MAS ALLÁ DE LA ESTUPIDEZ.
Alejandro Nadal.
Presupuesto federal: más allá de la estupidez.
¿Presidente del empleo? Vamos a ver.
El primer proyecto de Presupuesto de Egresos que envía al Congreso el actual ocupante de Los Pinos no corresponde a su bandera de campaña. La prioridad es otra: la sacrosanta "estabilidad macroeconómica". Por eso el gasto programable propuesto acusa una reducción de 3 por ciento con respecto a 2006. ¡Buen comienzo! Así sí vamos a crear muchos empleos.
El paquete económico indica que la tasa de crecimiento del PIB para 2007 sería de 3.3 por ciento (una caída frente al 4.4 por ciento del último foxista). La estabilidad macroeconómica saltará en pedacitos y mostrará lo que es en realidad, una ficción: el déficit en cuenta corriente pasará de 2 mil 500 a 20 mil millones de dólares. Pero no os preocupéis: a pesar de la caída en el crecimiento, la SHCP calcula que se incrementarán los ingresos tributarios y saldremos adelante. Así que lo importante es fijar nuestra atención en las utilidades de los capitalistas, digo, perdón, en la creación de empleo.
Para comenzar, el señor Agustín Carstens reconoce que al ritmo de crecimiento de los últimos seis años se requerirían 65 años para duplicar el producto per cápita. Así concluye foxilandia. Pero para remediar esta situación el nuevo paquete económico viene al rescate. Las recetas son interesantes: fortalecer el estado de derecho y la seguridad pública, definir y garantizar los derechos de propiedad, reducir las trabas burocráticas ("desregular") y aumentar la competitividad de las empresas. ¿Quién escribe estas cosas?
En lo que concierne a la competitividad, Carstens también reconoce que en los últimos 45 años el crecimiento de la productividad en México es apenas 25 por ciento del de Corea. Pero sostiene que esa brecha se puede cerrar si eliminamos los "cuellos de botellas". ¿Estará hablando del gasto en ciencia y tecnología, o en educación superior? No, esos rubros no importan y por eso se reducen o permanecen estancados. También por eso la inversión en el presupuesto sometido al Congreso sufrirá una caída de 13 por ciento. Hay que tenerlo claro: esos rubros no tienen nada que ver con la brecha que nos separa de países como Corea. Lo que sí tenemos que hacer, según Carstens, es aumentar la "rentabilidad de las inversiones". ¿Cómo lograrlo?, se pregunta.
Como buen subordinado del presidente del empleo, su respuesta va al grano: es necesario "incrementar las opciones de contratación laboral" para lograr una mayor creación de empleos en el sector formal. En la SHCP así se le llama a la reforma laboral, es decir, a la introducción de un régimen de contratación y despido a mínimo costo. Eso es, hay que eliminar el costo de cada despido: esto es, adiós a la indemnización y al colchón para el gasto familiar mientras se trata de conseguir otro empleo. Así sí se va a combatir la pobreza en el régimen de Calderón-Carstens.
Siempre que uno escucha hablar de la reforma laboral, la pregunta surge: ¿qué no se está aplicando ya de facto en México? Veamos las cifras del INEGI. En 2006, último año del gobierno foxista, el PIB habrá tenido una tasa de crecimiento de 4.5 por ciento, la más alta del sexenio. Este crecimiento permitió generar 743 mil 403 empleos (tomando como indicador el número de afiliados al IMSS), el número más alto del sexenio, pero de todos modos insuficiente para cubrir la demanda del millón 200 mil nuevos empleos cada año.
Lo más grave es que de esa cantidad, 62 por ciento se compone de empleos temporales. Esa fue la tendencia a lo largo de todo el último sexenio: en promedio anual se crearon 177 mil 214 nuevos empleos (siempre tomando como indicador los afiliados al IMSS), y de ese promedio anual 68 por ciento fueron empleos temporales y 32 por ciento permanentes.
Ahora Carstens solicita reducir los costos de despido y aumentar las "opciones de contratación". Pero las estadísticas oficiales revelan que la flexibilización del mercado laboral ya está vigente en México. Lo que ahora se pide es eliminar los últimos obstáculos para poder despedir alegremente a ese 32 por ciento de trabajadores "permanentes".
El llamado mercado laboral no es más que una ficción de la teoría macroeconómica neoliberal. Pero para Carstens es también la fuente de un pesado dolor de cabeza. Para su deficiente análisis, aumentar la rentabilidad pasa por reducir el costo del despido. Con eso van a aumentar las inversiones. Poco le importa a este caballero que la política monetaria y la política fiscal mantengan una postura recesiva. Que el crédito no fluya y que el costo de la intermediación financiera sea demasiado alto. No, eso no tiene nada que ver con el mal desempeño de la inversión. Son los trabajadores que cobran por ser despedidos, ¡qué desfachatez!
El proyecto de Presupuesto de Egresos es un monumento a la ignorancia de Carstens y corona años de estupidez de los tecnócratas que nos dieron la crisis de 1982, la de 1995, el Fobaproa, los Pidiregas, la dependencia total frente a la economía de Estados Unidos y unos 20 años de estancamiento. Debe ser rechazado y reformulado de acuerdo con un diagnóstico serio y prioridades responsables.
