miércoles, octubre 18, 2006

Las tribulaciones eróticas de González de Alba o El Antikrauze III

Replica a Luis González de Alba

La ofensiva principal en contra de López Obrador y del movimiento que encabeza ha dejado de ser por el momento la presidencia de la república, la presidencia del PAN, la presidencia del Consejo Coordinador Empresarial o el agringado ‘war room’ de Fecal. El oficio de tronera en contra de ambos se ejerce ahora desde las páginas de la revista Letras Libres, disminuido remedo intelectual de las pacianas Plural y Vuelta. Número tras número su centro de atención es la figura de López Obrador y sus seguidores que, como ha tenido que aceptar a regañadientes, suman millones. Ya se trate del ‘Mesías tropical’ de Krauze (veremos lo que resulta de su nueva embriaguez en el número de octubre), del ‘Caudillo embrujador’ de Bartra, de la elemental ironía del ‘clown’ (traduzco: payaso, en español) Sheridan (que ni siquiera al Cantinflas chafísima de los sesentas y después alcanza) o de alguno que otro Patiño seudocrítico literario, los disparos están a la orden del mes. La pregunta obligada salta: ¿buscan congraciarse con el ‘presidente electo’; para qué? A la lista de tronadores se suma Luis González de Alba.

González de Alba publica un artículo interesante en la edición de septiembre: ‘Erotismo, sexualidad e intelectuales’. Y más que interesar por lo que dice, lo hace por lo que deja ausente en sus páginas. Lo que deja de decir son tres hechos básicos: 1) Que el movimiento generado alrededor de López Obrador es genuino y que encuentra sus raíces en la largamente postergada justicia económica y social en México; 2) Que existen claras evidencias de fraude electoral (cuando menos debiera dar cabida razonable a la duda) y de irregularidades, la mayor de las cuales es la resolución contradictoria e inconstitucional del TRIFE y ya no mencionemos la ilegalidad y la violencia de la campaña preelectoral; 3) Que el movimiento en torno a López Obrador ha obtenido las simpatías de la mayoría de los intelectuales mexicanos porque este ofrece un proyecto alternativo al conocido neoliberalismo que no sólo ha acentuado la desigualdad entre los mexicanos sino que ha exhibido entre sus planes la continuidad del desmantelamiento del país a cargo de las trasnacionales. Este proyecto alternativo se sustenta en ciertos pilares básicos de la lucha política en la historia de México como lo son la ancestral miseria económica de la mayoría de la población, las metas incumplidas o incompletas de la Revolución Mexicana (educación gratuita, seguridad social, producción en el campo…), la defensa de la nacionalización petrolera, etc. Un ligero análisis hecho con seriedad bastaría para desbaratar la idea de que el movimiento actual representa un intento de regreso al pasado del nacionalismo revolucionario (y si lo fuera aun tendría sus propios justificantes, como lo son el truncamiento, el desvío, la traición a la Revolución Mexicana; pero ese es otro punto) y que por el contrario apunta hacia el futuro, hacia la búsqueda de una verdadera transformación democrática del país. Y frente al prianismo neoliberal de instituciones que simulan un juego democrático aparentemente puro, el movimiento liderado por López Obrador es la acumulación del eco de la historia. La historia de la injusticia y la desigualdad social.

