Algunos datos
Neofranquismo en México
José María Murià
Guadalajara.- Un seminario que se desarrolló en Zapopan y Puerto Vallarta sobre las posibles relaciones entre los cristeros y el movimiento tradicionalista español que se conoce con el nombre de “Carlismo”, además de rendir muy buenos frutos y confirmar el supuesto, dio pie al análisis de la cada vez mayor presencia de lo que, con justicia plena, podría llamarse neofranquismo español —encabezado por José María Aznar y su camarilla— en el México de nuestros días.
Clara fue la desfachatez del ex presidente español cuando vino a México a manifestar abierta y públicamente su simpatía por Felipe Calderón. Si no continuó con sus desplantes, en vez de irse con el rabo entre las patas, fue precisamente por lo mal que cayó su declaración entre la generalidad de los electores mexicanos y, también, entre importantes contingentes del “panismo” tradicional. Pero, de no haber sido así, no queda la menor duda de que el reaccionario político hubiera vuelto a sacar sus zapatos con elevadores, para no verse tan chaparro, y se hubiera lanzado al ruedo.
Se sustentaba en el hecho de la penetración de los capitales afines, cuya entrada fue franqueada a más no poder en su momento por el presidente Fox y la presencia en el equipo de campaña panista de un fuerte contingente de publicistas españoles especialmente adiestrados en aniquilar la buena imagen pública de los políticos contrarios.
La carambola fue fácil: el gobierno federal le promovió suculentos contratos al tal Hildebrando Zavala y, con las pingües utilidades obtenidas, se patrocinaron los servicios “para cuestiones de imagen” o detractores de Ostos & Solà, una empresa adherida al Partido Popular Español, cuya función es precisamente la de desacreditar a sus enemigos.
Ostos & Solà es precisamente quien ha montado toda la campaña de desprestigio del actual presidente del gobierno español, don José Luis Rodríguez Zapatero.
Una de las partes de dicha empresa lo es Gloria Ostos, reconocida activista de derecha y muy buena para organizar manifestaciones con tal tendencia.
La otra, es un émulo y seguidor de aquel famoso Joseph Paul Goebbels, director de la propaganda nazi, de nombre Antonio J. Solà Reche. Se trata de un individuo sumamente hábil, brillante y talentoso —varias veces bien recibido en la Universidad Iberoamericana— que consiguió desprestigiar la imagen de Andrés Manuel López Obrador, al extremo de rebajar lo que parecía una arrolladora preferencia de los mexicanos y dejar el sufragio en su favor unas cuantas décimas por debajo del de Felipe Calderón.
No son buenos amigos para nuestro gobierno y si lo hecho, hecho está, convendría al menos que ahora evitaran que siguieran metiendo las narices en nuestros asuntos.















