Legalidad ´versus´ legitimidad.
Manuel Camacho Solís.
14 de agosto de 2006.
A partir de la elección presidencial se ha separado la legalidad de la legitimidad. Hoy están en campos diferentes. Mientras no vuelvan a unirse, no será gobernable el país. Entre más pronto se cobre conciencia de ello, y se tomen las decisiones necesarias para aproximarlas, menos prolongada y profunda será la crisis política en la que ha entrado México. En el campo del gobierno descansa la interpretación de la legalidad. Finalmente ellos pueden decidir cómo se interpreta la ley. Pueden, también, determinar qué es ilegal.Quiero ser preciso: ellos tienen la interpretación de la ley, pero no han sido consecuentes con su cumplimiento. Son numerosos los hechos donde, desde el Estado, se ha violado, sin consecuencias, la ley. Particularmente, en el caso de la elección, el gobierno y diversas instituciones públicas y privadas, violaron la ley, sin que haya habido autoridad que frenara y sancionara esas conductas. A manera de ejemplo, la utilización de los tiempos fiscales y oficiales para respaldar la campaña del candidato del gobierno, no pudo ser detenida, ni siquiera cuando así lo había ordenado la Suprema Corte. El pago de la publicidad por empresas y la presentación de spots con propósitos electorales era ilegal, pero nada se hizo para frenarlo.Lo que cuenta, por lo tanto, no es quién cumple la ley, sino quién dice que algo es legal o ilegal. Esto no es nuevo en México. Con demasiada frecuencia en el nombre de la ley se han cometido atropellos y despojos, se ha criminalizado la protesta social y se han impuesto decisiones contrarias al interés público. En el campo de la oposición que hoy protesta contra los resultados de la elección está la legitimidad. Si ellos aceptan el resultado de la elección, el nuevo gobierno será legítimo. Pero mientras no lo acepten, el nuevo gobierno no será legítimo, más allá de que algunos puedan sostener que la legitimidad se ganará cuando sea validada la elección.La legitimidad es aceptación. Es la obediencia que se deriva del reconocimiento y la aceptación del gobernante por parte de los gobernados. Tener legitimidad hace toda la diferencia. Ya lo decía Lipset, la legitimidad es incluso más importante para el sostenimiento de un gobierno que la eficacia. La legitimidad es el fondo. La legalidad es la forma. En una democracia, la legalidad y la legitimidad van de la mano. No son iguales, pero no están en campos diferentes. La oposición necesita de la legalidad. El régimen de la legitimidad. Puede ocurrir que el régimen no legalice las demandas de la oposición. Y que la oposición no legitime al gobierno. Si ese es el caso, iremos a un periodo prolongado de inestabilidad, en una dialéctica de aniquilamiento de las partes.En la historia mundial la separación de la legitimidad de la legalidad es un anuncio de que esa sociedad se aproxima a una zona de peligro y de posibles desenlaces destructivos para todos. Un ejemplo clásico fue el resultado de la Revolución de junio (1848-49), donde al final se concluyó: "Los trabajadores de París fueron sobrepasados por una fuerza superior, pero no han sido dominados. Ellos han sido derrotados, pero sus enemigos están exhaustos". "El tricolor de la República ahora tiene un solo color, el de los derrotados". Quien mire a la profundidad del conflicto resultante de esta elección, no podrá dejar de reconocer que la oposición, sin el recurso de la legalidad, difícilmente podría ser gobierno. Pero que el gobierno, sin la legitimidad, difícilmente podría gobernar o, en caso extremo, incluso constituirse.En el fragor de la lucha política y en los pasillos de la cortesanía difícilmente se pueden apreciar estas realidades. No hay matiz que valga. Pero en la responsabilidad frente a la sociedad y la historia, la única salida sensata a la crisis pasa por el reencuentro de la legalidad y la legitimidad. El puente asequible hoy es el Tribunal Electoral. Es grande el servicio que le puede hacer a México si asume su responsabilidad de Tribunal Constitucional de pleno derecho.
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UN REFLEJO DE LA PROFUNDA SEPARACIÓN ECONÓMICA.
Nación dividida.
Víctor Flores Olea.14 de agosto de 2006.
