viernes, septiembre 15, 2006

La punta de la madeja o el futuro de la izquierda:López Obrador visto a través de Cosío Villegas

En un trabajo anterior (‘Prospectiva del General Cárdenas…’) se estableció la tesis de Daniel Cosío Villegas sobre el papel que representó en su momento y podría haber desempeñado el General Lázaro Cárdenas para la izquierda en México. También se estableció el concepto del General sobre lo que él llamó ‘la revolución permanente en el alma mexicana’ y cómo esta obedecía básicamente a la histórica irresuelta situación de la mayoría del pueblo mexicano en condiciones de marginación y pobreza. Condiciones tales que llevan en sí el potencial del despertar, cuando menos, por la necesidad natural de la sobrevivencia. Se planteó que ante la disyuntiva de sesgar al PRI o tratar de reencauzarlo, el General había optado por lo segundo atendiendo quizá a un sentido de lealtad histórica. Una vez desviado el programa de la Revolución Mexicana, el General no sólo había apoyado a un movimiento de izquierda en los sesenta (Movimiento de Liberación Nacional), sino que habría muerto esperanzado aún en el legado objetivo de la Revolución y de su obra, y en el potencial que podría en el futuro representar su apellido. Es decir, su hijo. Finalmente, concluí el trabajo referido sorprendido por el aberrante ayuntamiento del hijo del General (presumible heredero de la izquierda revolucionaria defraudado en 1988 y a la vez defraudador de sus seguidores en el mismo año y defraudador de la reciente avanzada de la izquierda) con el régimen actual de derecha al haber aceptado un encargo de Fox (uno de sus burladores por cierto) y legitimar con ello y con su silencio o ya con sus maneras, al candidato del PAN y prolongar, en un mismo acto, una decisión política de aquél hasta el año 2010, cuando menos.

Aquí se trata ahora de seguir la madeja de los acontecimientos para la izquierda a través de la mirada de Cosío Villegas. No cabe duda alguna de que el nombre de Cosío Villegas es respetado y aun admirado tanto por los intelectuales de la izquierda como de la derecha (Krauze hasta le dedicó una biografía apologética, como si fuese necesaria después de leer el espléndido libro de memorias de CV). Por ello, sus consideraciones nos serán de mucho auxilio en nuestro análisis en la búsqueda, ‘como si dijeramos’, de la punta de la madeja de la izquierda mexicana. O dicho de otra manera, en la búsqueda del futuro de la izquierda.

En sus Ensayos y Notas II Cosío Villegas incluyó el trabajo ‘El intelectual mexicano y la política’. Destaca en el mismo la escasa participación de los intelectuales mexicanos en la política activa. Entre los que han ejercido alguna influencia o poder, cita como ejemplo a los que se autonombraban ‘científicos’, encabezados por Limantour, durante los últimos tres lustros del porfiriato. Señala a Luis Cabrera, Martín Luis Guzman y José Vasconcelos dentro del movimiento de la Revolución Mexicana. Y para de contar. Una vez que los presidentes comienzan a ser civiles nota una incorporación cada vez más importante ya no de puros intelectuales en el sentido estricto de hombres dedicados por completo a sus ideas sino que amplía el espectro a los universitarios y académicos. Y conforme se desacelera la dinámica del movimiento revolucionario hecho gobierno, comienza a darse una burocratización de estos grupos de ‘intelectules’ incorporados a las labores administrativas ya cada vez más que políticas. El intelectual, al no tomar iniciativas políticas sino que vive ante la expectativa del ‘Jefe’, se convierte en un simulador, en un adulador y un lamecazuelas. Hasta allí llegaría el análisis de CV. Ya no le tocaría ver la plena cooptación del intelectual o universitario por los regimenes que sucedieron a su muerte (1975), ni alcanzaría a ver el arribo de otra clase universitaria: los tecnócratas (aunque lo intuye). Y con ello el lastre del neoliberalismo.

Plantea que no obstante que las condiciones parecieran propicias para la participación del intelectual en la política activa, este se conforma con su papel de amanuense del jefe y del jefe del jefe (en el siglo XX sólo reconoce una iniciativa independiente al gobierno, la de Manuel Gómez Morín, pero se lamenta que este esfuerzo se haya planteado a la derecha del gobierno y no al contrario; éste será tema de un próximo trabajo). El verbo que determina la acción del intelectual es: trepar. Trepar todo lo que se pueda. Así, toda convicción, ya no digamos ideal, está ausente de su horizonte para siempre. Hacia el final del ensayo Cosío Villegas expone lo que podría considerarse como su crítica pero a la vez, en contrareflejo, el decálogo del intelectual, el universitario o académico que se resolviera a intervenir directamente en política, no como voz lisonjera sino como impulsor de sus propias ideas.

