viernes, diciembre 15, 2006

Los primeros días PDF Imprimir E-Mail
sábado, 16 de diciembre de 2006

Por Víctor Flores Olea
No parecen nada deleznables las hazañas de las primeras dos semanas del gobierno de Felipe Calderón: nuevos presos políticos en mazmorras de alta seguridad, represión y violación de los derechos humanos en Oaxaca que llaman la atención internacional, la designación como secretario de Gobernación de un gobernador violento hasta hacer añicos la ley, y la de un alfil del Fondo Monetario Internacional como Secretario de Hacienda. El primer resultado previsible de esto último: un severo recorte en el presupuesto de educación, ciencia y tecnología.
La hazaña va más allá de lo imaginado en tiempo tan corto y, desde luego, indica una rigurosa coherencia en el proceder del nuevo gobierno: hablo de coherencia porque en su gobierno sólo Felipe Calderón parece tener la primera y última palabra: únicamente el jefe del Ejecutivo precisa y argumenta, con alguna ayuda de circunstancia controlada y revisada. Lo contrario de Fox, que pasó por sus seis años de gobierno en una feria de contradicciones y excesos en el querer y decir. Lo contrario con Felipe Calderón: ya se percibe una notable centralidad en las decisiones y en su explicación pública.

Esto no significa que las secretarías de Estado hayan sido borradas del mapa, sino más bien que los secretarios, al menos hasta ahora, presentan los asuntos bajo su luz (la luz de los secretarios y la luz de Calderón, grandemente sincronizadas) y obtienen con relativa facilidad el acuerdo presidencial. Es normal, porque el detalle es imposible para el presidente y aún menos la minucia de su ejecución. La obstinada coherencia del presidente es también la coherencia de sus secretarios: por eso los efectos de estas dos primeras semanas de gobierno son aterradores.
Aterradores porque los pronósticos se quedaron lejos de lo que ya ocurre. La coherencia de que hablo se ha convertido en consistencia de las acciones: rápidamente la "mano dura" se trastoca en puño férreo y, lo que es peor, la "aplicación de la ley" en eventual ruptura de la ley, si de esa manera se satisfacen los puntuales fines "ordenadores" del nuevo régimen (es decir, la defensa a ultranza del statu quo.) No parece exageración lo dicho y repetido: la extrema derecha ha tomado el poder en nuestro país.
Dije antes "ordenadores" del nuevo régimen, porque en realidad se trata de una nación dividida y las acciones que le corten las alas a las protestas, a los reclamos y a las demandas del pueblo, con mucha probabilidad extremarán el desaliento y conducirán a la desesperación a muchos mexicanos, inclusive lanzando a la aventura violenta a sinnúmero de jóvenes, lo cual sería desastroso para todos. Lo descrito no es tan remoto considerando las evidencias de estos primeros días, que ya parecen definir el color y tono del nuevo gobierno.
Es verdad: Felipe Calderón parece haber reaccionado con cierta agilidad al disparate del presupuesto que elaboró el Secretario de Hacienda, con tan severos cortes a la educación, la ciencia y la cultura, y especialmente a las universidades públicas de México. Pero ¿por qué fue "reacción"? ¿Qué no percibió desde antes las fatales implicaciones sociales y la oposición indignada y masiva que propiciaba? ¿Fue un descuido o, como decíamos, está plenamente "tripulado" por los discípulos del "Consenso de Washington", cada vez menor en número y en calidad? En todo caso, Calderón recoge la primera cosecha envenenada de su debilidad en el nombramiento de un hombre del FMI, formado y conformado precisamente en la mentalidad de esa tecnocracia internacional.
¿Ni por asomo ha leído Felipe Calderón a Joseph E. Stiglitz, Nobel de Economía, quien conoce bien y pinta de cuerpo entero a la "raza" tecnócrata del FMI, dedicada en el fondo a frenar el desarrollo y la creación de empleos, es decir, dos objetivos declarados del candidato Calderón, y a asegurar el dominio urbi et orbi de las corporaciones estadounidenses e internacionales? ¿Prefirió las recomendaciones del establishment que le presentaron a Carstens como satisfactorio y asimilable? Para nadie es sorpresa lo acontecido y él se lo ganó.
Lo malo es que el país repite su propia historia en materia económica y hacendaria; es seguro que no será la última vez en que la mentalidad y línea del FMI se traduzcan en políticas concretas del gobierno de Felipe Calderón. Y tal cosa significa un potencial terreno de fuertes confrontaciones sociales y políticas con su gobierno. Por eso el profundo escepticismo nacional cuando dice que su prioridad más alta es resolver la pobreza: ¿con las orientaciones del FMI? Este milagro no se ha producido en ningún lugar del mundo.
Se subraya en cambio que la seguridad ocupa la prioridad del gobierno de Calderón, según el proyecto de presupuesto, que ya se manifiesta en esa verdadera ocupación militar de Michoacán. Todavía habrá que esperar los resultados de la aventura persecutoria, que ojalá combata efectivamente al crimen organizado, al narcotráfico y a su violencia, y que no se utilice para frenar a los movimientos sociales, haciéndose objetivamente represiva y violatoria de los derechos fundamentales. En todo caso, resultó desdichado que el necesario combate al crimen se haya organizado a costa de la educación, la ciencia y la cultura.

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