LOS AÑOS MARAVILLOSOS
Aquel, quien empezó su sexenio proponiéndose unificar a las dos Coreas, está a punto de abordar la nave del olvido sin poder unificar a las dos Oaxacas. Y es que no se puede unir nada a partir de los enconos que ha sembrado el presidente Fox a lo largo de los últimos años, particularmente durante el proceso de desafuero de López Obrador y durante la pasada campaña presidencial.
Cuando desde la perspectiva del tiempo se haga un balance de estos años, habrá de recurrirse a lentes de mucho aumento para encontrar los aspectos positivos del desempeño de Fox. No pasaron muchos años para que la frivolidad de López Portillo fuera superada. Pasaron menos aún para que la galopante corrupción salinista fuera también superada. Si el desempeño de Fox fuera el único referente de lo hecho por Zedillo, no sería exagerada la expresión ¡Qué grande fuiste, Zedillo! Afortunadamente existen otros puntos de referencia.
La condición parasitaria de la clase política mexicana no hizo sino agudizarse en los años de Fox. La corrupción de las instituciones nacionales no se detuvo, sino que se agravó al grado de que, gracias a la venalidad del sistema judicial, particularmente de la Suprema Corte, adquirió visos de legalización. Ahí tenemos por ejemplo que la ilegal autoadjudicación de bonos millonarios por parte de miembros del sistema judicial, que fueron legalizados por la alguna vez honorable Suprema Corte. O los obscenamente altos sueldos de los ministros ( cuatrocientos mil pesos mensuales) que son signo de la legalización de la corrupción.
Los casos de evidente corrupción de Diego Fernández de Cevallos, de Carmen Segura, de Santiago Creel, de Carlos Flores, el embajador dormimundo, el narcogobernador de Morelos, los hijos de “Martita”, sin olvidar a otros integrantes de la voraz familia presidencial y tantos otros botones de muestra de la corrupción panista, que podrían usarse como infinitas lentejuelas, han quedado todos sin castigo. No podía esperarse que el degradado sistema político mexicano mordiera su propia cola.
Mención aparte merece el desbordamento de la actividad del narcotráfico, y de la violencia que trae consigo. Ya dijo el gobernador Bours que los narcos matan a puros culpables. Si es así entonces podría entregarles a ellos el poder judicial, con eso lograríamos no solo ahorrarle grandes cantidades al erario, sino además que los culpables no costaran en la cárcel, puesto que serían eliminados. Gracias a las palabras de Bours ya contamos con una nueva institución nacional: la narcojusticia.
Cuando inició el sexenio el Chapo Guzmán estaba en la cárcel. Ahora, después de una fuga que no le costo demasiado trabajo, se ha convertido en el mexicano más poderoso. Jorge Tello Peón (¿de quién?) responsable directo de la fuga del chapo Guzmán, suena ahora en el equipo de Calderón para hacerse cargo de la Secretaría de Seguridad Pública. ¡La seguridad pública en manos del libertador del Chapo! vaya un oscuro elemento en el sombrío gabinete del presidente de sombras.
Si por la víspera se conoce el día, ya sabemos a que atenernos. El sexenio del narco será un sexenio de doce años. Chiquillos y chiquillas, hemos vivido apenas la mitad de los años maravillosos.
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