Hasta donde alcanceFuerza social en movimiento
Por: Miguel Angel Ferrer
El panismo atacará el flanco más débil de la amalgama. Y el flanco más débil se encuentra en los líderes del Frente Amplio Progresista, organización institucional de la izquierda.
De 1988 para acá, la izquierda, representada por el PRD, ha venido ganando poder político y parlamentario. Pero también a lo largo de ese tiempo la izquierda no pudo (o no quiso) mantener su base social organizada. Esto se vio en 1988, luego del fraude electoral que impuso a Salinas en Los Pinos. El cardenismo triunfante fue incapaz de dar cauce político a las masas que votaron por la izquierda. Y poco a poco esa fuerza social se fue diluyendo.
Hoy, después del megafraude de Calderón, las cosas parecen muy diferentes. Hoy, además de las posiciones de poder y parlamentarias conquistadas, la izquierda cuenta con un brazo social movilizado que no da señales de menguar.
¿Alcanzarán estas dos fuerzas políticas conjuntas para impedir la continuación de los planes dictatoriales y privatizadores de la derecha? Eso no lo puede saber nadie. Pero nunca antes, excepto durante la marea cardenista de los años treinta del siglo pasado, los sectores patrióticos contaron con esa conjunción de fuerzas.
Pero cabe preguntarse si esa conjunción de fuerzas políticas podrá mantenerse. La derecha apuesta a que no. Y esa apuesta tiene su base objetiva. El panismo atacará el flanco más débil de la amalgama. Y el flanco más débil se encuentra en los líderes del Frente Amplio Progresista (FAP), organización institucional de la izquierda. Ya son conocidos los esfuerzos de la derecha para corromper a algunos de esos líderes a fin de que abandonen la lucha que encabeza López Obrador contra el fraude electoral y contra la privatización de energía, agua y educación. Y contra el impuesto a medicinas y alimentos.
Es más: ya hay señales de la disposición de algunos de esos líderes a dejarse corromper y empezar a concederle a Calderón, como hicieron algunos con Salinas, la posibilidad de ganar en el ejercicio de la Presidencia la legitimidad que no ganó en las urnas.
Pero independientemente del eventual éxito de Calderón en la tarea de corromper a determinados miembros del FAP, lo cierto es que, hoy por hoy, el movimiento de masas del lopezobradorismo es la fuerza mayor con que cuenta la izquierda. Una fuerza que, como enseña la experiencia histórica, vale por sí misma y es capaz de grandes hazañas. Con aliados institucionales o sin ellos. Y a la eventual falta de algunos de éstos, a esa fuerza popular en movimiento hay que atenerse. Hasta donde alcance.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx
Por: Miguel Angel Ferrer
El panismo atacará el flanco más débil de la amalgama. Y el flanco más débil se encuentra en los líderes del Frente Amplio Progresista, organización institucional de la izquierda.
De 1988 para acá, la izquierda, representada por el PRD, ha venido ganando poder político y parlamentario. Pero también a lo largo de ese tiempo la izquierda no pudo (o no quiso) mantener su base social organizada. Esto se vio en 1988, luego del fraude electoral que impuso a Salinas en Los Pinos. El cardenismo triunfante fue incapaz de dar cauce político a las masas que votaron por la izquierda. Y poco a poco esa fuerza social se fue diluyendo.
Hoy, después del megafraude de Calderón, las cosas parecen muy diferentes. Hoy, además de las posiciones de poder y parlamentarias conquistadas, la izquierda cuenta con un brazo social movilizado que no da señales de menguar.
¿Alcanzarán estas dos fuerzas políticas conjuntas para impedir la continuación de los planes dictatoriales y privatizadores de la derecha? Eso no lo puede saber nadie. Pero nunca antes, excepto durante la marea cardenista de los años treinta del siglo pasado, los sectores patrióticos contaron con esa conjunción de fuerzas.
Pero cabe preguntarse si esa conjunción de fuerzas políticas podrá mantenerse. La derecha apuesta a que no. Y esa apuesta tiene su base objetiva. El panismo atacará el flanco más débil de la amalgama. Y el flanco más débil se encuentra en los líderes del Frente Amplio Progresista (FAP), organización institucional de la izquierda. Ya son conocidos los esfuerzos de la derecha para corromper a algunos de esos líderes a fin de que abandonen la lucha que encabeza López Obrador contra el fraude electoral y contra la privatización de energía, agua y educación. Y contra el impuesto a medicinas y alimentos.
Es más: ya hay señales de la disposición de algunos de esos líderes a dejarse corromper y empezar a concederle a Calderón, como hicieron algunos con Salinas, la posibilidad de ganar en el ejercicio de la Presidencia la legitimidad que no ganó en las urnas.
Pero independientemente del eventual éxito de Calderón en la tarea de corromper a determinados miembros del FAP, lo cierto es que, hoy por hoy, el movimiento de masas del lopezobradorismo es la fuerza mayor con que cuenta la izquierda. Una fuerza que, como enseña la experiencia histórica, vale por sí misma y es capaz de grandes hazañas. Con aliados institucionales o sin ellos. Y a la eventual falta de algunos de éstos, a esa fuerza popular en movimiento hay que atenerse. Hasta donde alcance.
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