Esto lo ignora González de Alba. En cambio, da rienda suelta a sus especulaciones y al intríngulis personal. Primero que todo sorprende la capacidad reduccionista del autor. Atribuye a las dotes sexuales de López Obrador la expresión despertada en los quince millones de ciudadanos que lo votaron como su presidente. Asimismo acusa a los intelectuales mexicanos, empezando por Monsiváis y Poniatowska, –tamborilero y bastonera, les llama- de haber caído también en esta trampa biológica (no discutiré aquí las razones personales de González de Alba, pero no deja de inquietar que ayer firmaba con Monsiváis y Nancy Cárdenas el Primer Manifiesto en Defensa de los Homosexuales y hoy es acérrimo enemigo de aquél, al grado de ocurrírsele aquella manidísima ocurrencia de Paz de que Monsiváis no tenía ideas sino ocurrencias, para denostarlo; ¿dónde se rompió la relación, fue durante el tiempo de La Jornada?). Sugiere que la estafeta sexual la habría tomado AMLO de Marcos. Y de acuerdo con la hipótesis central, nosotros tendríamos que deducir el resto: éste último la cogió de Lázaro Cárdenas, éste de Villa, Zapata… La historia de la lucha social reducida a la libido. Naturalmente que González de Alba no carece totalmente de razón, no es hallazgo alguno aseverar que el carisma personal del héroe, el líder, el luchador social se manifiesta en la capacidad de atracción que ejerce entre sus seguidores (Freud mismo ha interpretado la energía social o la forma artística como una manifestación condensada de la libido que renuncia a ser sexo puro). Pero de allí a extrapolar esta convención psíquica para denotar la falsedad o la inconciencia o la levedad de todo un movimiento civil porque toma las calles, se manifiesta por todo el país y tiene un evidente liderazgo, hay mucha distancia. Demasiada licencia para un intelectual responsable.

El autor cae en el mismo error mecanicista al denunciar que ni López Obrador ni los intelectuales que lo han respaldado y que apoyaron en su momento el movimiento de Chiapas han caído en la cuenta de que el muro de Berlín fue derruido y con ello toda tentación totalitaria. Como si existiera una directísima relación entre ambos fenómenos. Como si después de 1989 se hubiese terminado la injusticia, la desigualdad, el hambre, la miseria, la ignorancia en el mundo y por tanto ya no se justificara ninguna lucha social posible. La descalificación debería ser entonces la consecuencia absoluta a todo movimiento social y a sus respectivos jefes después de tal acontecimiento, pues ahora sólo bastaría con las democráticas instituciones electorales que el mundo occidental ha creado para dirimir las pequeñas diferencias entre los grupos de ciudadanos. No sé en qué país estaría pensando González de Alba; probablemente en el mismo que Krauze. De seguro que no es México (¿qué instinto sexual o tentación totalitaria pervierte por ejemplo al movimiento oaxaqueño?; buen tema para González de Alba).

El repruebo mayor a Poniatowska proviene, aparte del propiciado por su arrobamiento enamoradizo, del haber criticado ‘injustamente’ alguna vez al IFE de José Woldenberg (amigo personal de González desde que aquél floreaba espinillas en el rostro, revela), ese dechado de ética en cuyas manos la información privada sobre los electores mexicanos se convirtió en no sabemos qué cantidad de dólares pagados por la empresa norteamericana a quien le vendió ilegal y perversamente dicha información.

Finalmente, sorprende que el autor en cuestión tome la bandera del zionismo al acusar a los intelectuales mexicanos de ignorar las declaraciones de un embajador de Israel sobre sus muertos y en cambio sí apoyar la liberación de los territorios palestinos ocupados. Una vez más el autor se evade de su realidad. Quizá, en este caso, para hacerle de bastonera y tamborilero a este líder carismático que es su ambicioso jefe, Enrique Krauze, en la búsqueda por convertirse en el macizo jerarca de la intelectualidad mexicana que se muestra tan desamparada desde la muerte de Paz.

Los disparos continúan saliendo desde la tronera en que se ha convertido Letras Libres. El número de octubre huele a pólvora mojada. Me imagino a estos intelectuales reunidos circundando al jefe: ‘Tú te vas con todo contra el Caudillo Brujo; tú te encargas del elemento biológico, las feromonas y su irradiación; tú te avientas alguna ironía, un chascarrillo a manera de diálogo; tú…; yo me encargo del elemento moral, que es mi fuerte’. Fin de la reunión mensual. Hectroy, Il Volcano.

No hay comentarios.: