lunes, septiembre 11, 2006

SEIS SEMANAS EN ASAMBLEA PERMANENTE.

Las tareas de la convención mantienen alto el espíritu.El movimiento de AMLO ''ya ha elaborado el duelo''.Aplausos para La Jornada, Monitor, Aristegui y Rocha.

JAIME AVILES.

Al cumplir seis semanas de diálogo continuo, cotidiano, ininterrumpido, la
relación entre Andrés Manuel López Obrador y los miles de rostros, de cuerpos,
de manos que abarrotan la plancha del Zócalo día tras día, a la hora que él sale
a hablar desde el templete, parece un intercambio entre dos personas: cada
hombre, cada mujer, se comunica directamente con él como si el resto del mundo
no existiera. Si pide que Felipe Calderón acepte el recuento de todos los votos,
aunque eso ya no cambie el veredicto oficial, y añade que ''el que nada debe
nada teme'', vuelven a surgir por todas partes las manitas que hacen la señal de
cus-cus; si reitera que no permitirá la "imposición de un pelele", miles de
brazos le responden como agujas de metrónomo oscilando de aquí para allá que no,
que no. Y cuando al final de cada asamblea se despide agitando la mano derecha,
miles de manos de nuevo le contestan, como si se alejaran del Zócalo a bordo de
un tren. ''¿Vamos a permitir que el Ejército realice el desfile militar que
tiene programado la Secretaría de la Defensa Nacional el 16 de septiembre? Los
que estén de acuerdo levanten la mano'', dijo ayer, y al instante el Zócalo se
nubló con la irrupción de miles y miles de dedos y uñas y anillos y pulseras y
palmas y codos y ojos desmesurados y bocas abiertas que gritaban ''¡Siiiiiií!
Elena Poniatowska fue la primera en advertirlo, y contarlo, desde el mitin del
sábado 8 de julio, cuando estalló la protesta contra el IFE, el PREP y el conteo
distrital, esas siglas, esas palabras, que entonces las crónicas explicaban
letra por letra, sílaba por sílaba, porque de ellas todo en la vida dependía, y
que hoy, sólo dos meses más tarde, ya nada significan: "López Obrador habla en
el Zócalo como si estuviera en la sala de su casa: ¿qué les parece si hacemos
esto, vamos bien o hacemos lo otro?" Diez semanas después de las elecciones la
nueva consigna del coro, nacida apenas el jueves, proclama: "¡Es un honor estar
con Obrador! ¡Es un honor estar con Obrador!". Y la muchedumbre la repite porque
ya no tiene mucho caso gritar "¡voto por voto, casilla por casilla!" o, como el
martes, tras el fallo del tribunal electoral, "¡jus-ti-cia, jus-ti-cia!", y ni
siquiera en tono más colectivamente íntimo, "¡queeé poca madre, queeé poca
madre!". De alguna manera, como dicen los sicoanalistas, el movimiento ha
"elaborado el duelo" que le produjo la decepción de la victoria no anunciada en
el momento del clímax que esperó más de dos años.Las sospechas iniciales de
fraude, que se tradujeron en certezas de burla, de estafa, de impotencia, y
después en deseos de venganza y destrucción, han cedido su lugar a una renovada
confianza en los planes de corto y largo plazos cifrados en el proyecto del
"gobierno en rebeldía", que está a punto de formar la convención nacional
democrática para "transformar las instituciones desde afuera y desde abajo",
porque "el poder está en la gente, no en los edificios de gobierno". Estas
ideas, que López Obrador ha ido desarrollando, explicando y repitiendo, una y
otras vez, durante 42 días de plantón, como un maestro sencillo y perseverante
en el gran salón de clases del Zócalo, la gente las maneja ya como propias
porque las ha hecho suyas, son su nueva brújula para navegar a través del futuro
inmediato. Son el fruto de un larguísimo, agotador, intensivo trabajo de
reflexión para evitar el estallido y preservar el gran movimiento social que
nació después del 2 de julio.Por el buen camino.López Obrador lo dijo la noche
del sábado, en corto, hablando con amigos: "Estoy contento porque nosotros ya
tenemos una salida política extraordinaria, que es la convención nacional
democrática; los que me preocupan son ellos, nuestros adversarios; ellos están
acorralados y no saben qué hacer". Una inquietud que reiteró ayer, en la parte
central de su discurso y que, además de conversar con la plaza, era un mensaje a
los altos mandos del Ejército: "No es fácil encontrar las salidas, porque nos
meten en una situación muy complicada: no sólo hacen el fraude sino (que) luego
le dejan a uno la responsabilidad. Si uno lleva el movimiento al desbordamiento,
si el movimiento se desborda, ahí está, (uno es) violento; si uno es demasiado
pasivo, si no hace nada, ya se vendió, ya traicionó. Entonces fíjense qué
difícil es salir de la trampa, teniendo además encima a muchos medios de
comunicación que nada más están viendo si nos equivocamos para lanzarse contra
nosotros. Pero este domingo, se los digo, yo estoy contento porque ya
encontramos la salida. Vamos por buen camino". Y que era un mensaje a las
fuerzas armadas lo probarían las líneas que leyó algunas cuartillas más
adelante, cuando trajo a colación que "la institución militar no es un órgano de
gobierno, pertenece al Estado y tiene que defender a todos los mexicanos, al
pueblo. (Por eso) no queremos, y esto lo planteamos de manera respetuosa desde
el Zócalo, que se disfracen militares de Policía Federal Preventiva, (por)que
una agresión de la PFP la vamos a tomar como una agresión del Ejército, que
quede claro". Los párrafos siguientes, en consecuencia, serán los del dando y
dando: a cambio, el plantón se levantará "a las dos o tres de la mañana" del 16
de septiembre para que el Ejército realice el desfile militar, y la gente
volverá al Zócalo a las tres de la tarde para iniciar los trabajos de la
convención. Esa es la salida. ¿Hay otra? La gente lo arropa cuando culmina el
planteamiento: "¡Es un honor, estar con Obrador! ¡Es un honor estar con
Obrador!" Pero cuando él, como todos los días, vuelve sobre el tema del "cerco
informativo" y agradece a los medios que, "con honrosas excepciones saben estar
a la altura de las circunstancias", de la multitud, en tímida respuesta,
empiezan a salir ejemplares de La Jornada. Y esto desencadena un reconocimiento,
"aunque a lo mejor no ayuda", a este diario, a Radio Monitor, que todos los días
transmite íntegro su discurso de las siete de la noche, y a periodistas como
Ricardo Rocha, Carmen Aristegui, Jorge Saldaña... López Obrador pronuncia esos
nombres y voltea a ver a los dirigentes que forman una valla detrás de él en el
templete, como con ganas de preguntarles quién se le está olvidando. Alguien,
detrás de Martí Batres, le "sopla" gritando: "¡Zabludovsky!" El cuchillo y los
coheteros.Antes de la asamblea, alguien a un costado del templete lanza un
cohetón. "¿Uno?, ha disparado por lo menos 10 durante cada uno de los 42 días
que lleva el plantón, es decir, casi 500, ¿cuánta pólvora tendrá en su casa?",
se preguntarán al rato muchas personas del templete comentando lo que ahora está
a punto de suceder: la vara con lumbre se convierte en obús, cae en una tienda
de campaña y explota adentro, ensordeciendo y quemando levemente en una mano al
notario público Ismael Yáñez, que estaba de visita en el campamento.Después de
la asamblea, una familia del estado de México sube al escenario acompañando a
tres personajes: una botarga inmensa con el rostro de López Obrador y dos niños
chiquitos con máscaras de Vicente Fox y Felipe Calderón, que bailan al son de
unos mariachis de Garibaldi. Y sobresaltándose de repente con el estallido,
siempre por sorpresa, de otro maldito cohetón, una mujer le dice al cronista:
''Los cocineros de los restaurantes de alrededor del Zócalo están hasta el gorro
de los cohetones: cada que truenan se cortan el dedito con el cuchillo de
picar...'' Es Liliana Felipe, que de observaciones insólitas como ésa ha escrito
mil canciones, incluso en las circunstancias más difíciles, como ésta, por
ejemplo, cuando faltan ya sólo cinco días para la convención nacional
democrática...

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