1. (El intelectual) No ha demostrado tener muchas ideas originales sobre los problemas del país, y menos todavía que las que tiene son verdaderas convicciones, que está dispuesto a defender e imponer, o sacrificarse por ellas en último extremo.

2. Aún faltándole inteligencia e imaginación, su acción política tendría algún sentido si contara con una fortaleza moral visible, capaz de granjearle el respeto público.

3. Piénsese, por ejemplo, en esa manipulación diaria del ‘dogma’ revolucionario que paraliza el sentido crítico de las medidas gubernamentales.

a) Si el intelectual no se resuelve alguna vez a desafiar pública y abiertamente la naturaleza intocable de ese supuesto dogma revolucionario;

b) si no se resuelve a proclamar que impugna algunas de esas medidas por hallarlas innecesarias o perjudicial,

c) sin importarle que por ello se le cuelgue la etiqueta vengativa de reaccionario,

es claro que su actividad política no llegará muy lejos.

4. Y a nada llegará si el intelectual resulta en su gestión

administrativa tan bandolerillo como el político común y corriente.

A lo anterior Cosío Villegas añade su queja sobre el convencionalismo de la política contemporánea (el ensayo fue publicado en 1965) que más que en la plaza pública se desarrolla en los corrillos de palacio, entre rumores al oído e intrigas. Finalmente sugiere que no se renuncie a la cualidad intelectual aunque ello lleve a actuar heterodoxamente. Sólo así se tendrá ‘por delante la más hermosa tarea…: transformar el medio en que ahora se está condenado a vivir para hacerlo propicio a una acción política realmente inteligente.’.

Hasta aquí Cosío Villegas. Evidentemente, éste establece su crítica a lo que en su momento era el gobierno legitimado por la revolución a través del Partido Revolucionario Institucional pero que gradualmente se deslegitimaba por sus acciones y su ascendente corrupción. Deslegitimación que proseguiría su cauce hasta llegar a convertirse, el gobierno del PRI, en una caricatura vulgar y falaz de lo que un día se propuso la Revolución hecha gobierno. De allí que fuese natural que se diera una escisión en el partido de ‘la revolución institucionalizada’. Los elementos progresistas y los aún convencidos del programa de la Revolución se dieron un abrazo con la izquierda dispersa de los ochenta y provocaron el movimiento del Frente Cardenista que culminaría en el fraude electoral de 1988. Allí se agruparon políticos, intelectuales, universitarios, académicos, estudiantes. Como si dijéramos, el deseo de Cosío Villegas vuelto realidad. Sin embargo, el líder del movimiento transó en nombre del ‘diálogo civilizado, el respeto a las instituciones y la estabilidad del país’ con el gobierno usurpador de las mismas instituciones que facilitaron el fraude. Y el movimiento se detuvo; más bien, entró a un impasse de adormilamiento. Hubieron de suceder casi veinte años para que el furor social volviera a manifestarse en un deseo de cambio verdadero. Gran parte de esta sociedad fue engañada en el 2000 con el artilugio del cambio. Pronto vieron, los que no lo tenían ya de cierto o quienes no lo intuían aún, que la burla era la divisa del nuevo gobierno de derecha del Partido Acción Nacional. La mofa y, a final de cuentas, la culminación del proceso de derechización del país iniciado con el gobierno de Manuel Ávila Camacho. Pero el germinado adormilado nunca dejó de moverse por completo en realidad. Y en ello ha consistido que, con el liderazgo de López Obrador, esta expresión de México que el General Cárdenas llamara ‘La revolución permanente en el alma mexicana’, se encuentre en el momento más álgido que hasta ahora haya aspirado la izquierda.

Pero vuélvase aquí por un momento a la crítica-decálogo de Cosío Villegas. Veamos con los ojos de éste para tratar de encontrar la punta de la madeja de la izquierda. Y desde esta mirada preguntar ¿quién dentro de la izquierda posee los atributos o cualidades que lo perfilen como el líder que la haga avanzar con certeza en el futuro? Hoy la respuesta no sería ciertamente un hallazgo. Más que en el llamado ‘líder moral del PRD’, el liderazgo se encuentra en la figura de López Obrador. Si bien no podemos considerar a éste un intelectual en estricto sentido, bien es cierto que es universitario y aún ha sido aficionado a la pluma desde su trinchera política. Ha escrito un buen número de libros de denuncia y posicionamiento (contra el robo de Fobaproa o su Proyecto Alternativo de Nación, por ejemplo). Bien es sabido que es de los pocos políticos de México que recurren constantemente al abrevadero de la historia. No sólo para ilustrarse, también para emular los ejemplos de las figuras que lo han precedido en la lucha social; (de los dos últimos presidentes de México, uno estaba reñido con la historia, reconocido por sí mismo públicamente y el otro adquiría malestar estomacal con tan sólo mencionar la palabra cultura; sus yerros constantes han probado cabalmente su cerrilidad). Es conocido el apoyo con que cuenta entre el medio intelectual y cultural. En fin, pese a ataques feroces que lo tildan de ignorante, ha demostrado estar más ligado a la inteligencia que sus adversarios ya sean de su propio partido o en otro. Luego entonces, ¿es Andrés Manuel López Obrador ese líder ideal que envidiaría cualquier movimiento social?