ESPURIO FECAL PELELE Presupuesto federal: más allá de la estupidez.
¿Presidente del empleo? Vamos a ver.
El primer proyecto de Presupuesto de Egresos que envía al Congreso el actual ocupante de Los Pinos no corresponde a su bandera de campaña. La prioridad es otra: la sacrosanta "estabilidad macroeconómica". Por eso el gasto programable propuesto acusa una reducción de 3 por ciento con respecto a 2006. ¡Buen comienzo! Así sí vamos a crear muchos empleos.
El paquete económico indica que la tasa de crecimiento del PIB para 2007 sería de 3.3 por ciento (una caída frente al 4.4 por ciento del último foxista). La estabilidad macroeconómica saltará en pedacitos y mostrará lo que es en realidad, una ficción: el déficit en cuenta corriente pasará de 2 mil 500 a 20 mil millones de dólares. Pero no os preocupéis: a pesar de la caída en el crecimiento, la SHCP calcula que se incrementarán los ingresos tributarios y saldremos adelante. Así que lo importante es fijar nuestra atención en las utilidades de los capitalistas, digo, perdón, en la creación de empleo.
Para comenzar, el señor Agustín Carstens reconoce que al ritmo de crecimiento de los últimos seis años se requerirían 65 años para duplicar el producto per cápita. Así concluye foxilandia. Pero para remediar esta situación el nuevo paquete económico viene al rescate. Las recetas son interesantes: fortalecer el estado de derecho y la seguridad pública, definir y garantizar los derechos de propiedad, reducir las trabas burocráticas ("desregular") y aumentar la competitividad de las empresas. ¿Quién escribe estas cosas?
En lo que concierne a la competitividad, Carstens también reconoce que en los últimos 45 años el crecimiento de la productividad en México es apenas 25 por ciento del de Corea. Pero sostiene que esa brecha se puede cerrar si eliminamos los "cuellos de botellas". ¿Estará hablando del gasto en ciencia y tecnología, o en educación superior? No, esos rubros no importan y por eso se reducen o permanecen estancados. También por eso la inversión en el presupuesto sometido al Congreso sufrirá una caída de 13 por ciento. Hay que tenerlo claro: esos rubros no tienen nada que ver con la brecha que nos separa de países como Corea. Lo que sí tenemos que hacer, según Carstens, es aumentar la "rentabilidad de las inversiones". ¿Cómo lograrlo?, se pregunta.
Como buen subordinado del presidente del empleo, su respuesta va al grano: es necesario "incrementar las opciones de contratación laboral" para lograr una mayor creación de empleos en el sector formal. En la SHCP así se le llama a la reforma laboral, es decir, a la introducción de un régimen de contratación y despido a mínimo costo. Eso es, hay que eliminar el costo de cada despido: esto es, adiós a la indemnización y al colchón para el gasto familiar mientras se trata de conseguir otro empleo. Así sí se va a combatir la pobreza en el régimen de Calderón-Carstens.
Siempre que uno escucha hablar de la reforma laboral, la pregunta surge: ¿qué no se está aplicando ya de facto en México? Veamos las cifras del INEGI. En 2006, último año del gobierno foxista, el PIB habrá tenido una tasa de crecimiento de 4.5 por ciento, la más alta del sexenio. Este crecimiento permitió generar 743 mil 403 empleos (tomando como indicador el número de afiliados al IMSS), el número más alto del sexenio, pero de todos modos insuficiente para cubrir la demanda del millón 200 mil nuevos empleos cada año.
Lo más grave es que de esa cantidad, 62 por ciento se compone de empleos temporales. Esa fue la tendencia a lo largo de todo el último sexenio: en promedio anual se crearon 177 mil 214 nuevos empleos (siempre tomando como indicador los afiliados al IMSS), y de ese promedio anual 68 por ciento fueron empleos temporales y 32 por ciento permanentes.
Ahora Carstens solicita reducir los costos de despido y aumentar las "opciones de contratación". Pero las estadísticas oficiales revelan que la flexibilización del mercado laboral ya está vigente en México. Lo que ahora se pide es eliminar los últimos obstáculos para poder despedir alegremente a ese 32 por ciento de trabajadores "permanentes".
El llamado mercado laboral no es más que una ficción de la teoría macroeconómica neoliberal. Pero para Carstens es también la fuente de un pesado dolor de cabeza. Para su deficiente análisis, aumentar la rentabilidad pasa por reducir el costo del despido. Con eso van a aumentar las inversiones. Poco le importa a este caballero que la política monetaria y la política fiscal mantengan una postura recesiva. Que el crédito no fluya y que el costo de la intermediación financiera sea demasiado alto. No, eso no tiene nada que ver con el mal desempeño de la inversión. Son los trabajadores que cobran por ser despedidos, ¡qué desfachatez!
El proyecto de Presupuesto de Egresos es un monumento a la ignorancia de Carstens y corona años de estupidez de los tecnócratas que nos dieron la crisis de 1982, la de 1995, el Fobaproa, los Pidiregas, la dependencia total frente a la economía de Estados Unidos y unos 20 años de estancamiento. Debe ser rechazado y reformulado de acuerdo con un diagnóstico serio y prioridades responsables.
