Opinión Desde España
México: La injusticia y el desorden.
Por: Jaime Richart
(especial para ARGENPRESS.info) .
(Fecha publicación:06/09/2006).
Ni Goethe, semidiós, al afirmar “prefiero la injusticia al desorden” tuvo
en cuenta, ni tampoco las cabezas pensantes que se suben al carro de tan
sospechosa idea, que los juegos de palabras en política, sobre todo en estos
tiempos de lucidez, son tan despreciables para las inteligencias pensantes como
peligrosas las bombas. Porque no hay quien con la cabeza en su sitio pueda
pensar que el desorden sólo existe si es visible y tangible.No puede haber quien
no repare en que no hay mayor desorden que en la injusticia instituida e
invisible y en la grave injusticia social. Tanto Goethe, que quería la paz en
las calles a cualquier precio (no hay que olvidar que era Canciller de la
República de Weimar), como Enrique Kreuze y todos los turiferarios del sistema
ultracapitalista, no pueden querer, como Goethe, la revuelta, la protesta, la
denuncia peligrosa y menos naturalmente la revolución, sencillamente porque el
poder financiero, mediático y político viven de sus prebendas en la calma total
en la calle aunque sea insoportablemente tensa de puertas adentro. Debido a eso,
todos los partidarios que prefieren la injusticia al desorden (externo) se
dedican a demoler la figura del candidato López Obrador como enemigo de la
democracia. Así, como enemigos, nos presentan también a Evo Morales y sobre todo
a Hugo Chávez, que triunfaron abrumadoramente en sus países como iconos de la
izquierda auténtica.Enrique Kreuze hoy, en su artículo “México ¿tercer golpe a
la democracia?” argumenta contra López Obrador y a favor de Calderón, sin
reparar tampoco en que su argumentario se puede volver como un calcetín. Su
parcialidad repulsiva se desvela desde el momento en que afirma que México
'debe' marchar por el camino de Brasil y Chile, no por el de Cuba y Venezuela.
¿Por qué un eximio escritor como Kreuze prefiere ese camino y denuncia la
democracia venezolana simplemente porque ésta no es ya del sistema
“ultrconservador” taimado donde el capital y sus beneficiarios manejan bien los
mecanismos economicistas y empresariales tratándoles sistémicamente a su
favor?“En los 681 años transcurridos desde la fundación del imperio azteca (1325
DC) hasta nuestros días, México ha vivido 196 bajo una teocracia indígena, 289
bajo la monarquía absoluta de España, 106 bajo dictaduras personales o de
partido, 68 años sumido en guerras civiles o revoluciones y solo 22 de
democracia”. ¡Menudo balance a la hora de evaluar la experiencia democrática en
la historia de México!. Poco más o menos igual que la de España.En España, donde
a los últimos treinta años tras la dictadura franquista -con el Poder financiero
y mediático dominando a más y mejor-, sólo se pueden añadir los cinco convulsos
de la II República. ¿Hay o no hay, pues, paralelismo?Aunque no hubiera habido
irregularidades o manipulaciones directas materiales del escrutinio en México,
¿les parece a los Magistrados del Tribunal Electoral débil el motivo, como para
no anular unas elecciones por juego sucio, cuando reconocen 'que el presidente
Fox intervino en la campaña electoral, que el Consejo Coordinador Empresarial
participó ilegalmente y que hubo campaña negra'? Quiénes componían ese Tribunal
y quiénes los eligieron, sería otra de las muchas preguntas que hay que hacerse
en este fraude descomunal. Porque no es probable que López Obrador haya tenido
mucha participación en el acuerdo final para elegir a los Magistrados del
Tribunal, y menos para asegurarse de su imparcialidad.Pero es que además, la
injerencia del Gobierno federal, la utilización de programas sociales oficiales
para captar votos, la intervención de autoridades locales a favor de Calderón,
la participación de Aznar en un acto del PAN donde pidió el voto para Calderón,
la apertura de paquetes electorales... no hacen más que apuntar al chanchullo,
al pucherazo, a la bajeza política y al abuso del poder institucional que se
situó descaradamente a favor del candidato Calderón. Todo ello hace de estas
elecciones y de ese Tribunal Electoral la mayor infamia en la materia, después
de más de lo mismo en las primeras elecciones en que salió Bush bendecido por el
Tribunal de Florida ante el que, por los mismos motivos que ahora en México,
fueron inútilmente impugnadas.Estas cosas no tienen remedio en los países de
mentalidad electoral bananera, entre los que se encuentran a la cabeza Estados
Unidos y España. Solo la Revolución puede remediarlo. Solo la solución B puede
con el capitalismo, el centralismo y la prepotencia desde que hubo que apear con
la guillotina a reyes y aristócratas, o tomar el Palacio de Invierno. El Poder,
está visto, solo puede tener dos caras: o es supercivilizado como lo es en los
países hiperbóreos, o si no, tiene que ser necesariamente revolucionario. Lo que
sucede en México, en España y en Estados Unidos es que unos tienen el poder y el
dinero y blindada su vida, y el resto anda dando tumbos de acá para allá
buscando cómo asegurarse un mínimo de estabilidad económica o el modo de
sobrevivir. Y así no puede nadie formarse un criterio ponderado. Porque además,
empresarios, medios, poder financiero y poder político asentado, no se dedican a
otra cosa que a aturdir más. De ahí la radicalidad, de ahí la necesidad de
extremar posturas políticas e ideológicas. Ante tanta confusión bien planeada y
propia del río revuelto, todo el mundo sabe que sólo ganan siempre al final los
mismos pescadores. Por eso López Obrador no debe transigir.En resumen, la
injusticia sólo puede repararse con el desorden que se propone mantener López
Obrador en México. Y cuanto más persevere en ello, más probabilidades hay de
evitar ese despojo miserable...
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