miércoles, agosto 16, 2006

LUIS MIGUEL GONZÁLEZ: CAPITALISMO DE COMPADRES
NOTA ORIGINAL MILENIO


México es un ejemplo de capitalismo de compadres, sentenció desde Brasil el Premio Nobel de Economía 1992, Gary Becker. La frase no es nueva, se ha aplicado a la Rusia postsoviética, a la Corea del Sur de los Chaebol y a la Indonesia del dictador Suharto.El capitalismo de compadres o crony capitalism define un sistema donde las reglas están diseñadas a la medida de los empresarios amigos de los políticos. Para ellos son las privatizaciones, las concesiones y hasta los estímulos fiscales más jugosos. Por las formas se trata de una economía capitalista de mercado, pero en el fondo es otra cosa. Es un sistema donde el talento empresarial cuenta menos que los favores de los funcionarios.No se necesita un Premio Nobel para reconocer que México tiene un capitalismo de compadres. A escala municipal y estatal hay muchos casos en los que no hay siquiera el pudor de llevar una hoja de parra que disimule el favoritismo gubernamental. A escala nacional los procesos quizá son más sutiles o más complejos, pero no menos elocuentes. Para muestra, un cajón de botones: La Ley Televisa; la impunidad del Grupo México en el desastre de Pasta de Conchos; el Fobaproa; el florecimiento empresarial de los hermanos Bibriesca y la dominancia sempiterna de Telmex.Algunos expertos aseguran que el capitalismo de compadres es una etapa ineludible dentro del proceso de transición desde una economía dominada por el sector público hacia una donde predomine un sector privado competitivo y con competencia. El problema es que no hay recetas para salir de la dominación de los compadres ni muchos casos de éxito. Italia ensayó en los noventa con Tangentópolis, y llevó a la cárcel a muchos empresarios por sobornos. Corea del Sur y Japón sometió a juicio a algunos de sus hombres más ricos. El reto es acabar con la influencia de los compadres, pero sin destruir la riqueza y reforzando el estado de derecho. Desde el gobierno es mandar el mensaje de que todos tienen los mismos derechos, obligaciones y oportunidades. Para la sociedad es aprender a distinguir entre creación legítima de riqueza y abuso de los privilegios. Decir sí a los compadres, pero en las fiestas, no en los negocios públicos.

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