martes, marzo 16, 2010

Proscpectiva del General

Cárdenas: La Revolución

permanente en el "alma

mexicana"



Nietzsche Aristófanes (@NietzscheAristo)

16 de Marzo, 2010 - 08:22

El 19 de abril de 1943 el Gral. Lázaro Cárdenas apuntaba: Las causas nobles se imponen siempre sobre la inmoralidad de los hombres. Las lacras humanas obstaculizan, pero no detienen ni menos matan el espíritu que anima a los pueblos en su afán de elevarse… La Revolución no muere: le dan vida la inmoralidad, los privilegios, el abuso del poder. Los ricos la temen, pero es amiga de los pueblos que arrastran la miseria y la ignorancia.

Antes, el 23 de febrero de 1941 había escrito: La verdadera fuerza de la Revolución no radica, por cierto, en la estabilidad de su legislación, que puede ser modificada por los gobiernos. Radica esencialmente en la conciencia de las multitudes por la injusticia y abusos cometidos contra el débil y por la desigualdad económica en que se desarrolla el actual régimen social, que mantiene en la miseria a una gran parte de nuestro pueblo. Por esto es que en el alma mexicana la Revolución es permanente.

No obstante, estos textos (publicados por la UNAM en la Obra del General como Apuntes), podrían haberse expresado hoy sin requerir actualización alguna. Lázaro Cárdenas había dejado ya la presidencia y se dedicaba a observar y a registrar sus reflexiones. “Cuidaba” también, desde su estatura ética, de que el programa social de la Revolución no se desviara. Él había desplegado al máximo las posibilidades de un gobierno surgido de la Revolución: reparto de tierras, servicios de salud, educación laica y gratuita y, sobre todo, la nacionalización de la industria petrolera en contra de la oposición interna y externa. Cárdenas se apoyó en “el impulso del sentimiento nacional” para lograrlo. De allí que su condición de ex presidente revolucionario le brindara esa cualidad de referente, guía y rectificador de las políticas seguidas en el país. Y para beneficio nuestro, apuntaba minuciosamente el desarrollo del mismo. Así, cuando no estuvo de acuerdo con las políticas de determinado gobierno, lo registra. Pero se cuida de no expresarlo públicamente porque creía firmemente en que un ex mandatario debía permanecer callado y dejar marchar al gobierno en turno. Por un tiempo parecía que su gesto bastaba para que los otros rectificaran. Pese a ello, ya en los sesentas mostraba su disgusto con el gobierno de su partido. El distanciamiento de éste respecto al programa revolucionario era evidente. Por ello apoyó un movimiento nacional de izquierda que pretendía velar por el mandato de la Constitución, que se oponía al imperialismo y a la creciente derechización del gobierno. Así lo valoró entonces Daniel Cosía Villegas (Ensayos y Notas II/Edit. Hermes). Advertía la crisis y la posible ruptura de “la familia revolucionaria”. Veía en Cárdenas el adalid de una oposición genuina a los desvíos de la Revolución y aún más, al posible líder de una izquierda inteligente y honesta. Y es que el General siempre fue defensor de los ideales sociales de la Revolución. Fielmente procuró que se respetaran sus principios rectores y no dejaba de señalar: “Ya olvidaron que la Revolución tenía entonces una deuda con el pueblo y más olvidan que la tiene a la fecha”. En sus apuntes hace la crítica de sus detractores y de los Generales ex presidentes que son más amigos del capital que de la obra revolucionaria, como en el caso de Abelardo Rodríguez y Pascual Ortiz Rubio.

El General decidió no segar de cuajo al PRI y escindirlo entre la izquierda y la derecha cuando pudo haberlo hecho y quizá ameritaba hacerse. Pero algún tipo de lealtad histórica lo habría atado y se conformó con sólo tratar de reencauzar el rumbo. Finalmente, la obra social de la Revolución se desvió definitivamente. Antes de morir él confió, quizá soñó, conque la herencia de su obra y apellido sería de tal respeto que bastaría como para que su hijo enarbolara los mismos principios por los que él había luchado hasta la muerte. Se equivocó. Hoy vemos el derrotero que ha seguido el desviado Estado mexicano bajo la acción corruptora del prianismo, que ha significado la expresión climática de lo más oscuro del poder público de las últimas décadas. También hemos atestiguado los más abyectos coqueteos entre la derecha (enemiga histórica de Cárdenas y de México) y el hijo del General. Este aberrante y trágico ayuntamiento, que si no fuese tan grave tal vez pudiera considerarse tragicómico, lo que proyecta es garantizar la continuidad del actual régimen en nombre del “diálogo político” y la democracia de papel.

El legado de Cárdenas y el de otros mexicanos insignes que han construido lo mejor de la historia del país tiene hoy su expresión en el movimiento de resistencia pacífica que se ha librado desde el fraude electoral del 2006. El aliento de una visión de México que se opone a la derechización extrema del país, que se opone a que continúe el corrupto sistema de simulación y privilegios que infecta la nación y a las instituciones. Que se opone a la democracia de papel que impera; de papel fraudulento, por si no fuera suficiente.

¿Habrá hoy los hombres que conduzcan este movimiento a la construcción de un verdadero país para todos, sin privilegios, sin corrupción, sin simulaciones y sin abusos de poder? Mucha gente está dispuesta a construir un camino. Mexicanos con el anhelo de la Revolución Pacífica instalado en el espíritu. De allí la importancia del movimiento que Andrés Manuel López Obrador encabeza. El movimiento donde debieran converger hoy las voluntades de los mexicanos que aún creen en ideales e imaginan un México para todos.

Y para concluir, un texto más de Lázaro Cárdenas, refiriéndose a los traidores y al cinismo de muchos hombres de la Revolución: “…hombres que no resistieron la tentación de la riqueza, claudicaron de sus principios, perdieron la vergüenza y se volvieron cínicos.” (22 de febrero de 1941). A la medida de quienes hoy continúan renunciado a sí mismos.

16 de marzo de 2010




Calderón, sometido a Salinas
Carlos Salinas de Gortari, expresidente.

Álvaro Delgado


MEXICO, DF, 15 de marzo (apro).- El 3 de agosto del año pasado, un mes después de las elecciones, se escribió en este espacio: “Entre impotentes y resignados, los propios panistas asumen que, en menos de tres años, el gobierno de Felipe Calderón está exhausto, rendido, agonizante y aceptan que, después de la catástrofe electoral del 5 de julio, la capitulación menos costosa es ante el Partido Revolucionario Institucional (PRI) porque lo contrario implica una ignominiosa caída en medio de un país que él ha destazado.

“Por eso reaparece, exultante, Carlos Salinas. Para asumir el control. No sólo del PRI, que ya lo tiene, pese a los pataleos de Beatriz Paredes. También la conducción real del PAN.

“Salinas es ya el administrador del poder en México. Y el gran elector en ambos partidos: En el PRI, Enrique Peña Nieto, al que ya se le cree escriturada la Presidencia de la República, y cualquiera en el PAN, que al fin será sólo comparsa: Juan Manuel Oliva, Ernesto Cordero o, como se perfila, Alonso Lujambio Irazábal, un ‘peñanietito’ cualquiera.

“Las cosas, pues, se van acomodando.

“Y por eso hay que darle la bienvenida a Carlos Salinas, quien públicamente se coloca como el jefe de jefes del entramado de intereses al que Calderón no sólo ya no es funcional, sino estorboso.

“Después de aisladas apariciones, para ir dejando atrás el exilio al que lo obligó el repudio popular --que no ha amainado--, Salinas irrumpe para salvar el resto del sexenio de Calderón, que será ‘presidente’ sólo formalmente y para efectos de desahogar, legalmente, la agenda legislativa que orquestará el nuevo gerente de las elites.

“¿Qué agenda? Por supuesto una que no será en beneficio de la mayoría de los mexicanos, sino del grupo depredador que está instalado en el poder desde 1982 y del que Salinas ha sido, desde entonces, personaje central, particularmente después del fraude de 1988 y el cogobierno que estableció con el PAN para ‘legitimarse en el ejercicio del poder’.

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