PRESIDENTE DE MEXICO
MENTIRAS POR UN LADO, CONGRUENCIA POR OTRO.
Luis Linares ZapataAmacizar la derecha.
La vena ignorante, autoritaria y soberbia de la derecha quedó a la intemperie con el presupuesto que Calderón acaba de enviar al Congreso para su estudio y aprobación. El recorte de 4.5 mil millones al sector educativo no puede ser leído de otra forma. No sólo la UNAM se vería afectada con 900 millones menos, sino todas las universidades públicas del país padecerían penurias adicionales, a cual más de graves. Miles de jóvenes mexicanos, que, año con año, son rechazados por pretender entrar a las aulas de la educación superior, engrosarán sus ignominiosas filas. A cada uno de ellos se les achicará el horizonte de oportunidades y los ya nutridos contingentes del descontento social encontrarán nuevos reclutas.
El ahora tristemente célebre diputado panista que intentó ningunear a la UNAM le ha hecho un gran favor a la comunidad de intereses que apoyan una visión de largo plazo, nacionalista y moderna de México: descobijó la mediana sagacidad de los hacendistas recién confirmados para manejar los haberes públicos. Y con ello trasmutó, tan desconocido personaje y con severo autogolpe, la pretensión del nuevo gobierno de castigar y, después, someter a la comunidad de las universidades públicas a su propio designio y voluntad. Un magno tiro que ya le salió caro al señor Carstens y demás familia de subordinados, patrones y adláteres.
Son esos señores de la SHCP los que han impregnado, con su talante de burócratas de elite, la ofensiva en pos de aquellos sectores sociales que les dieron la espalda en las urnas. A tan sólo unos cuantos días de que su jefe tomara protesta bajo custodia, la guadaña depredadora cayó sobre algunos infieles para obligarlos a negociar de espaldas a la precariedad. No puede el señor Carstens deslindarse de las aseveraciones del panista de marras. Los dos salieron del mismo instituto tecnológico y, con serias dudas de diferencias personales, reflejan supuestos similares en cuanto a la calidad de su entrenamiento profesional privado. Uno es contador y el otro economista, pero ambos asumen que ya es hora de someter a los estudiantes y autoridades de las entidades públicas a rigurosas pruebas de eficiencia. Llegó el tiempo de apoyar la competencia que hacen las miles de escuelitas privadas que sacan administradores y comunicólogos o abogados al por mayor. Ni un solo matemático, menos aún físicos, biólogos moleculares o astrónomos de reconocimiento mundial son preparados en esas aulas de seudopudientes, pero eso no es trascendente, alegan. Lo crucial es que se tenga la libertad de opción dicen los panistas y sus tecnócratas encumbrados. Pero aún así, los ingenieros civiles e industriales, los médicos, químicos o arquitectos que ya preparan en sus tecnológicos y demás escuelas, no quieren jugar a la competencia con los beneficiados por el mandato de la educación gratuita. La ventaja que les llevan es enorme.
Llegar a invertir 1.5 por ciento del PIB en educación superior y en ciencia y tecnología es un prerrequisito para no perder la tercera revolución, la del conocimiento y la información ya en pleno desenvolvimiento en varios países. Aquella sociedad que no la fije como meta y la realice a plenitud cotidiana en su quehacer quedará condenada, como reza la última frase de la famosa novela de García Márquez, a cien años de soledad y no tendrán una segunda oportunidad sobre la Tierra.
En 2006, luego de precarios aumentos anteriores, se disminuyó el citado porcentaje del PIB a sólo 0.54 por ciento. No contentos con ello, los hacendarios de ahora (que son los mismos que ayer, los que han mantenido a la economía en un crecimiento poquitero) dieron un tajo adicional a la profunda herida. Proponen reducir tal medida a un magro 0.51 por ciento del PIB. Todo un logro retardatario.
En contraste con tales intenciones desde el poder formalizado, que sólo pueden tomarse como un oneroso punto de partida, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en el presupuesto recién presentado ante los diputados del Frente Amplio Progresista, ha sabido cumplir con los compromisos adquiridos durante su campaña. El incremento que AMLO introdujo en el ramo de la educación superior es de 15 mil millones de pesos adicionales, precisamente los suficientes como para continuar en la ruta para llegar a ese 1.5 por ciento del PIB. Con esta erogación se podrían eliminar todos los rechazos que ahora son la humillante regla.
Un real contraste entre dos visiones de lo que esta república requiere. Una que apuesta por la independencia basada en las capacidades y otra que juega, con riesgos inaceptables, a la dependencia permanente. Una que no titubea en desaparecer los privilegios desmedidos de la burocracia y propone un serio recorte al gasto corriente (nóminas y otros) por 85 mil millones y otra que adelanta un tímido 10 por ciento de menos sólo a unos cuantos salarios elevados. Dos posiciones encontradas, una que incumple sus promesas dejándolas en simples bocanadas electoreras y otro que lleva su congruencia hasta el final.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario