismo) de “acabar con nuestros héroes y tradiciones”, empresa en la que el sedicente historiador fracasó, pues constaba “de tan garrafales anacronismos; eran tan grandes las maledicencias y tan grotescas las posturas conservadoras que las protestas, principalmente de los maestros (…) obligaron a tirarlos a la basura, de donde habían salido. El intento costó muchísimos millones de pesos”.
De otra serie biográfica del mismo sedicente historiador, el profesor López Gallo nomás dice que “nunca una publicación en nuestro medio gozó de tan colosal propaganda. Desde luego, resultó un éxito de librería. La primera aberración estuvo a cargo de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (Eduardo Pesqueira Olea, nr.), dependencia del Ejecutivo federal encargada de patrocinarla. Al menos no lo hizo la Secretaría de Educación”. (Las grandes mentiras de Krauze. Ediciones Caballito, 1997.)
No pasa por alto, el profesor López Gallo, otro título del mismo escribidor, que, afirma, “nos suena a piratería”: La Presidencia Imperial, que remite a la obra The Imperial Presidency, de Arthur Schlesinger, sobre la presidencia de John F. Kennedy. Huelga decir, por nuestra parte, que hay un título más que se convirtió en libro de cabecera del neopanismo:
Democracia sin adjetivos, cuño que empezó a circular en el cono sur en los tiempos de “las fronteras ideológicas y de la seguridad nacional” del golpismo uniformado, que escuchamos por primera vez en 1979 en voz del general brasileño Joao Baptista Figueiredo, militar extraído de la agencia de espionaje de la dictadura, el Servicio Nacional de Información (SIN), creada a raíz del derrocamiento de Joao Goulart, del Partido Trabalhista, matriz del actual presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva.
A mayor abundamiento, otro lector de la obra del personaje en cuestión, el padre del actual secretario de Gobernación, José María Abascal Carranza, el aguerrido sinarquista Salvador Abascal Infante, que algo sabía sobre las vocaciones históricas, ideológicas y literarias, se refirió a la Biografía del Poder -más “monitos que texto”- y criticó “los encendidos elogios tanto en la judaica televisión como en la mercantilista prensa”. Juicio de valor el suyo, responde a la mafufada del “monero” cuando habla de un “liberalismo cristiano”.
No entiende la antítesis, asegura,, “porque el cristiano no puede ser moralmente libre de obrar como se le antoje, ni de pensar como mejor le parezca, ni de asociarse con cualquier objeto, por ejemplo, la masonería”. ¡Zaz!
¿Y qué de uno más, cuyo negocio era -acaso siga siendo-, vender ¡al gobierno! directorios del Gobierno de la República elaborados con la base de datos procesados y sistematizados por la Unidad de Crónica Presidencial de Los Pinos? Todo para financiar su más preciado tesoro: “su obra personal”.
ENRIQUE KRAUZEExaltación de IneptitudesEstamos tratando de reintegrar a nuestro archivo el material de consulta utilizado para esta entrega, cuando nos salta a la vista otra perla testimonial en el siguiente tenor: “La ‘Revolución Mexicana’ y los gobiernos que han surgido erigiéndola como pretexto, han traído a México desempleo, marginación, desesperanza, hambre, inflación, dependencia, mugre, despolitización, pobreza, deterioro social y humano.
“Son ellos, y su pasión por imitar modelos extranjeros, quienes han provocado la crisis de identidad nacional; quienes han malbaratado la riqueza que construimos con tanto esfuerzo y los recursos naturales que ya nunca volveremos a tener. Son ellos y lo que llaman ‘revolución’, quienes han hecho de nuestro país un estanquillo dedicado a la venta de petróleo en el que litro a litro, barril por barril, se extinguen las posibilidades de construir un futuro digno y nuestro. Son ellos los que, sobre todo en los últimos quince años, han estado vendiendo y robando al país.
“…Todo lo que han conseguido es que la descripción que hizo Porfirio Díaz hace más de cien años de nuestra realidad política siga siendo verdadera letra por letra (…): el sufragio político se ha convertido en una farsa, pues el presidente y sus amigos, por todos los medios reprobables, hacen llegar a puestos públicos a los que llaman ‘candidatos oficiales’ (PDM. 1871)). No: nuestra historia política no se repite. Lo que pasa es que no cambia, y no cambia porque nuestros gobiernos trabajan afanosamente para lograr que todo siga igual. No: nuestra historia política no se repite. Lo que pasa es que está todavía por empezar”.