E incluso enfrentada. Tal es la situación actual del país. La disputa electoral, más allá del puñado de votos con que pudiera ganar alguno de los contendientes, revela diferencias profundas entre los mexicanos, en su manera de entender a la nación y hacia el futuro. Lo inédito de la circunstancia es que la normal pluralidad de visiones puede cuantificarse ahora con alto grado de certeza: por mitades, tal vez aun tomando en cuenta el 40% de las abstenciones o el otro 25% que suman los electores de otros partidos minoritarios, pero que difícilmente cambiarían las proporciones de la división esencial.Por supuesto, la confrontación no se hizo de un día a otro ni es el exclusivo resultado de la campaña electoral: es el producto de muchos años de ciertas políticas que fueron ahondando la división del país. La primera tendría que ver con las abismales diferencias económicas y de oportunidades entre los mexicanos. La distancia política y ciudadana sería, simplificando, un reflejo de la profunda separación económica.El hecho es que la circunstancia electoral estimula la aparición de liderazgos, tanto más que Andrés Manuel López Obrador se vio sometido antes a un intento de desafuero que se frustró por la movilización popular y que a la postre fortaleció su condición de dirigente. La mitad "pobre" del país encontró en López Obrador y en su "nuevo proyecto de nación" la encarnación de sus aspiraciones. De allí su fuerza y su presencia abrumadora. La actual condición política de Calderón es muy diferente, incluso porque tuvo que remontar "otra" preferencia de Vicente Fox para la candidatura del PAN y porque los dirigentes de su partido, aún ahora, lo sienten ajeno, impuesto. Su "representación" de la mitad privilegiada de mexicanos es resultado del azar, dado que de ese lado hay siempre una larga constelación de candidatos disponibles.Red de privilegios, sistema de poderes políticos y económicos que se piensa para la eternidad y que, para impedir el arribo a la Presidencia de López Obrador, ha movilizado poderosa, eficaz e ilegalmente sus recursos de todo tipo: mediáticos, organizativos y hasta gubernamentales. La promoción del "voto del miedo" y de la mentira, la descarada intervención diaria de Fox en la campaña electoral, la utilización de recursos económicos privados, la actuación más que dudosa del IFE y del Tribunal Electoral (con más descaro o discreción), en favor del sistema de poder: sus proclividades "naturales" y no necesariamente sus "complots" urdidos en agujeros de maleantes o en lujosas oficinas, nos ponen en la delicada circunstancia electoral que conocemos.Todo indica que si López Obrador llegara a la Presidencia pondría énfasis en el desarrollo popular. No confiscando bienes como las mentiras han propalado, sino en el mejor de los casos incrementando el consumo y promoviendo la creación de empleos.¿Los dirigentes económicos lo ayudarían en tal "cruzada" de rescate? Nada lo hace presumir, y menos su trayectoria histórica, siempre reacia a contribuir a un desarrollo incluyente y mínimamente social, ya no digamos popular. Por el lado de AMLO, en cambio y no sin problemas, veo mayores posibilidades de reconciliación nacional en un tiempo prudente. ¿Me equivoco?Mientras que una Presidencia en manos de Calderón concentraría la profunda desconfianza de la mitad de los mexicanos, y muy probablemente estaría plagada de protestas y exigencias, fuertes en su tono y acción. Hoy, en ocasionales discursos, Calderón parece haber reconocido la división del país y una cierta voluntad de asimilar "otros" puntos de vista a su programa de gobierno. Se ha referido incluso a la necesidad de un gobierno que "atienda" a los pobres, retomando aparentemente uno de los ejes del "nuevo proyecto de nación".Por supuesto, su oferta de un gobierno "de coalición" no parece ser el camino porque simplemente sugiere una recomposición burocrática. Además, su actuación en estos tiempos postelectorales no podía ser más desilusionante, incluso para sus electores.Sus principales apariciones públicas con Víctor Flores (de infortunada homonimia) y Elba Esther Gordillo resultan reveladoras de un pragmatismo sin calidad y desde luego una patética ausencia de ideas inteligentes sobre el futuro del país. Realmente el candidato del PAN actual y su partido se sitúan a años luz de la cultura de sus fundadores.En una nación dividida se entiende que el 70% de la ciudadanía piense que debe garantizarse la total certeza de las elecciones, como manda la Constitución, que es una manera de garantizar la plena vigencia de la soberanía del pueblo, y hubiera esperado -¿todavía espera?- un acto de verdadera creación jurídica por parte del Tribunal Electoral, como lo exigen estos tiempos excepcionales, más allá de la interpretación legal de barandilla.De otra manera es muy posible que en esta nación dividida reaparezcan las tentaciones de la represión y la violencia, y sus trágicas secuelas de fuerza y violencia acrecentadas.
DETRAS DE LA NOTICIA.
Detrás de la Noticia.Ricardo Rocha .14 de agosto de 2006.
´Focos rojos´
El gobierno de Vicente Fox amenaza con terminar en un desastre político y social. En las próximas semanas los mexicanos habremos de estar pagando los costos de la incapacidad, la ambición, la falta de visión de estado, la aplicación de la justicia selectiva, la impunidad y la frivolidad que han caracterizado a este régimen.Pero sobre todo, estaremos expiando la monstruosa traición a la democracia perpetrada por Fox y su círculo cercano. La historia jamás le perdonará que siendo el primer beneficiario de este proceso democrático se haya empeñado en una reelección de estado a conveniencia: primero en la persona de su propia esposa, la señora Marta, intento que abortó gracias a la denuncia de Alfonso Durazo; luego, Fox pretendería prolongarse en un incondicional como Santiago Creel, quien para lograrlo vendió los más vergonzantes favores; finalmente, el presidente tuvo que aceptar la candidatura de Felipe Calderón y volcarse en ella no únicamente para garantizar su triunfo sino para proteger a la familia Fox-Sahagún-Bibriesca.Lo grave es que, en todos estos años y en paralelo, Fox se ha empeñado en la destrucción del principal enemigo de sus intereses. El único adversario político que podía cambiar sus planes de continuismo en automático. Así, la tentativa de exterminio de Andrés Manuel López Obrador fue no sólo una constante, sino el principal propósito del gobierno foxista. Su prioridad máxima: "Ése... de ninguna manera".Creo que sólo con este recuento se explica el actual estado de cosas. Un país dividido y confrontado. De un lado, los inconformes, que van desde los que ganan la calle para reclamar porque les quieren quitar el triunfo hasta los grupos extremos fuera de control y trepados en los cerros. Del otro, quienes invocan la infalibilidad de las instituciones para amacizar un conteo y transformarlo en un resultado inapelable. Lo malo es que no hay confianza ni credibilidad en una contienda apabullada por la sospecha de un presidente tramposo cuando debió haber sido el gran árbitro político que la nación le demandaba.Por eso hoy nos pesan como una loza las consecuencias de esa escandalosa intervención de Fox en la sucesión presidencial: las sufre, por supuesto, un combativo AMLO; pero las padece también un Felipe Calderón que no acaba de convencer y las aguanta apenas todo un país que no merece este grado de incertidumbre.Por ello hay que evaluar con extremo cuidado lo que ocurra en los próximos y críticos días. Las dos semanas más largas del nuevo siglo. Este lunes el TEPJF habrá de resolver sobre el recuento en las ya célebres 11 mil 839 casillas (apenas el 9% del total de 130 mil) que se han auscultado en los días recientes.Que para el PAN refrendan el triunfo de Felipe porque "nada más ha habido irregularidades menores en apenas 25% de las casillas". En cambio, para la coalición Por el Bien de Todos "es una prueba del cochinero generalizado y la evidencia de que sí hubo un sesgo inocultable para favorecer a Calderón y perjudicar a López Obrador".Ya EL UNIVERSAL documentaba también la extraña desaparición de boletas, cuyo número llegaría ahora a 70 mil y que son otro de los grandes misterios de esta elección que, después de todo, no rechina de limpia y que por el contrario es un catálogo de trácalas y torpezas. Cosas que sólo se explican por una pésima capacitación electoral de esa pesadilla llamada IFE, una manipulación ex profeso y concertada desde el poder o el lavado cerebral de Fox sobre el "peligro para México" que llevó a muchos de los participantes a cometer sus pequeños "fraudes patrióticos" para impedir que AMLO llegue a la Presidencia. De otra manera no se explican la cauda de tropelías y dislates.Pero es el TEPJF quien decidirá si de veras se trata de insignificancias o de la suciedad absoluta; si se modifican y en qué proporción los números del IFE o si se anulan cuántas casillas y cuánto varía el conteo. En paralelo, ha de resolver sobre otros recursos e impugnaciones en jornadas que nos parecerán eternas de aquí al 31 de agosto. Al que sigue por cierto el 1 de septiembre, el día del último informe del desgobierno de Fox.Mientras tanto, ahí están Oaxaca, Chiapas, el Paseo de la Reforma y tantos otros focos rojos en la geografía de la nación, a punto del estallido.
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