Una glosa a los puntos de Cosío Villegas:

1. López Obrador ha sido capaz de encabezar un movimiento al proponer un cambio en la manera de conducir el gobierno combatiendo la corrupción, estableciendo una noción distintiva entre legalidad y justicia, promoviendo programas sociales de educación, salud, apoyo económico a los ancianos y creación de empleos. Ha planteado la defensa de los recursos naturales como el petróleo y la recuperación de la producción en el campo. Esto, que pudiera parecer obvio, resulta propositivo y, diríamos, original, en medio de la constante derechización del país. Y más que original, emergido no del capricho sino de las auténticas necesidades de la población tanto en términos históricos (la causa de los nativos por caso), como de carácter social. Estas y otras líneas de acción estarían esbozadas en sus Cincuenta compromisos para recuperar el orgullo nacional. López Obrador ha dado la muestra efectiva de saber defender su proyecto arriesgando aun, conociendo nuestra tradición de crímenes políticos, el pellejo.

2. La fuerza moral que ha logrado desplegar López Obrador dentro del movimiento que encabeza es innegable por propios y extraños. Sus adversarios, con todo y el caudal de mentiras arrojadas, aún no logran debilitarlo. De allí que él mismo se precie de indestructible. Esta cualidad proviene precisamente de su certeza moral que hasta ahora se ha explayado incorruptible.

3. Aquí sustitúyase ‘dogma revolucionario’ por ‘dogma de las instituciones democráticas’ para ver con claridad que lo que ayer fue visto como reaccionario cuando algo o alguien se oponía al ya falso gobierno de la Revolución, hoy se ve como populista, ignorante, arrogante y aun necio, que son los mínimos epítetos con que se denosta a López Obrador, por haber desafiado públicamente al ‘stablishment’ de las instituciones, a la máscara de ‘la democracia sin adjetivos’, porque ha impugnado el actuar ‘legaloide’ o de plano ya corrupto de jueces, de magistrados, de legisladores, etc. Y esto sin importarle que aun le llamen loco. Aquí inclusive recurre a frases o ejemplos históricos para revirar los ataques (‘entre más me golpean, más digno me siento’).

4. López Obrador ha mostrado ser bien diferente al político común y corriente que se comporta como vulgar raterillo. Parte de su campaña, por el contrario, la ha hecho haciendo escarnio merecido del político ‘mediocre, corrupto, ladrón y fantoche’, y urgiendo a su desaparición. Su administración al frente de la ciudad de México dio muestras de la coherencia entre dichos y actos. Aparte del ya conocido programa social, educativo y de creación de empleos, llevó a cabo la reducción del salario de los altos funcionarios, empezando por el suyo propio. Y cuando hubo corrupción no la solapó sino por el contrario la combatió. De aquí que al salir del gobierno para devenir candidato presidencial la popularidad y la aprobación entre la población fueran inusuales para un funcionario público. Ello con todo y la campaña permanente en contra suya que incluyó la nada grata del proceso del de desafuero. Internacionalmente inclusive fue candidato a ser elegido ‘Alcalde del año’. Evento imposibilitado por su renuncia en pos de la presidencia.

Queda claro que aunque nos referimos aquí al ensayo ‘El intelectual mexicano y la política’, esta suerte de ‘crítica-decálogo’ establece las consideraciones de Cosío Villegas que son no sólo deseables sino indispensables para un líder político que encabece un movimiento de izquierda. Andrés Manuel López Obrador parece ser este líder carismático aun a despecho de quienes en el pasado reciente se han planteado como lideres de la izquierda pero que no han tenido la determinación de seguir adelante inclusive contra las adversidades. Hecho éste que los arrincona en el pasado de la vanguardia del movimiento que hoy se vive. Otro elemento importante a señalar por último es que López Obrador, aunque se le ha acusado de lo contrario, escucha las voces de gente pensante dentro del movimiento de resistencia pacífica que se ha venido dando luego de consumado el fraude electoral. Esto que es ya en sí una virtud, más el hecho de que es apoyado por casi toda plana mayor de la intelectualidad mexicana, son señales alentadoras para el futuro del movimiento de la izquierda. Cabe esperar así que las determinaciones a que llegue y que luego despliegue la Convención Nacional Democrática, tengan el signo no sólo de la movilización política justa y reivindicatoria sino también el de la ‘acción política realmente inteligente’. Hectroy, Il Volcano.

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