domingo, julio 23, 2006

Los errores de comunicación tienen consecuencias graves. Mucho mayores que las aceptadas por quienes cometen pifias. En una época en que los medios amplifican de manera planetaria simples declaraciones, imágenes sacadas de contexto o frases lapidarias, cabe una gran responsabilidad a quienes las emiten. Un periodismo atento a medir los resultados de su ejercicio debe ponderar lo que recoge, cómo lo transmitirá y bajo qué óptica hará interpretaciones.A partir del 3 de julio, los medios electrónicos (con las excepciones del caso) han cerrado filas en torno al candidato del PAN. No en términos cuantitativos, de espacio y cobertura, sí por la manera de abordar los planteamientos de la coalición por el Bien de Todos y del propio AMLO.Casi como secuencia de la guerra sucia en spots de la campaña, en cuanto la coalición se inconformó por las irregularidades detectadas, volvió a surgir el clima de enfrentamiento y de odio. Hay, de un lado y del otro, traspiés que los medios recogen para dividir, para exacerbar los ánimos de por sí caldeados. Y justo en el momento en que se requiere de tranquilidad para que las instituciones hagan su trabajo. Surgen otra vez spots, los conductores ya no quieren ser periodistas: prefieren tomar el papel del inquisidor, preguntan y dan la respuesta. En lugar de entrevistar, pelean con el entrevistado. En sus espacios noticiosos construyen editoriales sin apoyo en datos, dan a conocer sus filias sin pensar en el ideal de la objetividad periodística.Y así se habla de reconciliación.Mientras tanto, Calderón se reúne con las Iglesias que le dan su apoyo. Con el sindicalismo antidemocrático, proveniente de las filas del PRI. Insiste en que los votos ya han sido contados. Y los medios festinan todas sus acciones y palabras.No es difícil, en este contexto, entender las consignas en contra de las televisoras Azteca y Televisa, de los asistentes a las Asambleas Informativas convocadas por AMLO. Es gente que se siente agraviada y a la cual insultan y minimizan. La marcha de más de 1millón de personas en la Ciudad de México es "irrelevante", según los panistas. Y ninguna televisora se sintió en la obligación de informar, en vivo, sobre lo que sucedió el domingo. Solamente por Radio 13 logró escucharse el discurso de López Obrador. Los demás guardaron silencio. Es decir que en el resto del país tuvieron que esperar al lunes para que algunos noticiarios dieran una breve nota sobre lo acontecido.Se está produciendo una especie de cargada, como aquella que operaba en los tiempos del PRI. Aun aquellos locutores que simpatizaron antes del 2 de julio con López Obrador, hoy lo increpan. Ponen adjetivos a su persona: autoritario, necio, irrespetuoso con la ley, mal perdedor. Dicen que se cree "emperador de la democracia": Víctor Trujillo. Lo acosan: "Tú dijiste que si perdías por un voto, ibas a respetar el resultado, tú lo dijiste": López Dóriga. "A mí López Obrador me aseguró que este era un proceso legítimo", y para que no haya dudas Denisse Maerker nos receta el video en que AMLO lo señala así. Y aseguran que está en contra de las instituciones que tanto trabajo ha costado construir a los mexicanos.Sin embargo, el Peje continúa marcando la agenda. Para atacarlo, para hacerlo enojar o caer en contradicciones, lo invitan al estudio de radio y televisión.Afortunadamente tenemos todavía una rendija por la cual asomarnos a la realidad y a los argumentos de la coalición. En primer lugar algunos periódicos: Reforma, El Universal, Milenio y La Jornada. En éstos hay pluralidad. Y algunos programas de radio y televisión: los de Carmen Aristegui en la XEW y en CNN. Radio Educación, el IMER e incluso Canal Once que se comporta de manera mesurada en comparación con sus homólogos.

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