martes, agosto 29, 2006

Visita a los campamentos: Ejercicio de autocrítica

Se cumple ya un mes de resistencia pacífica. Y tanto en la expresión palpable de
los campamentos de la ciudad y del apoyo en toda la república, como en la
percepción de la sociedad, la energía del movimiento se mantiene en alto y aun
como cobrando un impulso mayor en su camino hacia la Convención Nacional
Democrática. Un recorrido por los campamentos desde la Fuente de Petróleos hasta
el Zócalo o a la inversa, muestra una actividad variada y multicolor. Escudriñar
las carpas es una experiencia de vitalidad y diversidad. Templetes improvisados
para eventos culturales. Sillas dispuestas para conferencias, proyecciones o
debates. Mesas para diseños y juegos. Muros de tela para exposiciones de dibujo,
fotografía, carteles, instantáneas creaciones en papel. Expresiones múltiples,
imaginativas, sorpresivas, de apoyo, denuncia, repudio… Cocinas improvisadas de
múltiples olores, colores y sabores. Gente transitando, observando,
participando… Un cantor con su guitarra, un lector con un poema, un orador con
el debate. Paco Taibo II con el buen desmadre, Gabino Palomares con la
sencillez, Héctor Bonilla con su parsimonia, Héctor Ortega con su apoyo, El Tata
con su gracia, Cynthia Paris con la serenidad de su belleza… Todo el que quiere
acude, cabe y participa. Pantallas con los documentales de Mandoki y, sin
faltar, la conexión por Radioamlo, Radio Bemba o Monitor para escuchar a López
Obrador y los otros oradores de la Asamblea cotidiana. Y los que están en el
Zócalo apoyan y cimbran con sus vítores la gran plaza. Y en Madero, Juárez y
Reforma la gente se detiene a escuchar los altavoces y también aplaude y ríe. Al
terminar los mensajes, el pueblo se derrama por las calles y la atmósfera
adquiere tonos de festejo. Los niños juegan, los adultos comen; todos expresando
espontaneidad, libertad y alegría. Esta es la humana realidad del movimiento
social que aspira a una revolución pacífica verdadera. Que aspira a la
transformación del país para superar los lastres del pasado, la desigualdad, la
injusticia y la simulación. Sustituir la democracia de escenografía, la
democracia sin adjetivos, por una auténtica democracia con justicia para todos
los mexicanos.

Desde el inicio de la convocatoria para instalar los
campamentos, López Obrador llamó a la realización de actividades artísticas y
culturales a lo largo de los mismos. Como se ha establecido aquí, hasta ahora la
vitalidad de las expresiones ha sido fructífera. Sin embargo, ahora quisiera
establecer algunos puntos de crítica que pretenden contribuir al enriquecimiento
de la manifestación artístico-cultural de este movimiento histórico. La crítica
se propone en dos planos: en lo que se ha hecho y en lo que se ha dejado de
hacer. Naturalmente, queda claro que las participaciones y contribuciones
artísticas han sido y serán del todo voluntarias y entregadas con la convicción
puesta en el movimiento. Además, han sido presentadas, en muchos casos, no con
las mejores condiciones en términos de los auxilios técnicos. Por ello, un
juicio estético académico quedaría fuera de contexto. Aquí se trata sólo de
contribuir a la causa atendiendo al llamado del espíritu como percusor de
experiencias enriquecedoras.