Lo anterior fue escrito en Tetelpan, México, según se asienta, en julio de 1986. (Exaltación de ineptitudes/ Una visión crítica del presidencialismo mexicano). Veinte años después, el mismo día en que tratamos de digerir el voto de los intelectuales a favor de la probidad del IFE, vemos a su viril autor en cónclave muy privado con el ex secretario de Energía de Fox, pero no le dice nada de aquello sobre “el estanquillo dedicado a la venta de petróleo”, ni del agotamiento del inmenso yacimiento Cantarell, exprimido por el Chupapemex foxiano. Al parecer, le da consejos sobre seguridad pública al candidato oficial del foxismo. Cómo no: de que el gobierno de la alternancia trajo muchos cambios, sí que los trajo.
Lex simulata, ni mandada hacer
Reisman, en la obra citada -por cierto publicada por la empresa gubernamental Fondo de Cultura Económica en los tiempos de Miguel de la Madrid, el que postulaba la “renovación, moral de la sociedad” y luego sería “empleado” de Zedillo en esa editorial-, habla de la lex simulata y la lex imperfecta para asegurar que, “en su misma ineficacia, expresan y refuerzan la distinción esencial entre el sistema mítico y el código práctico. Seguramente hay cierto cinismo, particularmente donde la función de la discrepancia es mediar entre las clases sociales…”.
Durante todo su mandato, Fox se ha obcecado en sacar adelante sus “reformas estratégicas”, en cuyo centro de gravedad están aún la privatización del sector energético, con el petróleo como platillo fuerte; una nueva política hacendaria y la revisión del régimen laboral. Por ellas, llevó a la ruptura las relaciones del Poder Ejecutivo con el Congreso de la Unión, y optó por el atajo fáctico para imponer sus designios. Pero nunca le echó los mismos kilos a una reforma electoral. Los partidos y sus coordinaciones parlamentarias, libres de cualquier gestión del IFE, dieron la callada por respuesta a cuanta iniciativa se presentó en esa materia, que implicara poner a tono la Constitución y el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) con las nuevas circunstancias políticas, primadas por una nueva correlación de fuerzas que se colocaron en un equilibrio catastrófico. Era esa, es, una de las piedras de toque de la gran Reforma del Estado nunca aceptada, y menos acometida, por el foxiato.
El llamado “bono democrático” de 2000, se pretendió canjearlo única y exclusivamente por cheques en blanco, no para los verdaderos empresarios, sino para una manga de negociantes cebados en la economía especulativa. De los derechos ciudadanos, así fuera sólo los político-electorales en la frecuencia de una esperada transición democrática, se hizo abstracción: “Mira, nos está hablando la virgen”.
Mantener el inacabado e imperfecto régimen electoral en sus términos, convenía al gobierno y a la corrompida partidocracia, sobre todo si cualquier cambio va dirigido a restringir el oneroso subsidio público, limitar en número la composición de las cámaras legislativas, o regular el gasto publicitario en campañas más cortas, etcétera. En conservar la rezagada y rezagante legislación, en eso sí, fueron uno para todos y todos para uno. Aquel Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional, suscrito en 2001 y publicitado simplonamente como un Pacto de la Moncloa (de la Moncloa, señor presidente, no de la Monclova), no pasó de la condición de feto. Fue el único aborto que se consintió en Los Pinos.
Lex imperfecta, lex simulata. Qué mejor coartada burocrática para que los consejeros del IFE, presididos por el gordillista Luis Carlos Ugalde, dieran rienda suelta a su descarada complicidad en la metódica conspiración para imponer la continuidad del foxiato. Aceptando sin conceder -hay que apelar al lenguaje huizachero para ponernos en frecuencia-, que originalmente los consejeros no pensaron en avalar un fraude electoral de la magnitud del realizado, la fuerza de los hechos los convirtió en sospechosos de la maquinación a la que cedieron sin la menor resistencia ética, escudándose en las deficiencias e insuficiencias de la ley. Siempre tendrían a la mano el chivo expiatorio: “Es que el Congreso de la Unión no actualizó la norma. No nos dio los instrumentos idóneos para actuar. No podemos violentar el Estado de derecho. Dios nos libre y “la maestra” también”.
A Dios rezando y con el mazo dando: Atrincherados en ese perforado “Estado de derecho”, con mexicana alegría los consejeros electorales, de principio a fin, se hicieron de la vista gorda ante cada nueva trapacería de los beligerantes, en especial de algunos de ellos, lavándose las manos en los sanitarios del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
En su aviesa alcahuetería, los consejeros del IFE no estuvieron solos: fueron acompañados entusiastamente por la Fiscal Especial para Delitos Electorales (Fepade) de la Procuraduría General de la República, María de los Ángeles Fromow. Ésta, con la cachaza que le ha sido característica desde que asumió el cargo, todavía, frente a la montaña de denuncias acumuladas en torno al proceso, postergó el resultado de invisibles investigaciones para después de que el TRIFE haya dado sus resoluciones “definitivas e inatacables”. No vaya a ser que alguna conclusión inculpatoria contra los transgresores pueda servir de argumento no deseado a los magistrados electorales.
