Del mesías de zión o El Antikrauze
Comentarios sobre el artículo de Enrique Krauze, ‘El mesías tropical’
1. No me sorprende que Krauze haga un escrito a la medida de los detractores de López Obrador. A la carta. Por encargo. Como ya lo ha hecho en el pasado, por ejemplo, con aquellos muy vendidos folletos llamados Biografías del poder.
2. Por otro lado, atendiendo al alegato central de ‘El mesías tropical’, no se necesita ser un genio para concluir que un hecho cualquiera de sangre marque, defina, la existencia de un individuo. La condición ética de quien escribe sobre un asunto así, sin embargo, resulta fundamental, primordial. Y ello pasa por las posibilidades de interpretación de una misma información que van desde convertir a alguien en un personaje malvado y siniestro o en un ser tocado por la tragedia.
3. Para mí ha sido claro desde hace tiempo que López Obrador recoge con sensibilidad y convicción y en línea directa, la obra social desarrollada en Tabasco por Garrido Canabal y Carlos Madrazo (a cuyo cuerpo ha sumado, principalísimamente, la obra de Morelos, Juárez, Madero, Zapata, Villa y Cárdenas, el original, como elemento político y cultural del pasado mexicano y como posibilidad para la construcción de un futuro para la mayoría del país; natural, que con las modificaciones de los tiempos y de la personalidad individual). Me conmueve el ánimo alarmado de Krauze, asustadizo diría yo (¿o mal intencionado?), cuando analiza a estos dos personajes tabasqueños sin que aporte un solo dato que refiera la obra fundamentalmente social de ambos. Por decirlo así, Garrido desfanatizó, desalcoholizó y educó Tabasco y Carlos Madrazo pretendió modernizarlo y comunicarlo con el resto del país (Múgica es otro antecedente importante, así como González Pedrero, quien procuró ‘cultivar’ Tabasco). Hasta aquí no hay ningún hallazgo de parte del autor.
4. Krauze le confiere un tono negativo, casi siniestro, al profundo sentido poético de Pellicer, formador espiritual de AMLO. Utiliza el símbolo ‘sangre’ no como Pellicer lo imaginó, como río de profunda agua, sino como profética prefiguración del crimen. En cambio, no cesa de dar la voz a la sensiblería católica de Green en El poder y la gloria (que no por ello deja de ser una extraordinaria novela).
5. De acuerdo con K., quien toma a pie juntillas las frases de Iduarte y las desarrolla a la conveniencia de su hipótesis central, en cada tabasqueño asomaría un asesino en ciernes. No quiero imaginarlo extendiendo, en alguna otra interpretación, la sangre y el crimen de La sombra del caudillo como la norma de conducta de todos los mexicanos.
Dos puntos adicionales:
A) me parece que K. acusa su sentido en este libelo: su amor a su sentido religioso atacando al ateísmo como una posibilidad individual e inclusive social (que me placería encontrar como la convicción íntima de López Obrador: el ateísmo; políticamente no sería conveniente exponerlo, obvio). Así como hay judíos, cristianos y demás, hay ateos. ¿Por qué no, señor K? Su religiosidad la disfraza usted con una máscara de demócrata: la máscara de una democracia sin adjetivos. Pero hoy no hay duda, ni la democracia debe concluir en las urnas (y sí debemos adjetivarla), ni la ley en las meras leyes. No reducir la participación ciudadana a la sola acción del voto sino prolongarla al campo de la justicia social.