A) Se ha hecho lo que se ha
podido, lo que ha habido. A la convocatoria original han respondido
artistas e intelectuales de una condición variopinta. Casi todas las ramas del
arte han tenido un espacio. También han acudido con entusiasmo aquellos que son
conocidos como artistas de la calle: mimos, payasos, imitadores, danzarines de
salón, cantores con guitarra, etc. Muchos han ido espontáneamente a ofrecer su
expresión a los responsables de coordinar las actividades culturales en cada uno
de los templetes o carpas. Otros han sido invitados por estos mismos
coordinadores. Unos y otros han ofrecido lo mejor de sí con sinceridad.
Voluntariamente, sin cobrar ni un peso, y no como algunos detractores han
pretendido difundir.
B) Lo que se ha dejado de hacer. Esto está en función
de la ausencia de un concepto básico: Que un movimiento social histórico como el
que hoy sueña con una revolución pacífica debe ir también acompañado de una
transformación cultural, de una revolución del espíritu. De la renuncia a los
moldes viejos. Y esto se refiere básicamente, hoy, al abandono de los modelos
visuales y auditivos que han ‘educado’ al país durante las últimas décadas y
que, desde la perspectiva del movimiento político y social que se libra, están
son no sólo decadentes sino indeseables. La renuncia a la televisión, a la radio
y al cine comercial. A lo que ha convertido el potencial creativo de estos
medios en un mero sentido de entretenimiento, confusión, ignorancia, estupidez
y, lo que es más grave, manipulación. Estos medios generan su propia música, sus
telenovelas, espectáculos, series, películas, etc. Y naturalmente que este
sentido está expresado en sus productos. Por otro lado, es públicamente conocido
también cómo la mayoría de los medios de comunicación se involucraron en el
proceso electoral favoreciendo perversamente al oficialismo y al prianismo. De
allí que muchos simpatizantes han llamado al boicot. Por eso llama a sorpresa
que en muchos de los campamentos, cuando no se está desarrollando alguna
presentación en vivo, los altavoces, las pantallas y los televisores estén
sintonizados en la programación de música de cancioneros de la radio y la
televisión tales como el hijo de Aguilar o el de Fernández o de ‘quebraditas’ o
etc. Extraña que se estén viendo las telenovelas del día de los dos canales
principales o las malísimas series norteamericanas dobladas al español o
inclusive el cine holywoodense de mala calidad.
Este hecho delata, en
primera instancia, contradicción: ¿No se ha llamado a boicot? ¿No ha sido
afectado el movimiento por la desinformación y la descalificación de las
empresas televisivas o radiodifusoras? En segunda, una apatía y una grave
irresponsabilidad de los encargados de la programación de los altavoces y las
pantallas. ¿Qué no los responsables de actividades culturales de los campamentos
tienen una obligación, no sólo logística, sino sobre todo ética, de impulsar un
cambio en la percepción del espíritu? ¿Para qué reproducir el sistema regular de
entretenimiento en los campamentos como si no fuera suficiente con lo que ya se
tolera en los hogares de las familias mexicanas? ¿Qué no estarían estos
coordinadores obligados a establecer una programación que promueva la lucidez,
el arte, la poesía y que combata la estulticia de los medios masivos que han
abusado de su poder para promover nada más que la ignorancia y el consumo
irracional? Se entiende que no sea fácil combatir la costumbre y la dependencia
a que está sometida la sociedad mexicana en relación a estos medios y a la cual
no escapan muchos de los seguidores y simpatizantes de la resistencia pacífica.
Pero está en manos de los responsables de la programación y el manejo de los
altavoces, televisores y pantallas, desde el Zócalo hasta la Fuente de
Petróleos, la posibilidad de estimular un cambio de percepción entre la gente de
los campamentos y los visitantes. ¿Qué no se podrían coordinar entre ellos para
una acción conjunta al respecto? ¿Por qué no eliminar de la programación lo
mismo de siempre y que cunde como epidemia en todas partes, no solamente por ser
lo mismo, si no porque no contribuye en absoluto ni al movimiento ni al
espíritu, y preferiblemente volver a Chávez (¿dónde está Oscar Chávez por
cierto?), Serrat, León, Rodríguez, por ejemplo, o a Tin Tan, el primer
Cantinflas y en general al extraordinario cine mexicano o al cine clásico
universal (Fellini, Kurusawa, Ford, Kubrick…). Y si no es mucho pedir, ¿podrían
dejar escuchar algo de música clásica? ¿Sería esto algo realmente difícil de
alcanzar?
Este movimiento histórico merece también un movimiento del
espíritu. Y esto es posible. Éste, más que crítica, es en realidad un llamado a
la sensibilidad de los responsables de cultura desde la Fuente de Petróleos
hasta el Zócalo.

Hectroy, Il Volcano.

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