Pasada la fase técnico-administrativa, que no es otra la que, en estricto rigor, corresponde al IFE -dejemos de lado las atribuciones facciosas que, a pesar del “Estado de derecho”, se arrogó Luis Carlos Ugalde al hacer la declaración de Presidente electo-, creyentes democráticos de buena fe, no hablemos de los actores directos en el conflicto, expresaron su confianza en que los magistrados electorales pondrían las cosas en su justa dimensión jurisdiccional.
Esos ciudadanos, de un amplísimo abanico social y cultural, no se chuparon el dedo frente a la sistemática coacción que sobre esos jueces desataron, poder mediático de por medio, los intereses creados, para obligarlos a asumir como irreversibles los dictados de los consejeros del IFE. Legos en las recónditas veleidades del alma, siempre prisionera en el interés particular, pero con alguna noción del código de ética para funcionarios del Poder Judicial de la Federación, tales ciudadanos apostaron a que hay excepciones que hacen la historia, en las que la justicia no se puede negar cuando el interés superior de la nación está por encima de las mezquinas parcialidades electorales y económicas. Vale más, solían decir los románticos de la libertad, morir de pie que vivir de rodillas.
Para documentar y nutrir su optimismo, ese universo de voluntades variopintas se ha atenido a la congruencia: Los magistrados, dedujeron quién sabe con qué grado de pertinencia, han revocado resultados electorales que se daban por definitivos e, inspirados en su propia creatividad, acuñaron la figura de “la nulidad abstracta” -que se materializa, sin embargo, en contundentes evidencias de la transgresión-, para ordenar elecciones extraordinarias ahí donde las ordinarias resultaron violentadas y manchadas por la impudicia de sus protagonistas y pretendidos usufructuarios. No fue una vez, ni dos, pero destacan, sobre todo, elecciones de gobernador. “Pequeñas magnitudes” ¿no justifican, entonces, actuar en consecuencia ante una magnitud mayor? La ley es dura, pero es la ley.
Existe, en esas judicializadas experiencias, sin embargo, una lógica inercial: en las elecciones de gobernador de Tabasco y Colima, que son a las que nos referimos, estaba latente la humana tentación de hacer leña del árbol caído. Los villanos de la película eran candidatos del PRI, y el PRI acababa de perder la Presidencia de la República. Los acusadores eran el PAN, de terca trayectoria impugnadora de resultados electorales en los que resultaría perdedor, y el PRD, aliado de ayer en esos menesteres del panismo remiso. Así, cualquiera podía vestirse de torero. Ahora, el acusado es el PAN, partido aún en el poder. No es lo mismo Chana que Juana. Los democratistas, que hace veinte años escribían contra el priismo Chihuahua de ida y vuelta, aplaudieron hasta el delirio ese nuevo concepto de “justicia electoral” aplicado por los magistrados. Ahora pretenden asfixiarlos con el poder de sus firmas. Estamos por ver, ya vimos parte, si logran su objetivo con adjetivos.
El sábado 5 de agosto, conocido en sesión pública del pleno el criterio conceptual de los magistrados respecto de la explosiva materia que tienen sus manos y en sus conciencias, a la media noche Televisa empezó a disparar sobre su indefenso auditorio de “jodidos”, según codificación sociológica decretada por Emilio El Tigre Azcárraga Milmo, ráfagas de spots en los que proclamaba -“porque el mundo es un juguete”-, entre otras cosas: “¡Nuestros triunfos son de todos! ¡Somos ganadores!”. ¿Saben algo, los ejecutivos de Televisa, del pensamiento de los magistrados, que los simples mortales no sepamos? ¿O es la continuación, por los mismos medios, de la guerra de odio?
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Lady Macbeth: “Sed serpiente que se oculta bajo esa flor (…) Después, todas vuestras noches y días os hallarán en plena posesión de la soberanía y del derecho absoluto de hacer todo”.
Macbeth: “Hablaremos de eso más despacio”.
Lady Macbeth: “No os olvidéis de sonreír y mostrar el rostro afable. La alteración de las facciones es el espejo del miedo. Lo demás queda a cargo mío”.
Monseñor y su lady terminaron locos de atar. El médico dijo: “Las acciones antinaturales provocan desórdenes de la naturaleza. Las conciencias infectas revelan sus secretos a la sorda almohada…”. Ay, sublime Shakespeare, y pensar que en México serías un escritor costumbrista.