B) Manipula K. la información para extraer las conclusiones a las que ha llegado. ¿Por qué en vez de ver sombras malignas, mesiánicas y perturbadoras que serían 'un peligro para México', no ve en el hecho psicológico de fondo apuntado (la muerte accidental del hermano de López Obrador; me pregunto si le dedicó asimismo sendos ensayos al expresidente asesino de nanas y al casi expresidente asesino de viejitas), el símbolo que explique la búsqueda y la consecución de una honesta vocación del individuo para servir a los demás para así sentirse mejor inclusive renunciando a sí mismo? Y esto no tiene que ver solamente con el judeocristianismo (basta de ejemplos judeocristianos por favor), corresponde al despliegue, el alcance, de una ética de tipo superior (no nazi, no se alarme Enrique), sincera, de sacrificio, de abandono. ¿Es que debemos denostar un liderazgo que no se plantee en los mismos términos de la consecución del poder por el poder como tradicionalmente se ha hecho en la política mexicana? ¿Deseamos un tipo de político simulador, teatral, cínico, como a los que estamos acostumbrados y a los cuales usted ha conocido muy bien y hasta con los que ha transigido y transado Enrique? ¿Por qué no menciona por ejemplo que López Obrador (que no el estúpido y vulgar mote de 'Peje' que usted emplea a sus anchas y sin convicción) ha dicho una y otra vez que es demócrata, que no buscará la reelección, que sólo desea la justa modificación a la manera en que se ha llevado a cabo la política social y económica y la justicia en México? No sesgue, no manipule los datos Enrique; se arriesga demasiado a ser tildado de 'intelectual' orgánico de la derecha. Tal vez no le importe. Al menos diga que un dato tiene en sí mismo varias posibilidades de interpretación. No pretenda que la suya es la única. Ya ve que usted es falible. Como muestra, su fallido libro Caudillos culturales de la Revolución Mexicana donde se propone estudiar a los 'siete sabios' y acaba por reducirse únicamente a dos y ya casi a uno (este es un reproche que siempre le quise hacer). Tampoco olvide que su, digamos, guía filosófico, Thomas Carlyle no incurrió en hacer biografías para atacar y menoscabar a alguien con quien no simpatizara, pongamos por caso el de Mahoma. Carlyle procuró algún tipo de objetividad pese a sus antipatías personales (por otro lado, usted ha reproducido a Carlyle como modelo en sus escritos sin siquiera darle crédito). Usted prácticamente entregó un panfleto a la medida del PAN y justo pocos días antes de las elecciones. Ya sólo faltó que apareciera en uno de los tantos comerciales promocionando a Fecal. En el mismo pudo usted haber aseverado que AMLO sería un peligro para México de acuerdo a lo que ha dicho en su panfleto difamatorio de supuestas letras libres. No obstante debemos considerar que la carta firmada por usted junto con otros seudo intelectuales ha jugado la misma función.
Una pregunta final para K., ¿Por qué usted se empeña denodadamente en sólo hacer interpretaciones (interpretaciones, que no exposiciones objetivas) basándose en la 'moral' y en la ‘visión’ judeocristiana del mundo y por qué basa su interpretación, siendo usted un 'historiador objetivo', usted que se quiere el 'mejor historiador que haya tenido México’, en rumores, carteles y especulaciones como las del amargado, frustrado, ambicioso, alicaído, Cuauhtémoc C. para llegar a conclusiones supuestamente objetivas pero que no son más que pasto y abrevadero para los detractores prianistas de López Obrador de los cuales parecería usted formar parte, pero eso sí, con máscara, insisto, de 'intelectual objetivo', de demócrata sin adjetivos? Sin adjetivos, seguro, que procuren la crítica a la derecha que usted ha validado desde su tribuna llena de adjetivos. ¿A quién le sirve usted, a quién carga tras sus espaldas, ante quién responde, de quién es usted el mesías redentor? ¿Acaso su objetiva condición de sangre, racial, y su condición zionista le hacen olvidar su condición de pretendido historiador objetivo?
Me parece que su trabajo acusa de una grave parcialidad que se expresa alarmante ante nuestros ojos porque proviene de un historiador que se quiere profesional y objetivo. A final de cuentas termina usted, Enrique Krauze, por convertirse en el mesías zionista o, cuando menos, en el intelectual orgánico del prianismo, del cual, ya sabemos, ha sido usted beneficiario dilecto (¿necesitamos acaso referir nombres?).
Hectroy, Il volcano.
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